miércoles, 16 de diciembre de 2015

DESPARTIDIZAR LA POLITICA

 "La izquierda no puede limitarse a nuevas formas de realizar los mismos sueños; tiene que cambiar los sueños en sí mismos." Slavoj Zizek


Para que sea efectiva aquella concepción lanzada por Abraham Lincoln de “un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”[1], es imprescindible y urgente, el despartidizar a la política para que el pueblo la asuma personalmente como suya y participe directamente en la gestión, administración y gobierno de un territorio, desde los barrios y comunidades hasta el nivel nacional. La política, no como exclusividad y patrimonio de la “clase política” sino como un derecho y una responsabilidad de todos, como algo natural y cotidiano y no como algo consagrado a ciertos individuos. La política como expresión de sabiduría y no como medio o forma de banalidad y frivolidad.
Los partidos y movimientos políticos no representan al pueblo sino a élites que hacen de esta actividad su forma de vida, y cuando llegan a puestos directivos los convierten en un medio de enriquecimiento y de dominación, como nos cuenta la historia. No sé si existe o ha existido alguna excepción. Si los partidos (especialmente los de izquierda) quisieran realmente un cambio estructural plantearían la recreación del poder popular, en la que el pueblo sea el responsable y beneficiario de su propia actividad política, sin necesidad de intermediarios o portavoces. El pueblo participando de forma organizada con sus instituciones naturales y comunes, y no a través de  ciertos grupos políticos que asumen su representación y que creen saber cuáles son sus aspiraciones[2], o que se dicen que son lo más alto y avanzado del pensamiento de clase y están a la vanguardia del pueblo para dirigirlo en su transformación.
El sistema de partidos es un invento burgués que nació a finales del siglo 18 y comienzos del 19 en Inglaterra y EEUU, luego de la revolución industrial para consolidar el poder de la emergente burguesía. Llegando paulatinamente a convertirse en la mejor expresión de la capacidad de concentración del biopoder dentro de ciertos grupos de élite, en la que solo ellos puedan llegar a sitios de gobierno. Quien no es miembro de un partido o movimiento político no puede participar de una contienda electoral y por ende no tiene la posibilidad de acceder al poder político. Existiendo tanta gente capaz y comprometida, pero como se han dado cuenta que los partidos políticos y el sistema político en general, no son instrumentos ni vías desde el cual empujar una transformación, han preferido optar por otros caminos y medios más revolucionarios y eficaces, como la recreación de espacios paralelos a los oficiales (mini-naciones) o en la generación de formas de vida anticapitalista (micro-política).
El sistema de partidos, es el mayor y mejor invento creado por la burguesía para la dominación sutil de la población a través de la democracia electoral y de sus partidos políticos. Fórmula en la cual todo queda en, y por, ellos. Quienes a su vez se encargan de legitimar y naturalizar el juego electoral que fortifica al biopoder del sistema capitalista y principalmente del sistema-mundo patriarcalista y civilizatorio.  
Incluso las izquierdas enarbolan al partido como la mayor y mejor expresión de clase. El partido es todo, y nada está más allá de la “más alta organización de clase y del pensamiento revolucionario”. El Partido está sobre los sindicatos, los gremios de profesionales, las federaciones indígenas, las asociaciones artesanales, las cooperativas de producción, las ongs, las comunidades,  los comités barriales…, es decir, sobre todas las formas naturales y básicas de organización. El poder no está en el pueblo y sus organizaciones propias y vivenciales, sino en el Partido. Las organizaciones de base solo pueden acceder a un gobierno a través de los partidos, los mismos que son elegidos y escogidos por el comité central, considerado éste como la más alta expresión de clase dentro de lo más avanzado de la clase proletaria y su partido de vanguardia. El partido en la cima de la pirámide, los movimientos sociales a la cola, y el pueblo en la base o al último de todo (piramidalismo).
Mucho menos lo entiende el “progresismo político” -y muy particularmente el correismo-, para quienes las organizaciones sociales son sus enemigos principales, más que la misma derecha. Si bien la derecha ha combatido a los movimientos sociales, el correismo (y el progresismo) han buscado eliminarlos, o al menos neutralizarlos a través de su control y regulación, pues nadie puede estar sobre el Partido, y a su interior nadie más allá del líder máximo, que generalmente es presidente del Partido y del Gobierno al mismo tiempo. Lo que significa que el individuo es más que el propio colectivo, o los derechos individuales sobre los derechos colectivos, típica expresión del capitalismo y de la mentalidad patriarcal. De esta manera, el partido, el gobierno y el estado se convierten en lo mismo, es la concentración del poder para la biopolítica de control del pueblo “atrasado y manipulable por la burguesía”. De ahí, que Correa repite insistentemente que las organizaciones populares le hacen el juego a la derecha[3].
