miércoles, 24 de mayo de 2017

ADIEU MONSIEUR RAFAEL CORREA


UN PAIS MOLDEADO POR EL EGO DE UN PRESIDENTE

A los 27 días de iniciado el gobierno de Rafael Correa, emitió un decreto por el cual ordenaba que todos los presidentes a partir de él no debían quedarse con la banda presidencial sino que tenían devolverla para que sea utilizada por los presidentes subsiguientes, pues “constituye una forma de presentación de la Bandera Nacional del Ecuador y es el emblema del Poder Ejecutivo” y de que “no se deberá elaborar una nueva banda presidencial para los ulteriores presidentes”. Esto, en lo simbólico representaba la capacidad de un individuo para no aferrarse al poder y de entender que la democracia es la alternabilidad, como asimismo, que las personas son pasajeras en las funciones y que lo que quedaba son los imaginarios que se formen por la labor realizada.
Pero este simbolismo que venía del recién posesionado como presidente y de su capacidad de soltarse del poder, se vio cambiado a los 21 días de terminación de su gobierno por un nuevo decreto en el que deroga el anterior, lo que nos una clara dimensión –entre otras- de lo que sucedió en estos 10 años de correismo. Además, deja haciéndose un museo con el cual quiere perennizarse de alguna forma en el poder, pues lo que más le preocupa es cómo le calificará la historia. Para ello, buscará que sus adláteres le rindan honores de gran estadista. En definitiva, todo esto no hace más que confirmar el carácter y distintivo de él, y de lo que fue su gobierno: “el poder del egocentrismo”.
Aquel joven Presidente que llegó despojado del poder y con el ímpetu de guiar grandes cambios duró muy poco, pues al poco tiempo ya no era quien luchaba contra el poder sino que se convirtió en el poder, era el poder en sí mismo, y lo defendía a muerte con quien osara enfrentar su poder. Ahí, ya se acabó el revolucionario que aparentaba ser y salió el verdadero: el caudillo del siglo XXI. Alguien que se reclama de Izquierda lucha contra el poder personal, estando fuera y al interior de él, pues sabe que el poder le pertenece al pueblo y se esfuerza por ampliarlo para que sea él quien tome directamente las decisiones sobre su destino. Pero sucedió todo lo contrario, se envaneció con el poder hasta llegar a creerse que “ya no era él sino todo un pueblo”.
En uno de sus últimos enlaces semanales señaló de que se le hacía un nudo en la garganta porque ya no podría seguir sirviendo al pueblo. Esto bien leído quiere decir, que se le hacía nudo en su poder porque ya no podrá servirse de él. Frase ésta que no hace más que confirmar su egolatría reinante, por lo que fue frecuentemente criticado (“el excelentísimo”). De ahí que intentaba convencer a todos y repetía la frase de que “tengan la seguridad que mi tesoro no es el poder, sino el servicio, servir a mi pueblo, sobre todo”. Siendo ese ahora su mayor problema, de que ya no tiene el tesoro de servirse del poder para servir a su ego. Por cierto, las sabatinas se organizaban de acuerdo a cómo había sido herido su ego durante la semana: lo que se había dicho de él, lo que se había criticado de él, lo que se habían olvidado u omitido de decir sobre él. Todo alrededor de él.
Su ambición por el poder le llevó a luchar denodadamente por concentrar todos los poderes  del Estado en él, logrando aupar a todas las funciones del Estado bajo su mandato. Tanto es así, que cuando había alguna función del Estado o existía un personaje que no comulgaba con su autoridad, solía decir “tenemos todavía un infiltrado”, lo cual significaba que había que hacer todo lo necesario para sacarle y poner uno obediente a él. La potestad que debían ofrecerle tenía que ser incondicional, por lo que se rodeó solo de gente sumisa que estaba lista para cumplir sus deseos, sin que nadie le contradiga pues él era el pueblo y sabía lo que éste necesitaba.
Para Correa era un absurdo el principio indígena de “mandar obedeciendo”, pues entendía el poder como un “mandar mandando”, en la que todos debían hacer lo que manda su investidura. Por ejemplo, anotemos uno de los últimos episodios y que fue una constante durante su gobierno: Ventanas, es una pequeña población costera a la que Correa asistió a inaugurar un hospital, pero fue recibido entre gritos por la falta de medicinas en el Hospital. La gente enardecida gritaba "queremos medicinas"; ante lo cual tomó un megáfono y desde un auto les dijo enfurecido que el Hospital "está viejito" y de que no se podía hacer todo nuevo, pero que el personal estaba completo, la farmacia equipada y el quirófano repotenciado. La gente comenzó a gritar "¡Mentira!", lo que enfureció más a Correa y amenazó con cerrar el hospital: "bueno compañeros, qué pena, es todo lo que les puedo ofrecer, si es tan malo lo cerramos, me avisan, me avisan para cerrarlo". A los pocos días en su enlace semanal, pidió a sus simpatizantes que reaccionen si existen reclamos al mandatario cuando realiza visitas en las distintas localidades del país. Haciendo otra furibunda advertencia: "a reaccionar, pueblo ecuatoriano, o tendré que dejar de hacer visitas en territorios. O controlan a estos majaderos o los controlo yo; y se va a armar la grande ahí, porque yo me haré respetar", sentenció, y obviamente sin dejar de culpar a la oposición de todos los reclamos que le podían hacer: "son infiltrados de la oposición".
Como vemos, la no entrega de la banda presidencial demuestra esa fusión con el poder, de cómo quiere seguir siendo poder, de que no puede vivir sin el poder. Se le notó claramente en sus últimos días, de cómo estaba sufriendo porque se le escapaba el poder, porque ya no podía seguir haciendo lo que le dictaba su ego, de que ya no podía seguir diciendo: “mientras yo sea presidente se hará lo que el pueblo decida”, es decir, él. Ese egocentrismo potencializado al máximo le llevó a minimizar a autoridades de altos organismos, embajadores, personalidades, artistas, etc., de quienes se refería como “embajadorcillos”, “representantillos”, etc. El único dueño de la verdad era él, porque él era el poder, y el poder estaba en su designio. De ahí, que Moreno ahora habla de diálogo y concertación.
El “nuevo” Ecuador, su partido político, los triunfos electorales de Alianza País, etc., se lo debían a él, si no fuera por él no habría el gran y poderoso partido, ni las autoridades elegidas hubieran ganado. Todos los logros le pertenecen a él, a nadie más. Sin él no habría nada y no habría cambiado el Ecuador, según su discurso maquiavélico.
De esta manera, Correa ha pasado a formar parte de la lista de aquellos presidentes autócratas y tiránicos que desterraron y/o resquebrajaron, directa e indirectamente, a muchos intelectuales, periodistas, académicos, políticos, etc., que fueron perseguidos por su poder, por haberse atrevido a cuestionar y desafiar su poder. Muchos han pasado a engrosar la lista de personajes -como Juan Montalvo- que tuvieron que huir del poder. Pero no solo se enfrentó a personas de ciertas condiciones intelectuales –por decir de alguna manera- sino que lo hizo directa y personalmente hasta con adolescentes, viejos, mujeres, discapacitados, indígenas, sacerdotes, y todos quienes no tenían ningún poder especial sino tan solo el de su dignidad y rebeldía.
El poder de confrontación se volvió en él un “reflejo condicionado”, como lo dijo su propio compañero y ahora presidente Lenin Moreno, de que una persona cuando ya no puede dejar un tipo de comportamiento es porque ya lo ha vuelto algo intrínseco o inmanente. Es decir, ya no es el mismo sino que ha pasado a ser la confrontación, por lo que éste se vuelve su signo y estilo de vida. Moreno lo conoce bien y sabe de lo que está hablando, siendo el único en su Partido -que dada su nueva condición- se pudo atrever a decir algo así. Seguramente no lo dice por afectarle sino para hacerle reflexionar y ayudarle de esa manera, pero Correa debe haberlo sentido como una traición y habrá hecho los “ajustes” necesarios, pues Moreno salió luego a decir que la confrontación fue necesaria en una época porque así lo demandaba las circunstancias del momento.
Le duele tanto dejar el poder, que en sus últimos días de gobierno se quejaba de que los mandos medios ya no le hacían caso porque sabían que ya se iba. En estas palabras refleja su ambición y codicia por el poder, y que se ejemplifica en su retractación a dejar la banda presidencial y en darse un año prorrogables de custodia por las fuerzas públicas para toda su familia en cualquier parte del mundo, obviamente con plata del pueblo ecuatoriano. Seguramente así sentirá de alguna manera cerca del poder y podrá mandar por un tiempo en la soledad del poder que le va acompañar.
Le vienen tiempos duros a un personaje de “reflejo condicionado”, que ya no tendrá todo un país a su servicio. Sabe muy bien que hay un inmenso pueblo que lo rechaza y hasta le aborrece. Muchos votaron contra Lasso y no a favor de Moreno, porque si hubiera habido otro contrincante seguro habría perdido. Su base segura es el 30% y de Moreno un 10%, pero el 60% está en su contra y por ello ganó con las justas en la segunda vuelta.
Su egocentrismo se reflejó en sus “obras emblemáticas”, pues así concebía el poder y lo que éste debía hacer. Sus obras elefantiásicas dan testimonio de sus concepciones y de sus prioridades. Tal como otros poderosos en la historia mundial, que magnificaron su poder construyendo grandes obras arquitectónicas. Una mentalidad así, ve la vida como grandes elefantes y hace obras en la dimensión de su ego. Un presidente sabio y humilde, no hubiera cerrado 18.000 escuelas comunitarias para construir 70 elefantes blancos sino que habría destinado esos recursos para potencializar a esas escuelas alter-nativas. No habría destinado 250 millones de dólares y 300.000 dólares mensuales para la mantención de un inmenso edificio para la burocracia -a más de estéticamente horripilante y mal construido- sino que los habría destinado a seguir inyectando recursos para cambiar la matriz productiva que habría empezado hace 10 años. No habría destinado 40 millones para construir un esperpéntico edificio de la UNASUR y un parque aledaño de 4 millones, sino que los habría utilizado para hacer una revolución agraria. Esto para dar unos últimos ejemplos de su gestión y de las dimensiones del ego.
Claro que algunas de las obras que ha realizado eran necesarias, pero primero es lo primero, o, acaso ahora la gente va a comer sus lindas carreteras, hidroeléctricas, aereopuertos, edificios. Carreteras del primer y segundo mundo, mientras los caminos aledaños siguen siendo del tercer y cuarto mundo. Otro presidente las habría hecho equitativamente, para que hayan caminos decentes para todos y no para unos cuantos privilegiados que pueden usarlas, y que más que todo les sirven para hacer sus grandes negocios.
Se jacta de su supuesto gran logro económico, pero sus vecinos de Perú y Colombia con gobiernos abiertamente liberales han disminuido más la pobreza que el gobierno de izquierda de Rafael Correa, y crecerán el triple en este año. Correa se ha quedado aplazado en comparación con sus vecinos, en casi todo han sido mejores o iguales. Siendo esta la prueba de que no hubo ninguna revolución sino una modernización del capitalismo, de que no se alteró al sistema de acumulación del capital sino que más bien se lo fortaleció. Tal como lo dijo el mismo en el enlace 431: “Nunca antes los empresarios han ganado tanto como en este gobierno”. La “década ganada” fue principalmente para ellos y para los “nuevos ricos” que se adjudicaron sus contratos y sobreprecios.
Cuántos recursos manejo este gobierno en estos 10 años? Según el gobierno 190 mil millones, según la oposición más de 500 mil millones, sea cual sea la cantidad, un dinero que jamás lo tuvo gobierno alguno. A dónde fueron a parar todos estos recursos. A muchos empresarios nacionales y transnacionales que hicieron las “obras emblemáticas”. Muchas de las cuales ahora son inservibles o inútiles o subutilizados como la refinería del Aromo o los aeropuertos. Y la otra parte a aumentar la dependencia de los pobres, a través del bono y de los servicios de salud y educación. Otro presidente, se habría dedicado a cambiar las relaciones de acumulación para que el pueblo tenga los recursos para darse su propia educación y salud, y no tenga que esperar la caridad del Estado ni de nadie. Hoy tiene más centros pero tiene que seguir humillándose al levantarse enfermo a la madrugada para coger el turno, pero, si así no tuviera que hacerlo la mayor humillación es seguir siendo dependiente. Esa es la mayor pobreza, que la Izquierda paternalista no acaba de entender que el cambio y el “poder popular” solo será posible cuando no dependa ni de lo privado ni lo estatal sino de sí mismo en forma comunitaria. Lo que ha hecho este gobierno egocéntrico es ampliar la dependencia para que hayan más esclavos que estén extendiendo la mano. Correa habrá disminuido la pobreza y extrema-pobreza, pero ha aumentado considerablemente la dependencia con un pueblo que no puede valerse por sí mismo sino que depende de las burocracias.
Todo esto obedece a su visión emblematista, que cree que se transforma algo haciendo grandes elefantes a los que acuden siervos pidiendo una dádiva. Que diferente hubiera sido que se motive y apoye la construcción de miles de centros comunitarios de producción en las que el pueblo organizado sea su propio dueño y pueda darse su propia educación y salud, eso sería realmente revolucionario. Con unos pocos hospitales del Estado para casos graves y costosos, pero la mayoría creado por el pueblo para que sea el autor y actor de sus transformaciones. Y así en todos los ámbitos productivos y sociales, para que realmente el “poder social” esté en el pueblo y no en la majestad de un solo individuo.
Que placer habrá sentido de decir: hágase esto, créese aquello, muévase acá, termínese eso; pero lo que jamás disfruto fue decir: entrego esto a las comunidades organizadas para que se hagan cargo de esto, entrego este poder a la sociedad civil para que tomen las decisiones que todos quieran. Por el contrario, piramidalizó todo en su ego, él estaba solitario en la punta de la pirámide y todo el país en los escaños inferiores. Pero ahora resulta que ya no está en la cúspide máxima y a pesar de que seguirá arriba, va a seguir intentando mandar o influenciar a través de distintos personajes, para que en última instancia se sigan haciendo sus caprichos. Siendo eso es lo que vamos a ver, si Moreno puede poner su impronta o si Correa seguirá en el poder a pesar de todo.