Ese el propósito del reglamento que emitió Correa en marzo del 2008 para regular a las organizaciones sociales, en donde se destaca cuáles serán las causales de disolución al “incumplir o desviar los fines para los cuales fue constituida la organización” y “comprometer la seguridad o los intereses del Estado, tal como contravenir reiteradamente las disposiciones emanadas de los ministerios u organismos de control y regulación”. Lo que quiere decir que el Estado en si mismo está sintetizado en el presidente del gobierno nacional, y si alguien está en su contra está atentado contra el poder del estado, el cual representa el bien común y que está consagrado en el Jefe de Estado. El pueblo, el estado, el gobierno, el partido…, soy yo.[4] Sin dejar de mencionar que el Estado en sí mismo, es otra expresión o forma burocratizada del poder de dominación, y que si no hay descentralización y desestructuración del Estado burgués, es otro aparato más encima del pueblo y utilizado por el caudillo o presidente de turno para someter con sus aparatos de represión al pueblo y a sus organizaciones sociales.
De ahí, que en organismos estatales como el Consejo de Participación Ciudadana (supuesto quinto poder) no participan las organizaciones sociales ni se designa a miembros de la población organizada para distintas funciones del Estado sino a individuos con ciertos méritos académicos, lo que significa el tecnocratismo puro en la dirección social. Por eso Correa glorifica tanto a los partidos políticos -como tal-, y a las formas electorales como el sumun de la democracia representativa, y a su vez, denigra y combate tenazmente a los movimientos sociales y a la consensocracia[5] [6]o biocracia. Y esto se debe a que él cree que el pueblo es “limitadito” e incapaz de autodirigirse. Por ello jamás le entregaría el poder al pueblo organizado en sus movimientos sociales, pues eso significaría acabar con el populismo y el caudillismo que han gobernado todos estos años. Necesita que el pueblo siga siendo populista para que continúe esperando que aparezcan nuevos salvadores como él. Rafael Correa es ya una leyenda y el milagro del siglo XXI.
Y las otras izquierdas piensan parecido, aunque no lo digan abiertamente, y solo se atrevan a decir que el pueblo todavía no está preparado y que necesita del partido y de sus mejores hijos para articular y organizar la revolución. Esto en la experiencia mundial, se llama burocratismo. La concepción del “centralismo democrático”, significa que el pueblo todavía no tiene la suficiente conciencia para ello y necesitan de los intelectuales más avanzados para asegurar la victoria popular, situación -que por cierto- hasta ahora no se ha dado en ninguna parte del mundo.
Según las izquierdas, el pueblo solo tendrá conciencia cuando ellos construyan el socialismo y les hayan educado en una conciencia revolucionaria (castrismo-chavismo), para entonces, entregarle el poder al pueblo organizado y por ende no sea necesaria la existencia del partido único del proletariado. Pero ello, solo será posible cuando se llegue al comunismo, antes de eso el pueblo no es capaz de autogobernarse ni de dirigir su revolución. Es decir, nunca. Mientras las izquierdas se sigan creyendo que son lo más alto del pensamiento de clase y sigan teniendo al pueblo como su fuerza de choque, jamás habrá un cambio por ahí. Comprobamos -una vez más- que las izquierdas no son revolucionarias sino reformistas y hasta cierto punto contrarrevolucionarias.
El ataque a las organizaciones populares que ha hecho el progresismo (y el castrismo desde hace más de 50 años), es una clara forma de la despolitización y del desempoderamiento del pueblo, en su desmedro y a favor del partido y del status quo. De ahí, que no solo se trata de cuestionar al Decreto 16 que limita la capacidad de existencia y de accionar de las organizaciones sociales, como lo ha venido manifestando la izquierda, sino, que se trata principalmente de que tengan más poderes dentro de la vida política y social si quieren realmente un cambio. Hay que virar esa camisa de fuerza del partidismo, para que los movimientos sociales sean los que canalicen la organización popular y actúen directamente en la construcción del poder popular. Pero siempre cuidando que no se recreen nuevas formas de micro-partido, para lo cual, es necesaria la organización popular en todos los niveles sociales. Es decir, una sociedad constituida por organizaciones e institutos y no por individuos “libres”, no solo como familias aisladas sino en comunión de familias y de mancomunidad de familias, tanto a nivel de parentesco sanguíneo como a nivel socio-económico, para tener una sociedad altamente organizada y movilizada en la construcción de su destino de vida. Y ello implica también poder electoral para que puedan intervenir directamente en la designación de las autoridades y no sea exclusividad de los partidos políticos. Por ejemplo, para empezar este proceso podría pensarse en una participación del 34 % de los partidos políticos, 33% de las organizaciones sociales y 33% de las nacionalidades indígenas.