domingo, 7 de mayo de 2017

LO CONTRA-SISTEMA Y LO ANTI-SISTEMA


Tanto Derechas como Izquierdas aspiran a integrarse al primer mundo, al que consideran el modelo, referente y meta para todos los pueblos del mundo. Sin embargo, no todos han caído en esta tentación, incluso el mayor rechazo se da al interior del mismo primer mundo, por aquellos que están decepcionados y desencantados de tanta artificialidad y frivolidad. Y que por el contrario, han comenzado a posar sus ojos en los “pueblos primeros” del denominado tercer y cuarto mundo, en quienes ven una alter-nativa ante su mundo consumista y anoréxico.
Ahí están ecologistas, ambientalistas, espirituales del nuevo tiempo, terapeutas holísticos, artistas de la nueva era, bio-constructores, defensores de los animales, vegetarianos, veganos, gestores del hábitat, economistas de la restitución, comerciantes “equitables”, etc. Todos los cuales se inspiran en las “primeras naciones” para enarbolar nuevos principios y/o recuperar antiguos[1] acoplándolos a los nuevos tiempos y a las nuevas tecnologías.
Han comprendido que la situación del cambio climático es apremiante pues, ya no solo se trata de acabar con la pobreza -como plantea la Izquierda-, sino principalmente de una acción contra la concentración y la acumulación de la riqueza que en su gran mayoría depreda y contamina. Lo que implica cambiar las nociones de pobreza y de riqueza, para comprender que la más grande pobreza es la que destruye la naturaleza no-humana, es decir, la vida.
Esto significa comprender que el asunto central no está en la economía o la materialidad, sino en el tipo de relación que se tiene con la naturaleza no-humana. Ahí es donde se juega el futuro de la humanidad, entre una relación mercantil y cosificadora, y por otro, una relación vital, integral, armónica. Cuando cambie esta conciencia o filosofía de vida, cambiará la economía, la política, la salud, la administración, etc. Y no al revés, creyendo que el problema es económico y que al resolver aquello se resolverá todo lo demás. Esa fue la razón de la derrota y del fracaso del “socialismo real”, pero la Izquierda sigue sin comprenderlo, especialmente los “socialistas del siglo 21”.
O como dice Ramón Grosfoguel[2]: “… en los paradigmas de la economía política se asume que lo más importante es el tema del sistema interestatal global y la división internacional del trabajo, articulado ambos a la acumulación de capital a escala global y se asume que si se resuelve eso pues se resuelve lo demás. El problema es que ese es el paradigma que se usó en el socialismo del siglo XX y fracasó. Fracasó porque el problema es que no estamos hablando de un sistema económico, es decir, no vivimos en un sistema económico, vivimos en una civilización que tiene como uno de sus componentes un sistema económico, pero ese sistema económico está atravesado por una multiplicidad de jerarquías de poder que no se agotan en la economía. (..). El problema con el socialismo del siglo XX es que entendía que resolviendo lo económico se resolvía lo demás y el problema es que no solamente no resolvieron lo demás sino que no resolvieron lo económico, porque si tú te organizas o luchas contra el capital reproduciendo racismo, sexismo, eurocentrismo, cristianocentrismo, cartesianismo y todos los problemas de esta civilización, se termina corrompiendo la lucha contra el capital que fue lo que pasó con el socialismo del siglo XX que terminó siendo capitalismo de Estado e incluso la construcción de un imperio, en este caso del imperio soviético, que practica un imperialismo hacia su periferia y terminó corrompiéndose en un capitalismo de Estado que termino al final con los obreros levantándose contra el supuesto Estado obrero. (…) Yo rehúso seguir hablando de “capitalismo global”, “sistema-mundo capitalista” o “modo de producción capitalista”. Esto nos remite a la lógica economicista de que el problema sistémico es uno económico fundamentalmente.”
Para la Indianidad no se trata de primero de luchar por la “toma del poder” para desde ahí acabar con la pobreza, sino de ir replanteando la conciencia y relación con la naturaleza no-humana, y a la par ir reconstruyendo un nuevo/antiguo sistema desde las bases y en la vida cotidiana (ecoaldeas). Acciones para disputar políticamente los espacios de máxima dirección del Estado y de la sociedad a través de cuestionar al pensamiento oficial, pero principalmente de ir generando nuevas formas y estilos de vida para que actúen como referentes y ejemplos de que si es posible un nuevo mundo.
En ese ámbito, son fundamentales las formas ancestrales comunitarias o aldeanas, como las nuevas que van emergiendo en forma de cooperativas, asociaciones, colectivos. Nos referimos a aquellas organizaciones dentro de una matriz alternativa y holística (ecoaldeas), y no las que reproducen lo mismo a través del “capitalismo verde” (comunidades cristianas, kibutz, etc.).
De otra parte, las denominadas economías populares (antes llamadas informales) que son modelos no-capitalistas o que su interés máximo no es la rentabilidad ni la excelencia del capital, van poco a poco siendo sido formalizadas a pretexto de eficiencia empresarial. Esa la táctica de la Derecha, y la ingenuidad de la Izquierda que no se da cuenta que la cooptación o asimilación es la forma moderna de integración al sistema oficial, para así evitar que sean espacios de ejercicio de otro estilo de acción económica y por ende de pensamiento y de vida.
Cuando lo que hay que hacer es cambiar las lógicas que han sido hechas por el paradigma del capital empresarial y que niega la existencia de otras formas económicas, de organización, de acción social, y finalmente de modo de vida. En este camino se inscribe lo que ahora llaman los gobiernos “progresistas” como “economía popular y solidaria”, pero que a la final entran en la dinámica del capitalismo como pequeños emprendimientos, todo lo cual afianza el capitalismo antes que lo disminuye. En vez de fortalecer las formas de economía natural de las naciones primeras, lo que se hace es formalizarlas en la economía global. Se integran a la economía capitalista, con lo cual cambian su concepción y sentido de la vida, y de esa manera desaparecen sus formas propias. Éste el neocolonialismo, empujado ahora también por la Izquierda occidentalizada.
Entonces, no solo se trata de luchar por otro sistema que elimine las clases sociales y cambie la propiedad sobre los medios de producción, sino que ésta será posible si se elimina la visión utilitarista de la naturaleza y cosificadora de la vida. Saliendo de una relación instrumental y usufructuaria[3], por una relación de reciprocidad y de organicidad biótica será efectivo y real el cambio. Seguir en la misma actitud, a pretexto de pobreza o de disminución de la brecha entre ricos y pobres, solo logrará afianzar a la economía capitalista y a la civilización antropocéntrica o contra natura, que tendrán más mano de obra calificada y un mayor consumo.  
Esto implica actuar en varios frentes. Por un lado, en una acción “contra-sistema” o al interior de lo oficial a un nivel político-económico reivindicativo, y como “anti-sistema” o fuera del Estado a través de una reapropiación de territorios y de naturalización de formas aldeanas de vida. Para que ello sea posible, hay que ir recreando pequeños gobiernos, tanto en las ecoaldeas modernas como en las antiguas de las “naciones primeras”, para que se conviertan de alguna manera en pequeños Estados dentro del Gran Estado.
Por tanto, la disputa principal no está en los congresos, alcaldías y demás instituciones de la democracia occidental, aunque es necesario hacerla. Lo fundamental es fomentar e impulsar formas de organización asociativa, consolidando a las ya existentes e impulsando nuevas especialmente para la gente urbana. Reconstruyendo la vida común y corriente, lo demás viene por añadidura, es decir, de “abajo hacia arriba”. Éste el principio fundamental que debe guiar y que hay que aplicárselo a todo: cómo actuar de abajo hacia arriba. El mayor esfuerzo, dedicación, tiempo, recursos, debe estar destinado a este propósito de construcción del “poder social”, pues ahora se lo destina exclusivamente a lo reivindicativo o electoral que no ha dado mayores resultados.
Ahí es donde se deben ir gestando los embriones de la nueva humanidad, para de esta manera se cumplan los propósitos de recrear la “nueva sociedad”. Mientras esto no comprenda la Izquierda y parte del “movimiento indígena”, no pasará nada profundo como hasta ahora. Esto quiere decir, que lo primero que hay que hacer es resolverlo en la vida privada o personal de cada uno, para luego impulsarlo a nivel macro. En los discursos se habla de sostenibilidad pero se sigue viviendo como pequeño-burgueses. Así, lo único es que se seguirá soñando con una revolución etérea sin que se pueda hacerla efectiva en la vida diaria. Sin ser capaces de vivir el “nuevo mundo”, para que la palabra salga de la vivencia propia y no de las teorías del “hombre nuevo”. La revolución es aquí y ahora, en la vida diaria y concreta, lo demás es pura masturbación mental. La Izquierda no se cansa de masturbarse, sin que puedan vivir aquí y ahora el mundo que desean y promulgan. Pasan su vida luchando por la “patria nueva”, y se mueren gritando como machos alfa “socialismo o muerte”, sin que hayan llegado a conocer y vivir el “nuevo sistema” en su casa y con su familia.
Por ello, el fracaso de los socialistas del siglo 20 y 21 que llegaron al poder y no supieron cómo construir la “nueva sociedad”. Empezaron a improvisar y a experimentar, lo que les llevó a que sean absorbidos por la civilización y la economía capitalista, construyendo un capitalismo de Estado o modernizando el capitalismo, nada más. Quién no vive como predica, solo tiene la capacidad de criticar lo viejo y es incapaz de crear algo nuevo, por lo que a la final se hunde junto con lo caduco y obsoleto que dice que quiere cambiar.




[1] “Los pueblos andinos que desde hace tres décadas han invadido las universidades regionales del Ande en un gran esfuerzo de ‘reconquistar el espacio cultural’, perdido en el proceso de colonización, han demostrado mediante estudios e investigaciones como de PRATEC en Perú, que efectivamente existe una tecnología andina, una tecnología sui géneris, una tecnología basada en el discurso del pensamiento seminal, como dijera Rodolfo Kusch, una tecnología bi-dimensional empírico simbólica, una tecnología que apoyada en sus rituales de producción fue capaz de hacer producir el Ande más y mejor que la tecnología racional-científica, alógena. Este auto-descubrimiento de los investigadores indígenas andinos sólo fue posible por la crítica radical al método académico con que antropólogos clásicos desesperadamente trataban comprobar la exclusiva cientificidad de sus monografías. J. Van Kessel, Dos conferencias en Antropología Andina, IECTA – CIDSA, Iquique-Puno 1997.
[2] Entrevista Periódico Diagonal, 1-4-2013
[3] “Durante el tiempo de reforma a través de ciudadanización no se ha transformado el modo de relación con la naturaleza generado por la emergencia del capitalismo, que es parte de la cultura moderna. Esto consiste en concebir una separación entre sociedad y naturaleza y pensar el desarrollo como la generación de capacidades y conocimientos que permitan el dominio de la naturaleza, en particular orientada a un aumento de las ganancias. La principal alternativa global al capitalismo, que fue el socialismo, tampoco implicó una revisión del modo industrialista e instrumental de relación con la naturaleza. El socialismo fue también un modo de desarrollo moderno.” Luis Tapia, El tiempo histórico del desarrollo en el libro Alternativas al capitalismo colonialismo del siglo XXI

miércoles, 19 de abril de 2017

LA BURGUESIA DE IZQUIERDA


Por más de 100 años se enfrentaron conservadores y liberales, incluso llegando a extremos de matarse mutuamente, pero a medida que se fue consolidando el capitalismo las diferencias fueron disminuyendo hasta casi desaparecer, manteniéndose actualmente ciertas diferencias pero que no son estructurales. Hoy prácticamente conviven en colaboración mutua y se reparten el poder de acuerdo a las circunstancias, y se unen férreamente cuando está en peligro su posición dominante o privilegiada.
Los conservadores fueron absorbidos por los liberales, o el liberalismo logró ganar la disputa y procedió a introducir a los conservadores dentro de su paraguas, habiendo actualmente los liberales conservadores o neoliberales y los liberales propiamente dichos. Dicho de otra forma, la extrema derecha que propugna lo que algunos han denominado el “capitalismo salvaje” y la derecha o centro-derecha que promueve un “capitalismo verde”. Ambos representan a la burguesía, una burguesía conservadora y una burguesía liberal, una burguesía aristocrática y una burguesía emergente, que se disputan el poder pero que no dudan en aliarse cuando se trata de enfrentarse a sus detractores. De tanto en tanto se confrontan por obtener la mayor y mejor parte de la torta, pero cuando les quieren quitar son uno solo. Día a día van acortándose las diferencias y se van imbricando en una sola especie, las viejas generaciones son más conservadoras pero las nuevas ya son liberales plenas.
En el caso de los EEUU, hasta los años 70 habían distancias entre el partido demócrata que representaba a los sindicatos y el partido republicano a las élites económicas. Pero la burguesía liberal que no se sentía muy cómoda en el partido republicano vio como opción el partido demócrata, por lo que se fueron introduciendo paulatinamente hasta tomárselo plenamente desde el gobierno de Bill Clinton. Ahora ambos partidos pertenecen plenamente a la burguesía, a la burguesía liberal y a la conservadora, que se turnan en el poder y cuyo propósito es mantener el sistema. Las élites apoyan a los candidatos de ambos partidos, así cualquiera gane se aseguran de tener ventajas. Bernie Sanders es uno de los últimos remanentes del antiguo partido demócrata que estaba más cerca de la clase media y de los trabajadores, pero a la final ganó la derecha liberal a través de Hillary Clinton. El partido demócrata es cada vez más asimilado por la derecha y prácticamente ya no hay diferencia, tan solo la de presentar el juego del bipartidismo para hablar de democracia, para que haya cierta alternabilidad y se haga más interesante la lucha entre los grupos de poder.
En 1989 con la desaparición de la Unión Soviética, la izquierda sufrió un gran golpe que llevó a la reflexión y el análisis de lo sucedido. Se cuestionaron algunas concepciones y prácticas, lo que generó varias posiciones y tendencias. En un extremo, quienes se afirmaron en la ortodoxia marxista-leninista y que terminó culpando al imperialismo por su derrota y no a causas o errores propios. Y en el otro extremo, quienes cuestionaron una serie de tesis como de dogmáticas, sectarias, dictatoriales y burocráticas, pero se siguieron ubicando en la izquierda. En este abanico de la izquierda actual, el resultado es la aparición de múltiples izquierdas a las que podríamos enmarcar desde una izquierda incambiable hasta una izquierda en que a nombre de cambio ha borrado toda la visión de la antigua izquierda y tan solo mantiene el nombre.
Esta última izquierda ha procedido a hacer un vaciamiento aprovechando de la situación caótica y de reflujo para proceder a resignificarla. Ha hecho una resignificación bajo el nombre de “nueva izquierda” o “izquierda moderna”, de tal manera que no se asusten algunos sectores. Procediendo a incorporar o asimilar una serie de categorías del liberalismo y hasta del conservadurismo, para hacer una amalgama en la que lo central ya no es el marxismo o el materialismo dialéctico, sino que es un añadido más entre otros.
Si bien era cierto que había que desmitificar el marxismo-leninismo y de rencauzar la izquierda a otros planos y niveles, pero lo que ha hecho esta “nueva izquierda” es sacarla de su esencia revolucionaria y transgresora para convertirla en reformista, etapista, coyunturalista, populista. En otras palabras, una serie de concepciones burguesas han sido adoptadas por esta autodenominada izquierda, haciéndole perder su carácter rebelde y alternativo. Esto se refleja en sus actitudes pro-extractivistas, modernizadoras del estado burgués, desarrollo del capitalismo financiero, acomodo a los índices del capitalismo global, aceptación de las tesis globalizadoras, y todo cuanto permita entrar a la modernidad plena, en la idea de que son los pasos previos para llegar al socialismo.
Tanto es así, que muchos sectores de la burguesía han entrado a sus filas, votan por ellos, y quieren que se mantengan en el poder, pues saben que ya no representan un peligro para sus intereses, todo lo contrario, han demostrado ser más eficaces que los capitalistas salvajes o neoliberales, puesto que han hecho del estado un gran instrumento de traslación de recursos. Si antes las viejas izquierdas nacionalizaban y estatizaban empresas o creaban nuevas, la nueva izquierda se encarga de pasar los recursos a las viejas empresas capitalistas o a las nuevas empresas de su círculo. Hay una vieja burguesía nacional e internacional que han recibido los contratos de las grandes obras, y ha brotado una nueva burguesía que ha sido beneficiada con transacciones medianas y pequeñas. Esta burguesía boyante es la más interesada en que se mantengan los gobiernos “progresistas”, pues quieren seguir firmando más convenios con el Estado para seguir enriqueciéndose y luego estar en condiciones de disputarse con la gran burguesía o la oligarquía.
En las últimas elecciones en el Ecuador una serie de “nuevos ricos” se mostraron abiertamente en favor del candidato oficialista Lenin Moreno. Bajo el membrete de “empresarios con responsabilidad social”, se distanciaron de la vieja burguesía para presentarse como modernos y con sentido social. Mientras la vieja derecha quería eliminar o bajar impuestos, la nueva burguesía estaba de acuerdo con los impuestos y con el argumento de que esos recursos eran necesarios para sostener la educación y la salud. Es decir, sostener al Estado dinamizador de la economía y de la que ellos son los principales beneficiarios. El caso más patético es del joven empresario Pablo Campana, yerno de una de las mujeres más ricas del Ecuador y perteneciente a la familia Noboa el grupo más poderoso. Y lo mismo podemos decir de los “boliburgueses” en Venezuela, o de la “burguesía aymará” en Bolivia, y así en Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Nicaragua, El Salvador, en donde gobierna esta “izquierda progresista”.
Todos ellos están de acuerdo con el estadocentrismo para que siga haciendo más obras y ellos sean sus adjudicatarios. Son una burguesía que se califica de izquierda, de una izquierda que ya no es estatista sino estado-puente, que ya no es creadora de empresas estatales o centralizadora de la economía en el Estado, sino que hace del Estado un intermediador para pasar los recursos a los viejos y nuevos ricos, en base a lo que acumula por vía de impuestos el pueblo que como último consumidor es el que realmente paga todo y además por la explotación inmisericorde de la naturaleza (ecocido) y del neococolonialismo de los pueblos primeros (etnocidio).
No fueron capaces de motivar y empoderar al pueblo organizándolo en cooperativas, asociaciones, comunidades, etc., para que se hagan cargo de las obras y hoy sean los que le estén disputando el mercado y los depósitos a la burguesía. Por ejemplo, en el gobierno de Rafael Correa los grupos financieros en sus 10 años de gobierno aumentaron en 150% sus ganancias, mucho más a lo que ganaron en el período anterior al de él. Apenas son 7 los grupos financieros que controlan el sistema financiero, pero si hubiera consolidado a las juntas y cooperativas de ahorro se hubiera desconcentrado la acumulación del capital y estaríamos en otras condiciones. Eso habría sido una verdadera política de izquierda, que estaría creando las condiciones para salir del capitalismo y no para afirmarlo.
En definitiva, el pensamiento burgués ha penetrado en la izquierda, a tal punto ya no hay gran diferencia entre la vieja derecha y la nueva izquierda, así como ya no la hay entre conservadores y liberales. Las distancias son tan solo al interior de la misma matriz, por lo que la izquierda ya no es la alteridad sino simplemente el otro lado del sistema dominante. Una izquierda que no pretende terminar con el capitalismo sino hacerle más “humano” o “popular”, pero para que parezca de izquierda dicen que el “capitalismo social” es el paso obligado para construir el socialismo, algo que será obra de las futuras generaciones, amén.
Una izquierda que puede ser conservadora a nivel familiar, liberal a nivel económico, feminista a nivel de mayor participación de género, ecologista a nivel de una producción verde, indigenista a nivel de folclorizar a los pueblos originarios, etc. Todo un hibridismo en la que pueden entrar todas las corrientes, y cuyo propósito es inmovilizar a los propios movimientos sociales. Es un otro caso de “extractivismo epistémico”, en el que se toma una serie de principios y axiomas de la alteridad para digerirlos en un nuevo paradigma y con ello despolitizarlos, desmoralizarlos y aniquilarlos. De esta manera han logrado quebrar algunas organizaciones, cooptarlas, o dividirlas. Lo que no pudo hacer la vieja derecha, lo ha podido hacer la burguesía flotante y lo más risible a nombre de la izquierda, de la revolución y del socialismo.
A este paso la izquierda del socialismo del siglo 21 se ha convertido en otro brazo que apuntala el sistema, son como el partido demócrata en los EEUU, o como el PSOE en España, que juegan a alternarse en el poder pero que no hacen cambios estructurales. Jugar al bipartidismo de derecha e izquierda, para desarmar a la izquierda radical y presentársela como extremista o fundamentalista. Hábilmente la burguesía se ha tomado la izquierda y el socialismo, incorporándolas a sus estrategias de perpetuación y dominio. La burguesía liberal en primer lugar se digirió a los conservadores y ahora lo ha hecho con una buena parte de la izquierda, el siguiente paso será hacerlo con todas las izquierdas a través de cooptarlas o de anularlas.
Hoy la alteridad viene de fuera de la izquierda, desde los movimientos de resistencia, los movimientos alternativos, los movimientos de transición, los movimientos autonomistas, etc. Todos los cuales no se sienten representados por la izquierda y que por otro lado cuestionan la dicotomía derecha/izquierda, que ahora resulta obsoleta y reaccionaria. La oposición ahora es entre lo alternativo y lo oficial, entre lo alterativo y lo estatuido, entre el centro y la periferia, entre lo eurocéntrico y la alteridad, entre la globalización y la diversidad, entre el antropocentrismo y el vitalismo, entre la civilización y la transcivilización. Ahí es donde se juegan los dos sistemas-mundos, y la posibilidad de cambios profundos y totales, o la desaparición de la especie humana por efecto del cambio climático.


sábado, 8 de abril de 2017

FRAUDE A NOMBRE DE LA REVOLUCION


Recuerdo cuando estudiaba derecho en la Universidad Central del Ecuador y militaba en una de las facciones de la izquierda, como “a nombre de la revolución” se hacían fraudes en las elecciones estudiantiles o de profesores, se golpeaba a los falsos revolucionarios, se amenazaba a las autoridades con destituirles, se les sacaba a los profesores derechosos, se desviaban fondos “legalmente” hacia el Partido Revolucionario, se pedía a los profesores que les hagan aprobar a los compañeros que tenían malas notas ya que no tenían tiempo para estudiar porque estaban dedicados a hacer la revolución, etc.
Y a los que nos parecía extraña esa situación y no estábamos de acuerdo con estas prácticas, nos convencían con el argumento de que teníamos una falsa moral pequeño-burguesa, que por la revolución había que hacer lo que sea, que la burguesía también actuaba así y que no podíamos jugar honestamente, que lo importante era llegar al poder para hacer la revolución para el pueblo, etc. Si bien era cierto que la derecha era igual o peor, no se justificaba cuando desde la izquierda se decía que eran el "hombre nuevo".
Un día nos convocaron a una reunión de mi grupo con uno de los cuadros más altos del Partido, quien bajaba para enseñarnos algunas tácticas y estrategias revolucionarias. La reunión fue en mi casa y casi todo el día. Al medio día hicimos un alto para comer, con otro compañero preparamos una comida y cuando ya íbamos a repartir en los distintos platos, apareció en la cocina el alto dirigente revolucionario y dijo que él se encargaría de aquello. Repartió equitativamente para todos, pero se guardó para él la mejor y mayor tajada. Ante lo cual yo me quedé anonadado y estupefacto, no supe que decir y solamente pensé: si esto hace con una simple comida, que haría si estuviera en el gobierno o si tuviera más poder.
Resistí un tiempo más, pero a la final abandoné el Partido Revolucionario diciéndome: si esto es izquierda, soy anti izquierda. Y lo mismo de la abogacía, pues me di cuenta que no existía justicia que todo el sistema era corrupto. Mi experiencia universitaria me sirvió para darme cuenta lo que era la izquierda/derecha, la justicia, y todo el sistema capitalista. Terminé alejándome de la izquierda y como tampoco creía en la derecha, solo encontré en el movimiento indígena la esperanza, a los únicos que los veía coherentes y verdaderos. Si la izquierda me había decepcionado la derecha me había indignado, y como no podía acomodarme como muchos lo hicieron encontré un camino que no fuera ni lo uno ni lo otro, el que me ha dado sentido para ser afín y sin que tenga que venderme o aprovecharme a “nombre de la revolución” o a “nombre del pueblo” o a “nombre de los pobres”.
Ahora una parte de esa izquierda está en el poder y los otros en la oposición. A algunos de ellos que les conocí en la universidad o en las calles hoy están en el gobierno de Alianza País, y otros que nunca los vi ahora aparecen como revolucionarios, como por ejemplo el propio Rafael Correa, en todo caso durante estos diez años de “revolución ciudadana” he visto las mismas prácticas. Han pasado 30 años de mi experiencia de izquierda y sigue siendo la misma. Hoy en día frente a la disputa con la derecha por el gobierno nacional, les he escuchado a algunos de ellos decir que van a defender esta revolución como sea, y ahora entiendo que eso significa llegar hasta el fraude como lo hacían en la universidad.
En todos estos años “a nombre de la revolución” he escuchado de todo. He visto como muchos revolucionarios hoy están bien acomodados y no fueron “tontos” como algunos de nosotros que creíamos que jamás se justificaba el ser deshonestos y corruptos “a nombre de los pobres”. Me viene a la mente mi padre cuando me decía que todos los jóvenes como yo éramos unos ingenuos románticos aprovechados por unos cuantos “vivarachos”. Yo no le creía, pero afortunadamente desperté pronto y tomé el camino de los pueblos andinos. Aunque seguí creyendo en la revolución, mas bien dicho en el “pachakuti”, supe desde ahí que ésta no vendría desde la izquierda sino “de fuera”. A estas “alturas del partido”, hoy a muy pocos les puedo reconocer como revolucionarios, pues la mayoría de ellos no han sido “tontos” y se han servido muy bien de la “revolución”. Lamentablemente algunos en el movimiento indígena también ya han aprendido algunas prácticas de la izquierda y de la derecha. En todo caso, he apoyado su decisión de votar por Lasso, no porque se hayan derechizado sino porque es una manera de desmontar la falsa revolución.
He tenido la oportunidad de conversar con algunos venezolanos de los miles que deambulan por nuestras calles y todos coinciden en responsabilizar de la crisis al chavismo, a la izquierda bolivariana de su actual situación. Pero también he conversado con colombianos, peruanos y argentinos, que también responsabilizan a la derecha que gobierna sus países. Ni derechas ni izquierdas han demostrado ser una vía de solución, y la única esperanza que queda en el Ecuador y todo el mundo es la alteridad, la revolución con los de abajo y por afuera del sistema (comunidades indígenas autónomas, ecoaldeas).
La izquierda en su dogma de construir primero el “capitalismo de estado” para luego pasar al socialismo, lo que han hecho es quebrar a sus países. Los socialistas se metieron a jugar como capitalistas y terminaron empobreciendo más a sus pueblos. Lo hicieron en la exURSS, Europa del Este. Y ahora con Cuba, Venezuela, Nicaragua, Ecuador. Han creído que desde el Estado burgués se puede construir el “capitalismo popular”, cuando ello es un oxímoron o algo imposible de que suceda. Las izquierdas volviéndose derechas desde el “estado popular o revolucionario”, lo único que lograron es instaurar dictaduras más fascistas que algunas democracias burguesas.
La corrupción no está solo en la izquierda y la derecha o en la política, está en todo lado. Y eso se debe a que el sistema está diseñado así, que el sistema en sí mismo es el corrupto, que el capitalismo genera ese modo de vida. Algunos quizás no explotarán o robarán, pero se han acomodado al sistema y eso también es otra forma de corrupción o de hacerse de la “vista gorda”. El cambio no viene desde el gobierno se lo construye en la cotidianeidad y empieza en casa. La gran revolución es al interior de cada uno, caso contrario llegan a cualquier tipo de institución o de actividad y aflora lo que verdaderamente son.
Lamentablemente ese es el tipo de revolucionarios o mejor dicho de retro-revolucionarios que hay. Hasta ahora son estos revolucionarios los que han llegado al poder en diferentes partes del mundo y reproducen las mismas prácticas que aprendieron en el Partido Revolucionario. Y a aquellos que les critican o les cuestionan, son capaces de perseguirlos y hasta de llegar a matar a sus propios compañeros a “nombre de la revolución”. La historia mundial de la izquierda nos cuenta de miles de muertos por parte de los “verdaderos revolucionarios”.
Y así en muchas facetas, “a nombre de dios” se mata etnias, se roba en las iglesias a través de los diezmos, se adoctrina hasta que se suiciden envueltos con bombas. “A nombre del progreso y del desarrollo” se destruye la naturaleza, se contamina los ríos, se acaban con los pueblos indígenas. “A nombre de la pobreza” se generan fundaciones, se hacen programas, se venden productos que enriquecen a unos pocos. “A nombre de la generación de riqueza” se explota, se entrega coimas o sobornos, se compra jueces. “A nombre de la paz” se mata a otros pueblos, se somete otras culturas, se provocan guerras para vender armas hasta encontrar la paz. Etc. Etc.
Cuántos pueden decir que se han ganado honestamente la vida y/o han cambiado el sistema en su vida personal y familiar?



domingo, 19 de marzo de 2017

EL “IZQUIERDISTA” LASSO y EL “DERECHISTA” MORENO


EL DRAMA EXISTENCIAL DE LAS IZQUIERDAS

Los movimientos sociales por 100 años han luchado en el Ecuador por tener sus propias organizaciones e ir conquistando algunos espacios a la “derecha”. Organizaciones que tienen un recorrido que refleja la lucha social de los pueblos, que con aciertos y equivocaciones son parte de la historia popular.
Así se desenvolvían e iban creciendo día a día, alcanzando paulatinamente mayor presencia e incidencia en la vida política, hasta que el “izquierdista” de Rafael Correa les comenzó a perseguir, criminalizar y extinguir. El correismo lo tomó como algo prioritario el ataque a los movimientos populares, dedicando sus 10 años en el poder a acabar con la izquierda histórica. No así con la derecha, que siguió rebosante y que más bien veía de lejos y se complacía de que le den haciendo el trabajo que ellos no lo habían podido hacer en toda la vida política. De ahí, que hoy están más fuertes y listos para recuperar el timón.
La “izquierda tradicional” que le puso en el poder a Rafael Correa, al poco tiempo recibió el desprecio y el rechazo del “verdadero revolucionario”; como ya en una anterior ocasión lo hiciera el “izquierdista” de Lucio Gutiérrez. Por dos ocasiones las izquierdas han sido traicionadas por dos presidentes que se decían sus compañeros de lucha y a quienes ayudaron a poner en el sitial mayor de la política. Traicionados por quienes se decían de izquierda, y no por la derecha que siempre se les presentó distante y recelosa.
Movimientos populares que lucharon tantos años por abrir los caminos, que creyeron haber llegado al poder con la “revolución ciudadana” y que pensaron que era su oportunidad de erigirse como los conductores de grandes transformaciones sociales, pasaron de la noche a la mañana al último lugar y a ser los más maltratados y atacados por el gobierno “revolucionario”. Irónicamente, ni Gutiérrez ni la derecha les había hecho tanto daño como el “izquierdista” de Rafael Correa. Todos los gobiernos les habían atacado, pero ni siquiera el gobierno más duro del derechista de Febres Cordero llegó al nivel del “izquierdista” de Correa, pues si bien también les reprimió fuerte no llegó al extremo de acabar legalmente con algunas de sus organizaciones y con una serie de derechos conquistados con mucho esfuerzo. Eso quedará para la historia política del Ecuador.
A pesar de esta realidad, hay quienes les piden que voten por el correismo bajo el falaz argumento de que son de “izquierda”. Los movimientos sociales han recibido en carne propia el castigo y les critican de que no ponen la otra mejilla para seguir recibiendo más ataques. Son gente que se dicen de izquierda, pero son una izquierda cómoda y pasiva que mira de lejos y que no sabe lo que es recibir los golpes del “revolucionario”.
Empero, el “derechista” Lasso ha señalado de que les va a devolver la personería jurídica, el fondo de cesantía, indultar a todos sus presos políticos, retornar el 40% de las aportaciones al seguro social, eliminar el decreto 16 que limitan su organización, recuperar para la sociedad civil -en particular a las comunidades indígenas- las consultas previas vinculantes para la explotación petrolera o minera, respetar sus bienes y patrimonios, permitir que las ONGs sigan funcionando sin limitaciones para operar, aceptar la entrada al país de Manuela Picq esposa del presiente de la Ecuarunari, no subir el precio de gas y mantener la gratuidad de la educación y de la salud, etc.
Es decir, nos encontramos ahora, en que paradójicamente el candidato de la “derecha” le promete a la “izquierda histórica” devolverle su espacio para que puedan seguir funcionando a como lo venían haciendo hasta antes de que el gobierno de “revolucionario” les cortará sus alas. No sabemos si lo cumplirá o no, como tampoco sabemos si el gobierno de “izquierda” de Moreno cumplirá sus promesas, pues si en 10 años y con una gran bonanza económica no lo hicieron, por qué se pude creer que lo van a cumplir ahora y encima con un país en crisis.
Sin embargo, lo más probable y lógico es que Lasso lo cumpla, pues no querrá tener a una asamblea de mayoría correista encima, sino que necesitará que le ayuden a hacer contrapeso para intentar equilibrar la balanza. No querrá a millones de correistas y de izquierdas en su contra, sino que buscará o se verá obligado a hacer un gobierno moderado dadas las circunstancias políticas y por la situación económica crítica que deja en herencia el correismo. Ante ello, los correistas asustan con lo sucedido con Macri (Argentina), pero por qué no lo hacen con Kuzynsky (Perú) o Santos (Colombia).
En todo caso, el objetivo de este texto no es reflexionar si Guillermo Lasso va a conseguir crear 1 millón de empleos en 4 años, o si Lenin Moreno va a crear 250.000 empleos por cada año en sus 4 años de mandato. No estamos para ver quien ofrece más y quien cumplirá menos, sino para reflexionar sobre la práctica política y sus definiciones, para ver si hay congruencia entre la retórica y la acción. Si las palabras: “izquierda”, “revolución”, “cambio”, “socialismo”, siguen siendo lo que históricamente han representado o si han sido folclorizadas, vaciadas, domesticadas, prostituidas. Si la “izquierda” como teoría social se ancla en su esencia, o si hoy a pretexto de “izquierda nueva” o “izquierda moderna” se ha renunciado al cambio estructural para simplemente reformar el capitalismo. Si del socialismo esquemático y burocrático del siglo 20, hemos pasado al socialismo modernizante del capitalismo e impulsor del estado desarrollista del siglo 21. Si los socialistas del siglo 20 que planteaban la expropiación de los medios de producción y otras medidas estructurales para acabar con el capitalismo, ahora los socialistas del siglo 21 proponen desarrollar el capitalismo nacional y realizar una serie de reformas para avanzar de reforma en reforma a la construcción del socialismo. Si el socialismo del siglo 20 fracasó por múltiples errores, el socialismo del siglo 21 ha vuelto a fracasar repitiendo algunos errores y añadiendo otros, lo que significa que no han aprendido en 100 años y que se siguen dando con la misma piedra.
Cuando éste debería ser el debate y el análisis por la izquierda, los intelectuales y la academia; nos encontramos en que se encuentran enfrascados en definir si es mejor el neo-desarrollismo y el neo-institucionalismo de derecha o el propuesto por la “izquierda nueva”. Y no saben, si el correismo es realmente de izquierda o de derecha, o nos encontramos ante dos tipos de derechas. Han caído en la trampa de la posmodernidad, en la que ya no se discute la esencia política de derecha e izquierda o de capitalismo y socialismo, sino cuál de las dos es más privatista o estatista, más liberal o conservadora, más machista o sumisa, más mercantil o pública. Es decir, solo viendo las externalidades o las envolturas para no ver el verdadero condumio que les sustenta.
En términos marxistas, lo que estamos viviendo es la disputa entre la burguesía y la pequeño-burguesía, a la cual ellos lo han traducido entre derecha e izquierda, y en la que muchos han caído en esta trampa. Un conflicto entre las distintas burguesías y ante ello los intelectuales de izquierda están en el drama de si votar nulo o por la pequeño-burguesía. Ese es el nivel de una gran parte de la intelectualidad, en que están preocupados por ver cuál es el burgués “menos malo”.
Reto a los izquierdistas, a los intelectuales, a los académicos que me digan UNA SOLA práctica de izquierda del correismo. Una experiencia de izquierda que no haga la socialdemocracia o la derecha moderada en el mundo y que la haya hecho el “revolucionario” de Correa. O, acaso ya no hay gran diferencia entre la izquierda y la derecha, o simplemente ambos hacen lo mismo pero se diferencian en lo que dicen que harán con los recursos económicos, como por ejemplo con el extractivismo. ¿A eso hemos llegado? A diferencias formales entre izquierda y derecha, en que ya no hay la demarcación clara y profunda como había en el siglo 20 entre socialismo y capitalismo.
La izquierda, la derecha, el banco mundial, el FMI, la ONU, etc. promueven la reducción de la pobreza, la disminución de la brecha entre ricos y pobres. Acaso, todos se volvieron de izquierda, o es que a la derecha y a demás organismos les interesa que haya más mano de obra calificada y mayores consumidores. Luchar por la disminución de la pobreza y no eliminar las causas que la originan, es ser cómplice y encubridor de mantener el status quo, antes que un revolucionario que busca transformarlo todo. Buscar tan solo pasar de la extrema-pobreza a la pobreza, o de la pobreza a la clase-media, es tan solo afianzar el capitalismo para que éste se vuelva más dinámico y haya más ganancias para los grupos monopólicos. ¿En esto ha terminado la izquierda?
La “nueva izquierda” se pelea con la derecha por quien da un poco más el “bono de la miseria”. La distribución y la redistribución no es la capacidad del pueblo para generarse su propia subsistencia, sino la de recibir la caridad del papá-Estado. Es acentuar y aumentar la gratuidad de la salud y de la educación, y no la búsqueda de su disminución para que la población pueda proveerse en forma autosuficiente y autogestionaria su medicina y su enseñanza. Es decir, amplificar el estado paternalista que otorga más servicios y con ello volverles mendigos toda su vida, para que así jamás lleguen a construir sus propias producciones cooperativas y comunitarias con las cuales puedan resolver su vida.
La izquierda solo ve lo estatal y lo privado, lo público y lo particular; pero lo común, lo comunal, lo cooperativo, lo asociativo, en síntesis, lo aldeista o aldeano, son tan solo relleno. Cuando lo fundamental, es el poder de lo colectivo o grupal sobre lo individual: privado o estatal. El “poder político” no está en el estadocentrismo sino en las formas de vida social y productiva de tipo comunal o mutual. El “poder popular” no está en el partido revolucionario o en el buró de iluminados, sino en la organización económica colectiva que le hace competencia a la economía privada. No es la diferencia entre la esfera privada y la esfera pública, sino entre la propiedad privada y la propiedad comunal. El Estado solo debe ser instrumento para organizar y apoyar al pueblo en la generación de sus propias formas de trabajo y de dirección autónoma.
La “nueva izquierda” hoy solo se preocupa porque el pueblo mejore sus condiciones dentro del capitalismo, y sueñan en que ojalá las generaciones futuras puedan algún día construir el socialismo. Han renunciado a construir otro sistema y lo delegan a un futuro lejano donde estarán las supuestas condiciones para cambiarlo. En eso hemos terminado, de una “izquierda extremista” del siglo 20 a una “izquierda light” del siglo 21. De una izquierda desesperada en la lucha violenta por el socialismo, a una izquierda que hace “living” y “lobby” al capitalismo.
Vivimos los extremos, de quienes dicen que no es posible cambiar o de que hay que avanzar pasito a pasito; y en el otro lado, el de aquellos que siguen todavía creyendo que solo la lucha armada es la única vía. Lo que significa que no se ha aprendido, que de nada ha servido todo lo experienciado y los millones de muertos y sueños perdidos. ¿Será que por ello la izquierda está donde está, o se merece estar ahí?
Seguimos en el eterno debate entre la “toma del poder” y la construcción del “poder social”. Las izquierdas solo apuntan a la “toma del poder” por la vía electoral o la armada, sin embargo, cuando han llegado a sitios de poder local o nacional, a la final no ha pasado nada profundo o estructural. Cuál de ellos, han llegado al poder con una población altamente organizada y consciente. Todos han llegado al poder por alguna figura carismática y cuando han estado ahí se han dedicado básicamente a hacer obritas y no a organizar política y productivamente a la población para ganar espacios dentro del mercado, de la producción, de la propiedad.
Han llegado al Estado y se han creído nuevos monarcas de izquierda, centralizando todo en el gobierno con el argumento de que “ya no son ellos sino que son todo un pueblo”. Eso ha pasado desde Lenin hasta la dinastía Kim (Korea), Castro (Cuba), y a ellos se quiere sumar Evo Morales, como también lo quería Chávez pero la muerte le cortó su sueño, como a Correa su incompetencia. ¿Quienes prefieren Cuba o Venezuela, a Colombia o Perú? ¿Dónde hay más posibilidades de acción para la izquierda?
Han reducido el “poder social” al Estado, centrado en su majestad el “rey revolucionario”. Le han vuelto al Estado y al gobierno en hiperpresidencialista y dicen que eso es ser de “izquierda”. El Estado cada día más obeso y convencen con la propaganda de que eso ser “revolucionario”. El Dios-Estado y su representante en el gobierno, el encargado de guiar y de hacer la revolución para el pueblo. El cual solo debe estar callado y extendiendo la mano para recibir las prebendas o misericordias del emperador de “izquierda”. Nuevas monarquías o burocracias que consideran un sacrilegio entregar el poder a las organizaciones populares o al pueblo organizado productiva y territorialmente, para que sea el autor y actor de sus propias transformaciones, pues, para ello está el estado-todopoderoso en manos de una sola persona y en donde se asienta el “poder popular”.
El “poder social” implica terminar con el estado verticalista, donde unos dirigen y otros ejecutan, en la que unos son los pensadores y otros los trabajadores, para recrear un estado horizontal donde el poder está en las bases y no en la cima. Ello implica crear una democracia directa con un Estado que funciona o está estructurado de abajo hacia arriba, a través de concejos en diferentes niveles, algo parecido a los actuales municipios donde hay un alcalde y los concejales.
El territorio nacional estructurado y organizado desde los cimientos hacia la cúspide, esto es, desde los barrios en las ciudades y las aldeas en el campo, las que se autodirigen o se autogobiernan. Quienes a su vez eligen a su representante para conforman el concejo intermedio conformado por la unión de varios barrios o de comunidades que conforman una parroquia. Los que a su vez eligen a su miembro al concejo cantonal, y éstos al provincial, hasta llegar al nivel regional y nacional.  A cada nivel inmediato superior llegan los que han demostrado su capacidad y honestidad en los anteriores, es decir, son cooptados de un nivel a otro en mérito a su nivel de responsabilidad, y no en base a su talento para hacer el mejor show político o al dinero para contratar al mejor profesional en marketing político.
¿Algo de esto ha hecho el correismo o al menos ha puesto las bases de otro modelo para sustituir el capitalismo, para con ello reconocerle que es alguien de izquierda, o simplemente se ha montado sobre el mismo estado neocolonial y burgués procediendo a modernizarlo y a hacerlo más glotón? ¿Eso es recuperar el Estado? Un Estado con más lindos sillones y cuadros, que dan un mejor servicio pero que mantiene el mismo sistema de dominación. Que le ofrece más camas en los hospitales, pero que no ha promovido un cambio en la forma de vida para enfermarse menos. Que le entrega pupitres de última tecnología a una élite de privilegiados o meritocráticos, pero que su educación sigue siendo memorística, repetitiva, y ante todo desarrollista y productivista. Etc., etc. Es decir, el “revolucionario moderno” se ha vuelto un alcalde nacional que se preocupa de hacer elefantes blancos, y no de cambiar las estructuras sociales que perennizan la exclusión. ¿Eso es ser de izquierda? Si ahora eso es, entonces nosotros somos anti-izquierda.
Evidentemente, somos conscientes que es la derecha-moderna o pequeño-burguesa con una máscara de izquierda, es el lobo con traje de oveja. Muy pocos se han dado cuenta de aquello, pues la gran mayoría se han dejado atrapar por el estado de propaganda de la “izquierda moderna”, y ahora se encuentran conflictuados existencialmente en si votar nulo o votar por la “izquierda” de Moreno que, aunque se han equivocado son de “izquierda”. El ideologismo dogmático en su mayor expresión.
Pero, quién puede ser más peligroso: un derechista que se presenta tal cual es, o uno que se presenta como de “izquierda” cuando su práctica ha sido la de acabar con la izquierda y de reforzar el capitalismo. Un derechista que promete seguir con el capitalismo o un “izquierdista” que quiere subir el bono de la miseria y no poner los cimientos del socialismo y peor del sumak kawsay (buen vivir). Un derechista que resulta ser más democrático que un “izquierdista” autoritario y bipolar. Un derechista que quiere que la izquierda exista dentro de la pluralidad política, o un “izquierdista” que solo les ofrece dialogar más.
Todo esto no significa aplaudir o avalar a las izquierdas opositoras al correismo, pues ellos también son parte de la teoría de la “toma del poder”. El mérito de ellos es haberse dado cuenta quien era verdaderamente Correa, procediendo a desenmascararlo. Pero siguen siendo incapaces de presentar una alternativa, en el fondo son un poco menos estadocentristas e hiperpresidencialistas, y con ello es insuficiente un cambio profundo.  
Entonces, en la política como en cualquier cosa en la vida, lo que importa es su práctica política, no las bellas palabras o las lindas intenciones. Es evidente que la derecha y el eurocentrismo va avanzando y ganado terreno, sus ontologías y epistemologías se van abriendo por todo lado. El asimilacionismo y el integrismo como práctica nueva, que permite incorporar a lo diferente o al adversario a la oficialidad, que ha entendido que así es más fácil ganar adeptos que atacándolos o dominándolos directamente. Han aprendido de los curas y de la religión la práctica sutil de la conversión, para que luego los convertidos se encarguen de buscar nuevos incautos. El conversor de hogaño ya no actúa como el conquistador de antaño, sino simplemente recrea los imaginarios y los presenta como suyos.
Los curas no eliminaron a los templos y dioses indígenas, simplemente superpusieron sus iglesias y les dieron otros nombres a sus dioses, y así los fueron cambiando o convirtiendo. El sincretismo religioso o el mestizaje cultural o el hibridismo político, son las nuevas armas para perpetuarse. La “nueva izquierda” o la “izquierda moderna”, es parte de ello, es la mixtura con ropaje “revolucionario” y cuyo propósito es la inmovilización y el desencanto. En eso se ha convertido la izquierda para el pueblo, en frustración y negación, en esperanza que utiliza lo popular pero que luego termina en populismo.
Esa es la historia de la izquierda mundial, y si la alteridad y la indianidad no son capaces de caminar por sus propios pies terminarán a la cola de la “izquierda moderna”, y con ellos arrasadas o prolongadas la posibilidad de una revolución real y profunda. Ahora, la tarea es debatir qué es ser de izquierda y cuáles son los otros caminos para construir “el poder social” que haga posible el “poder popular” y sea obvio el “poder político”. Es decir, el camino contrario a lo que han hecho las izquierdas hasta el día de hoy.



domingo, 12 de marzo de 2017

EL MARX QUE NO CONOCE LA IZQUIERDA


El problema de la izquierda es que solo conoce y se guía por el joven-adulto-Marx, y no conoce y peor se orienta por el maduro-Marx que en su etapa más lúcida se arrepintió de algunas teorías suyas o dio un viraje a algunas de sus primarias visiones. La izquierda básicamente se guía por aquel joven idealista y paternalista que a sus 30 años escribió el Manifiesto Comunista y por el adulto que escribió El Capital alrededor de los 45 años, pero desconoce al maduro-Marx que con experiencia y sabiduría corrigió algunas de sus visiones ilusas, cuando estaba alrededor de sus 60 años. Aunque no logró escribir un libro al respecto y solo dejó algunas cartas y artículos sueltos, pues una larga enfermedad de más de 10 años le consumió lentamente y le mató a los 65 años. Quizás, si hubiese vivido el viejo-Marx hubiera sido más lúcido y se habría desmarcado aún más del ingenuo y soñador joven-Marx que inventó la malhadada teoría de la “dictadura del proletariado” que tanto daño ha hecho a la izquierda, a la revolución, al cambio.
En su visión dialéctica -heredada de su maestro “idealista” Hegel- creía que la historia se desenvolvía por la lucha de clases, pero además entre las sociedades “adelantadas” y “viejas”, como expresamente lo señala en su obra máxima El Capital cuando habla de “economías avanzadas” y “economías atrasadas”. La mayoría de estudiosos de Marx y los marxistas practicantes solo se han detenido en la lucha de clases como “motor de la historia”, sin que observen mayormente el colonialismo y el eurocentrismo de Marx, pero que él mismo en sus últimos años de vida se dio cuenta de aquello y cambió algunos de sus puntos de vista. Obviamente no llegó a una descolonización ni a una des-eurocentrización, pero dio unos primeros pasos hacia ello, aunque luego ya murió.
Con esto, tampoco queremos decir que el Marx-maduro haya llegado a negar totalmente al Marx-joven, solo pretendemos resaltar sus cambios y cuestionar a los marxistas que no han podido ir más allá de lo que él llegó y que solo repiten como catecismo el marxismo. Los marxistas profundos deberían intentar activar lo que hubiese sido el Marx-viejo, o por lo menos conocer más del Marx-maduro para salir del sectarismo y el dogmatismo medular que les envuelve.
El adulto Marx decía en el Capital: “En todos los países civilizados el movimiento democrático aspira en última instancia a la dominación política por el proletariado, presupone, por ende, que exista un proletariado; que exista una burguesía dominante; que exista una industria que produzca al proletariado y que haya vuelto dominante a la burguesía. De todo esto no encontramos nada en Noruega ni en la Suiza de los primitivos cantones”. Dicho de otra forma, para Marx (y los marxistas de ayer y de hoy) la “cuestión nacional” de los pueblos “primitivos” o indígenas se resuelve con su asimilación a la civilización, considerada como una etapa superior. La civilización era exclusivamente la Europa capitalista e industrial, y dentro de ella los superiores que debían estar a la cabeza eran los proletarios como “la clase más avanzada”. Pero en la práctica, fue la pequeña burguesía intelectual la que dirigió el “partido de la clase obrera”, como sucedió en todas las experiencias socialistas y más bien instaurando una monarquía absolutista del caudillo en el poder, que a la final degeneró en un populismo.
Para Marx, si en un país no había industria y no había burguesía, no había un proletariado que pueda derrotar al atraso que representaban las sociedades pre-capitalistas y que justamente eran las no-europeas. O que no se podía continuar con el progreso de la humanidad, que en primera instancia era el capitalismo para luego pasar al socialismo y al comunismo, las que serían las sociedades más avanzadas que produciría el proletariado europeo para todo el mundo, por ser el más evolucionado. En concreto, para Marx la “cuestión nacional” no estaba principalmente en la lucha de clases sino en las diferencias epistémicas y científicas de los pueblos, que él las sintetizaba en el “desarrollo de las fuerzas productivas”. La tecnología determinaba para el joven-adulto Marx, quienes eran superiores e inferiores o avanzados y atrasados. Todos ellos conceptos mecanicistas y cientificistas del eurocentrismo.
Si el adulto-Marx se refería a la Europa del norte como primitiva, a los países y zonas del exterior de Europa los consideraba bárbaros y salvajes. De China decía que era una sociedad bárbara que sería modernizada y adelantada gracias a la penetración colonial de Europa. A la India consideraba un país estancado por la preeminencia de comunidades rurales, de creencias místicas y de déspotas parasitarios; pero aspiraba que eso cambiaría con la instalación del ferrocarril y la importación de textiles que estaba llevando a cabo la burguesía británica a través de la invasión y el colonialismo que había impuesto. “El sistema ferroviario se convertirá por tanto en la India en un verdadero precursor de la industria moderna [...]La industria moderna, llevada a la India por los ferrocarriles, destruirá la división hereditaria del trabajo, base de las castas hindúes, ese principal obstáculo para el progreso y el poderío de la India"[1].
Si bien criticaba la penetración colonial de los países imperialistas europeos en el resto del mundo, al mismo tiempo alababa la penetración del capitalismo como el medio para que se incorporen al progreso que estaba llevando Europa a través de la sociedad industrial, es decir, la civilización o la europeidad cultivada. Por ejemplo, criticaba la falta de independencia de la India, pero al mismo creía que éste era el único camino para su progreso revolucionario a través de la industrialización que estaba llevando a cabo el capitalismo civilizado a través de la burguesía europea: "Bien es verdad que al realizar una revolución social en el Indostán, Inglaterra actuaba bajo el impulso de los intereses más mezquinos, dando pruebas de verdadera estupidez en la forma de imponer esos intereses. Pero no se trata de eso. De lo que se trata es de saber si la humanidad puede cumplir su misión sin una revolución a fondo en el estado social de Asia. Si no puede, entonces, y a pesar de todos sus crímenes, Inglaterra fue el instrumento inconsciente de la historia al realizar dicha revolución".
Y peor concepto tenía del África y de América indígena, a quienes consideraba que todavía seguían en estado natural o salvaje, por lo que estaban aún más lejos de devenir proletarios. En realidad, para el joven-adulto-Marx eran “pueblos sin historia” y de los cuales se refirió muy de paso en sus escritos, en relación a la cantidad de lo que habló sobre otras regiones. Por lo que en general, abogaba para todos los “primitivos” del planeta un capitalismo europeo y estaba de acuerdo en que la burguesía civilizada sea más fuerte para que pueda generar más industrias y consecuentemente haya más proletariado y europeidad.
El manifiesto comunista en el fondo es una apología del capitalismo, pues para el treintañero Marx el socialismo-comunismo solo surgirá de sus cenizas. Por tanto -para él- el auge del capitalismo y del “libre cambio” (palabras de Marx) o la libre competencia, significaba el proceso de absorción de formas arcaicas precedentes de producción a otras superiores: "Los conquistadores bárbaros son conquistados por la civilización superior de los pueblos sojuzgados por ellos".  
En definitiva, supuso que el capitalismo global se desarrollaría incorporando a toda la periferia mundial al vehículo de la civilización capitalista que era Europa. Formado el capitalismo mundial se estaría más cerca de una revolución proletaria, a través del desarrollo de las fuerzas productivas como determinantes primordiales que delimitaban el curso obligado de la historia. Los bárbaros y primitivos serían civilizados por la burguesía convirtiéndolos en proletarios para crear la civilización mundial de matriz europea, tal como se refiere en los artículos de 1853 de como “sentar los fundamentos materiales de la sociedad occidental en Asia”.  
Para el joven-adulto Marx, Inglaterra cumplió una doble misión en la India, uno destructivo y otro renovador, esto es, la aniquilación “de la bárbara sociedad asiática” y la colocación de las “bases materiales de la sociedad occidental en Asia”. Pero, lo que realmente sucedió es que Inglaterra procedió a la destrucción de la “incivilizada” India y no produjo ninguna regeneración a lo “occidental” o “civilizado”, tal como lo reconocería posteriormente Marx en una carta a Engels del 14 de junio de 1853: “He proseguido esta guerra oculta en mi primer artículo sobre la India, en el que se presenta como revolucionaria la destrucción de la industria vernácula por Inglaterra. Esto les resultará muy shocking a los editorialistas de The New York Daily Tribune. Por lo demás, la administración británica en la India, en su conjunto, era cochina y sigue siéndolo hasta el presente”.
Otra forma de Marx de expresarse sobre la India, era de que pasó de un "despotismo asiático" a un "despotismo europeo cultivado". La India debía agradecerle al colonialismo británico y a la “espada británica” de que hayan puesto los cimientos para edificar "la unidad política de la India", que es la que permitiría que el país pudiera lograr posteriormente su independencia. Gandhi debía alabarles a los británicos, pues si no fuera por ellos, no habrían logrado independizarse de ellos mismos. Qué ironía: "El ejército hindú, organizado y entrenado por los sargentos ingleses, es una condición sine qua non para que la India pueda conquistar su independencia y lo único capaz de evitar que el país se convierta en presa del primer conquistador extranjero". Siguiendo esta perspectiva de El Capital, los indios americanos tenemos que agradecer a los conquistadores europeos y a la izquierda de que nos hayan traído el cristianismo para salvarnos del pecado original y el marxismo para redimirnos de la derecha imperialista. O en palabras de Engels, que los “residuos de pueblos” tengan el derecho a una existencia nacional independiente, como la que tienen los pueblos dotados de “fuerza vital” y “viables”.
Entonces, según el adulto-Marx, Europa era la portadora del progreso histórico, mientras que las periferias no tenían otra misión que la de dejarse absorber por el “cultivado” y “desarrollado” “viejo continente”. Tesis, que se contradecía con la internacionalista formulada en el Manifiesto y que demandaba la unidad de los proletarios de todos los países, excluyendo implícitamente las rivalidades nacionales entre ellos. Los marxistas dirán que Marx solo se refería a los países donde habría proletarios. Pero, es que eso le quita su visión superacionista o de superioridad que tenía Marx de Europa, o más precisamente de la Europa civilizada que en esencia -para él- eran Inglaterra, Alemania y Francia.
Otro caso en este mismo sentido, es el de Inglaterra e Irlanda. Mientras en 1848 el joven-Marx hacía suya la consigna cartista de “establecer una firme alianza entre los pueblos de Irlanda y Gran Bretaña”, en cartas de noviembre de 1867 el adulto-maduro Marx le escribía a Engels: “Antes consideraba imposible la separación entre Irlanda e Inglaterra. Ahora lo considero inevitable, si bien después de la separación puede establecerse una federación”. “Lo que necesitan los irlandeses es: 1. Gobierno propio e independencia de Inglaterra, 2. Una revolución agraria (…) 3. Tarifas protectoras contra Inglaterra.
Es decir, el librecambista a los 30 años de edad replanteaba sus tesis a los casi 50 años, defendiendo la necesidad de que Irlanda (Europa) cuide sus incipientes industrias de la competencia británica poniendo barreras protectoras. Y en la misma corriente, pocos años después, cuando ya emergía el Marx-maduro, ya comenzó a cambiar su perspectiva sobre la India (Asia), pues en El Capital todavía le tenía en la noción de subdesarrollado: “Más que la historia de cualquier otro pueblo, la administración inglesa en la India ofrece una serie de experimentos económicos fallidos y realmente descabellados. En Bengala crearon una caricatura de la gran propiedad rural inglesa; en la India Sudoriental, una caricatura de la propiedad parcelaria; en el Noroeste, en la medida en que les fue posible, transformaron la comunidad económica india, con su propiedad comunal de la tierra, en una caricatura de si misma”. Todo esto, le llevó a cuestionar paulatinamente al joven-adulto-Marx que defendía el libre comercio, y ya en su etapa madura promovió la internacionalización de los mercados y auspició la asociación cooperativa de los pueblos.
Cuando el joven-Engels redactó los principios del comunismo, también defendió la tesis de que la revolución socialista sería llevada a cabo por la clase obrera de los países europeos más adelantados (entre ellos los Estados Unidos). El proletariado se haría cargo de las colonias europeas pobladas de indígenas, y a las que “habrá de conducir lo más rápidamente posible, a la independencia”; “el proletariado que se libera a sí mismo no puede librar guerras coloniales”; y “el proletariado victorioso no puede imponer a ningún pueblo felicidad alguna sin socavar con ellos su propia victoria”.
El joven-adulto-Marx era tan duro con los pueblos ligados a la tierra y con una forma de vida en introspección meditativa, que les acusaba de estáticos, vegetativos y pasivos, ya que no estaban dentro del progreso lineal que representaba “la revolución industrial” europea, como la más avanzada que había dado la humanidad en toda su historia. "No debemos olvidar el bárbaro egoísmo que, concentrado en un mísero pedazo de tierra, contemplaba tranquilamente la ruina de imperios enteros, la perpetración de crueldades indecibles, el aniquilamiento de la población de grandes ciudades, sin prestar a todo esto más atención que a los fenómenos de la naturaleza, y convirtiéndose a su vez en presa fácil para cualquier agresor que se dignase fijar en él su atención. No debemos olvidar que esa vida sin dignidad, estática y vegetativa, que esa forma pasiva de existencia despertaba, de otra parte y por oposición, unas fuerzas destructivas salvajes, ciegas y desenfrenadas que convirtieron incluso el asesinato en un rito religioso en el Indostán. No debemos olvidar que esas pequeñas comunidades estaban contaminadas por las diferencias de casta y por la esclavitud, que sometían al hombre a las circunstancias exteriores en lugar de hacerle soberano de dichas circunstancias, que convirtieron su estado social que se desarrollaba por sí solo en un destino natural e inmutable, creando así un culto embrutecedor a la naturaleza, cuya degradación salta a la vista en el hecho de que el hombre, el soberano de la naturaleza, cayese de rodillas, adorando al mono Hanumán y a la vaca Sabbala.”
El joven-adulto-Marx, no solo que despreciaba y minimizaba a los pueblos no-europeos, sino que también a la naturaleza. No solo que era un sobresaltado eurocentrista sino que también era un iniciado ecocida, en cuanto para él vivir en el continuo de la naturaleza era un “culto embrutecedor” de pueblos “sin dignidad”. La naturaleza era tan solo fuerzas productivas al servicio de “el hombre, el soberano de la naturaleza”. Los actuales eco-marxistas han logrado encontrar unos pocos párrafos en sus innumerables escritos en que Marx hace alguna defensa de la naturaleza, pero no porque la naturaleza tenga valor en sí mismo o sea un fin en sí mismo, sino por lo que representa para el hombre o para los beneficios del “progreso” de la humanidad. Quizás el viejo-Marx hubiese llegado a ser ecologista y pachamamista.
Como vemos, el joven-adulto-Marx era lo que en conceptos actuales se denomina un eurocentrista, neocolonialista, neodesarrollista, extractivista, modernizador del capitalismo, etc. Apoyaría a los “socialistas del siglo 21” y sería otro más de los intelectuales pagados por estos gobiernos para defenderlos. Sería un crítico contumaz del movimiento indígena y los calificaría como “atrasados”, “limitaditos”, “ignorantes”, “traidores”. Estaría de acuerdo o hubiera sido el principal intelectual del “problema indio”, planteando que esto se resuelve simplemente incorporando a los indios primitivos a la civilización mestiza dominante.
Lo cierto, es que los actuales marxistas sigue hablando y actuando así. Ahora se encuentran modernizando el capitalismo, en vez de pasar a consolidar el sistema comunal o aldeano, sin necesidad de pasar por el socialismo, como lo advirtió el Marx-maduro. Habiendo tantas comunidades en Latinoamérica sería relativamente fácil pasar al comunismo, pero los incautos jóvenes-marxistas del “progresismo” prefieren consolidar el capitalismo para “sentar las bases materiales que darán lugar al socialismo”. En vez de comunalizar el territorio con cooperativas, asociaciones, colectivos, ecoaldeas, etc., se encuentran desmoronando el comunismo milenario destruyendo las aldeas y comunidades indígenas para que se vuelvan unidades de producción capitalista, para que sea posible construir su socialismo utópico.
El joven-adulto-Marx solo hablaba de clases sociales, pero el Marx-maduro ya hablaba de raza, nacionalidad y etnicidad. Pero los marxistas del siglo 21 solo hablan de derecha/izquierda, y muy de refilón de centro/periferia. Para ellos, la izquierda es la periferia y los pueblos comunales o aldeistas son la periferia de la periferia que no aportan en nada, pues solo la periferia marxista-leninista-gramsciana otorga conocimiento y práctica revolucionaria. Lo comunal o indígena es esoterismo, romanticismo, esencialismo, pachamamismo, fundamentalismo, extremismo; de la que los marxistas tienen la tarea de civilizar, desarrollar, progresar, pero con “identidad” -como diría el inefable de Rafael Correa-.
Es indudable, que el maduro-Marx habría sido crítico severo de los gobiernos “progresistas” actuales, tal como lo han entendido las izquierdas “radicales” latinoamericanas. Aunque –quizás- nunca hubiera llegado a abrazar plenamente las tesis del movimiento indígena y su buen vivir andino (sumak kawsay), máximo el buen vivir posmoderno de la otra izquierda. Y también hubiera sido critico de los socialistas del siglo 20, es decir, de Lenin y de todos los posteriores marxistas. Los escritos de 1869-70 ilustran este despertar: ya no desvalorizaba a las colonias, ni repetía que las sociedades asiáticas estaban destinadas a copiar el patrón europeo. Apoyó plenamente la independencia de la India y transformó su simpatía por la resistencia que llevaban. Lo mismo de China y les hacía un elogio a su lucha nacional.
Pero lo más importante, es que el maduro-Marx tomó conciencia de que el saqueo colonial y la introducción del capitalismo no llevaba automáticamente a una transformación de esos pueblos. Que el colonialismo capitalista y europeo no lograba aumentar la productividad sino que reforzaba a la aristocracia, lo que provocaba la expulsión de los campesinos y la concentración de la propiedad, por lo que abandonó su expectativa con la expansión capitalista. Reemplazó el esquema unilineal de desarrollo de las fuerzas productivas por una visión plurilineal de difusiones múltiples. Se dio cuenta que la acumulación primitiva no necesariamente generaba procesos de industrialización en un país sometido al despojo. Incluso, consideró que para que haya una emancipación social tenía que haber una eliminación de la opresión nacional.
El Marx-maduro dejó de ver al sistema comunal como algo profundamente reaccionario y la necesidad de destruirlo por el capitalismo, y, por el contrario, revalorizó la lucha nacional y planteó la posibilidad de transiciones al socialismo y hasta el comunismo desde formas comunales. En una carta enviada a Vera Zasulich el 8 de marzo de 1881 (dos años antes de su muerte), admitió la posibilidad de que Rusia podría obviar la etapa de desarrollo capitalista y construir directamente el comunismo sobre la base de la propiedad común de la tierra, en donde estaban "las condiciones normales para un desarrollo espontáneo". Reconoció que la "comuna es el punto de apoyo de la regeneración social de Rusia", aunque para pasar directamente a la etapa socialista sin una fase capitalista precedente, "será preciso eliminar primeramente las influencias deletéreas que la acosan por todas partes."
Entonces, lamentablemente los marxistas del siglo 20 y 21 solo se han quedado con el Marx dogmático de la juventud y el eurocentrista de la adultez, y no con el Marx sabio que comenzó a aparecer en sus últimos 10 años de vida. Lenin, Stalin, Mao y todos los marxistas, solo se han dejado influenciar por el Marx inexperto y sin experiencia. Los marxistas han seguido repitiendo las mismas equivocaciones de Marx, cuando él ya se había encargado de corregirlas pero los marxistas hasta ahora no se han enterado de aquello y siguen repitiendo las mismas equivocaciones y de ahí su fracaso tras fracaso. O como dice Kohan[2]: el pensador debutante del Manifiesto estaba más atento a los procesos objetivos de la expansión capitalista y el autor maduro de El Capital resaltaba la gravitación subjetiva de la lucha nacional y social. A lo que nosotros añadiríamos, que el sabio-Marx en su etapa final superó al Manifiesto y a El Capital cuando entendió la importancia de la lucha colonial y del apoyó al sistema comunal o aldeista[3].
Cuándo los marxistas despertaran al otro Marx, para evitar que la revolución industrial de nuestro tiempo que es la digital, acabe con toda la humanidad a través del cambio climático. No se dan cuenta todavía de que el joven-adulto Marx creía que el crecimiento industrial no tenía límites, de que la prosperidad dependía del desarrollo ilimitado de la producción industrial. Sin entender que el crecimiento y el desarrollo es lo que nos está llevando a este callejón sin salida y en el que pronto ya no habrá retorno si seguimos a este ritmo desenfrenado. Como ya comenzó a darse cuenta el Marx-maduro cuando hizo algunas defensas de la naturaleza, y quizás el viejo-Marx habría sido más contundente con lo que ahora llamamos extractivismo.
Lo vienen advirtiendo tantos científicos, pero ni capitalistas ni marxistas lo admiten, y si lo aceptan no hacen algo profundo, todo es superficial y con el argumento de que ahí están los recursos económicos para salir de la pobreza. Cuando el asunto es más de fondo, pues el joven-adulto Marx sólo tomaba en cuenta el aspecto económico de la opresión en la producción de plusvalía, en la relación de explotación del trabajo y la propiedad privada, pero lo cual no determina obligatoriamente que desaparezca la opresión de los trabajadores, si es que esta no se la resuelve integralmente, esto es, la opresión patriarcal, racial, sexual, cultural, étnica, antropocéntrica, colonial, etc. Si no se solventa todo en conjunto, lo único que surge es un “capitalismo de estado”, tal como ha sucedido en muchos países y regiones. Las revoluciones socialistas solo han transformado una forma de opresión en otra, pues los cambios políticos y económicos han sido insuficientes para destruir el capitalismo. De esto, el Marx-maduro ya comenzó a comprenderlo en su posterior crítica al colonialismo, aunque no avanzó a ver en su totalidad, esto es, el antropocentrismo, el sexismo, el patriarcalismo, el logocratismo, etc.
Mientras el fin último de la sociedad sea el progreso a costa de la naturaleza no habrá terminación de la opresión en ninguna de las formas. La sociedad industrial y tecnológica, desde su extremo individualismo (capitalismo salvaje) hasta su extremo estatista (capitalismo de estado) han continuado con la opresión de los trabajadores. Su explotación no se reduce solo a factores económicos sino a causas sociales, culturales, y naturales. Por tanto, el origen de todo está en la dependencia, en la que unos dirigen y otros ejecutan, y en el socialismo los trabajadores permanecen subordinados a la pequeña burguesía intelectual. En consecuencia, la opresión sigue sujeta a la función social del progreso económico de los grupos que dirigen sobre las inmensas mayorías que ejecutan. No hay diferencia real entre trabajar para el patrón capitalista que trabajar para el patrón estatal, que en última instancia es el patrón del partido y del buró político, o sea, el líder máximo, a través de su culto a la personalidad. Mientras el crecimiento de la economía esté en medio de la lucha por el poder, la opresión será inevitable. Posición que coincide con la derecha y su desarrollo tecnológico interminable y que es su contemporánea religión, como también es el concepto marxista del desarrollo ilimitado de las fuerzas productivas.
La izquierda marxista que sigue al ortodoxo joven-adulto Marx, no podrá construir otra sociedad si no derriba lo que da sustento a la opresión: la relación entre la lucha por el poder y el desarrollo de las fuerzas productivas. Si la revolución sigue esclava del crecimiento de la producción en vez de preocuparse de la emancipación integral de los seres humanos, lo único que se consigue es que el socialismo sea prisionero de la economía, es decir, que se siga poniendo a los seres humanos al servicio del “progreso” y no al revés. Lo que también vale decir, poniendo a la naturaleza al servicio del “progreso”, lo que implica nuestro suicidio colectivo.
Entonces, no ha habido ninguna dictadura del proletariado sino una plena dictadura del partido, esto es, del líder máximo (Lenin, Stalin, Mao, Castro, Chávez, Evo, Correa) a nombre de la revolución y de los trabajadores. Ni ha habido ninguna supremacía del hombre sobre el capital, sino una supremacía del capital sobre el hombre y la naturaleza. Siguiendo al joven-adulto Marx nunca se producirá un progreso sino un regreso. Por tanto, de lo que se trata es de terminar con toda forma de dependencia laboral privada o estatal, para trabajar comunalmente o aldeanamente para sí mismos y no para otros. Sistema de aldea o de autosuficiencia del que Marx renegaba en primera instancia, pero que luego comenzó a valorarlo y con ello a hacerse comunista de verdad.
En “El Capital” en su gran mayoría crítica al sistema comunal, pero al mismo tiempo lo aprecia. Tal como en este texto: "Esas antiquísimas y pequeñas entidades comunitarias indias, por ejemplo, que en parte todavía perduran, se fundan en la posesión comunal del suelo, en la asociación directa entre la agricultura y el artesanado y en una división fija del trabajo, que sirve de plan y de esquema predeterminados cuando se establecen nuevas entidades comunitarias. Constituyen conjuntos de producción autosuficientes, con una superficie productiva que oscila entre cien acres y algunos miles. La masa principal de los productos se produce con destino al autoconsumo directo de la comunidad, no como mercancía y por tanto la producción misma es independiente de la división del trabajo establecida en el conjunto de la sociedad india, división que está mediada por el intercambio de mercancías. Sólo el excedente de los productos se transforma en mercancía, e incluso en el caso de una parte del mismo esa transformación no ocurre sino cuando llega a manos del estado, al que desde tiempos inmemoriales afluye, bajo la forma de renta en especies, determinada cantidad de tales productos. En distintas regiones de la India existen formas distintas de la entidad comunitaria”.
Quizás el viejo-Marx se habría dado cuenta que esto era el comunismo y habría potenciado el milenario sistema aldeista. Y esto es lo que tienen que despertar los marxistas, el sentido comunal o aldeista para ir directamente a la construcción del comunismo, pero no la del utópico joven-Marx que recreo en su cabeza la sociedad ideal, sino el de las naciones milenarias que el Marx-maduro comenzó a valorar posteriormente, pero como ya no vivió el Marx-viejo no pudo ir más al fondo. (Nosotros preferimos hablar de “aldeismo” antes que de comunismo, pues está palabra ya ha sido degenerada y deformada por los propios comunistas, y no solo por los capitalistas.)
El error no es de Marx sino de los marxistas, especialmente de Lenin que se influenció básicamente del joven idealista Marx. Y desde Lenin, todos lo han repetido o han seguido su error, sin que haya una excepción procediendo a activar al Marx-maduro y vislumbrando al Marx-viejo y sabio. En su época, Marx no fue famoso ni popular, fue Lenin el que le hizo, pero se equivocó de Marx, si hubiera conocido al Marx-maduro quizás otra hubiera sido la situación actual en el mundo. Algo difícil también para Lenin, pues los escritos de Marx de sus últimos años de vida estaban dispersos y no necesariamente se difundieron ampliamente en esa época. Pero, si Lenin habría sido capaz de ir más allá de Marx no habría fracasado la ex URSS, y hoy tendríamos un marxismo-leninismo realmente revolucionario y no el marxismo-leninismo pequeño burgués que constituye a todos los partidos comunistas en el mundo. De esto, algo han entendido los eco-socialistas y los marxistas indigenistas, por lo que hay que aspirar que pronto se des-dogmaticen, des-colonicen, des-civilicen, y vayan mucho más profundo a lo que llegó el maduro-Marx.
Para ello, hay que actualmente abrazar el decrecimiento, el bien común, el vivir en armonía o buen vivir andino (sumak kawsay), el autonomismo, la autosuficiencia comunal, la democracia horizontal, los movimientos de transición, las eco-aldeas, etc. Implica, limpiarse del socialismo del siglo 21, del progresismo, del desarrollo ilimitado y de todo cuanto ha venido haciendo la izquierda marxista-juvenil-utopista-dictatorial. Ahí podremos creer que habrá una auténtica y profunda revolución.
Entonces, seguir solo centrados en la dicotomía derecha/izquierda es una aberración, cuando hay otras más profundas y que están agrupados en el dualismo centro/periferia:  colonialismo/alteridad, globalización/subalternidad, norte global/sur global (De Souza Santos), civilización/cultura, primer mundo/tercer mundo, crecimiento/decrecimiento, desarrollados/subdesarrollados, etc. El centrismo es toda forma de centralización y de concentración en el estado, la propiedad, una clase social, el partido, las potencias, las epistemologías, las ontologías, etc. Y todo ese conjunto de centros están envueltos en el paraguas del eurocentrismo.
Por tanto, la alter-nativa está en las periferias, en los paradigmas del “cuarto mundo”, de los “salvajes”, de los “primitivos, de los “atrasados”, etc. Por cierto, antes de que algún joven-marxista nos acuse y sentencie de que queremos regresar al pasado, le contestamos que queremos seguir tejiendo -en nuestra forma y con nuestros medios contemporáneos- el camino en la “conti-natura” (o en el continuo de la natura) y no continuar el sendero contra-natura del eurocentrismo de izquierda y de derecha.
Si Europa ha invadido todo el mundo y ha impuesto el eurocentrismo, hay uno que es de izquierda (marxista) y otro de derecha (liberal). Las periferias tienen que ser anti-eurocéntricas para que sean realmente alteridades. Irónicamente, la des-eurocentrización se está dando más fuerte en Europa que en el resto del mundo. Mientras, la gente de los países del primer mundo están cansados de tanta artificialidad y anorexia social, por lo que tratan de regresar a vivir en el campo y otros se han puesto a construir eco-aldeas y cooperativas integrales; los del tercer mundo se encuentran destruyendo a sus ancestrales aldeas. Mientras unos van, otros regresan. Lo que van perdiendo los países “subdesarrollados”, gente de los países “desarrollados” la está buscando. Esas son las paradojas de nuestro tiempo.
Y si desaparece el cuarto mundo, al paso que sigue arrasando la civilización, no habrá ni capitalismo ni socialismo ni comunismo ni buen vivir ni nada. De ello, no solo es responsable la derecha y el imperialismo, sino también el joven-procapitalista-Marx y el adulto-eurocentrista-Marx, pero especialmente Lenin y los subsecuentes marxistas hasta el día de hoy. Ojalá, pronto desentierren al maduro-Marx y en conjunto con las periferias y las alteridades se pueda construir “un mundo donde quepan todos los mundos”.
Atawallpa Oviedo Freire




[1] Futuros resultados de la dominación británica en la India. New York Daily Tribune. 8 de agosto de 1853.
[2] Kohan, Néstor. 1998. Marx en su (Tercer) Mundo: hacia un socialismo no colonizado, Biblos, Buenos Aires.
[3] Marx, Karl. 1980. El porvenir de la comuna rural rusa, Cuadernos de Pasado y Presente, México.