La única organización que hasta ahora ha comprendido esto, es la ECUARUNARI a través de Carlos Pérez Guartambel, pero las izquierdas partidistas no dicen nada y más aún hacen algo. Su mentalidad liberal y eurocéntrica es todavía muy fuerte y no entienden todavía la mentalidad indígena y su proyección comunitaria, que se la ejerce dentro de un poder comunal vital y no dentro del buró del Partido. El burocratismo de la izquierda (incluidos muchos miembros del movimiento indígena) sigue latente, todavía no entienden al sumak kawsay o vitalismo milenario que no busca tomarse o asaltar el poder, sino abrir el poder para que todos se sean poder y puedan ejercer el poder por, y en, sí mismos. El vitalismo entiende que el poder consciente está en el ejercicio del poder, en la capacidad de ser responsable de manejar su propio poder y que a través de la práctica se aprende a equilibrar el poder. Pero mientras la izquierda siga arriba y adelante del pueblo, solo lograrán que el pueblo desprecie y rechace aún más la política, que se alejen más de los partidos políticos y que por ende esté más lejos su propia capacidad movilizadora de cambio.
La concepción de que el partido es la vanguardia de clase, es la visión más retrógrada y reaccionaria, que solo le conviene al sistema burgués que funciona de la misma manera en todos los ámbitos e instituciones que ha creado (piramidalismo). La derecha por su acción explotadora es la que más provoca reacción y resistencia del pueblo, pero la izquierda se encarga de aplacarla a través de supuestamente canalizar y dirigir la lucha social dentro de su burocracia elitista. La experiencia mundial lo dice, pero hasta ahora no reaccionan y lo único que han logrado es recrear sutiles formas de dominación y de control al interior de la lucha popular y que luego se reproduce cuando están en instancias dentro del poder estatal. De ahí, que aparecen de tiempo en tiempo, los “auténticos” revolucionarios, que forman el “verdadero” partido de clase y las “únicas” organizaciones populares.
Esto quiere decir, que las organizaciones populares no pueden ser simples brazos o costillas del partido, caso contrario será más de lo mismo. Los movimientos sociales deben funcionar, fuera y más allá de los partidos, para que no se eliticen y burocraticen dentro del buró político. En todo caso, las organizaciones sociales y el partido pueden ser complementarios uno del otro y no el uno subsumido al otro, que es reproducir la superposición de unos sobres otros, lo que genera prepotencia y subyugación, como lo demuestra la experiencia mundial de la izquierda.
Incluso lo más revolucionario que podría hacer la izquierda es desparecer a sus partidos y que sus altos miembros pasen a la vida económica productiva para desde ahí ejercer su acción política. Pero no lo querrán, pues están acostumbrados a que otros trabajen y a igual que en las iglesias solo están esperando los diezmos de los militantes, es decir, de los trabajadores. Los partidos (y las iglesias) siguen el mismo esquema paternalista y no están dispuestos a perder sus privilegios, bajo el argumento de que hacen trabajo político porque son lo más avanzado del pensamiento revolucionario. Déjense de joder. Basta de burócratas, necesitamos revolucionarios en su vida común y corriente, es decir, gente que ya vive el nuevo sistema.
Entonces, se hace necesario de un pueblo organizado y con amplias potestades para que pueda ejercer su poder total, de esta manera no sigan representados en la democracia burguesa ni en los partidos políticos. Si se lucha por una democratización para salir de la democracia representativa hacia una participativa, también se debe luchar para que el pueblo no esté representado en sus partidos políticos sino que esté participativo con sus propias organizaciones de base. Esto implica revolucionar la visión centralista y verticalista de la izquierda, como también lo es de la derecha (piramidalismo) por una visión horizontal y desconcentrada, para que la política no sea un cenáculo de ciertos afortunados sino sea un compromiso de vida, en la que la persona no solo debe ser responsable de su propia familia sino de toda la vida en su conjunto. Ahí será posible otro mundo, un mundo donde el pueblo ejerce su poder sin representación alguna y bajo ninguna forma de sustitución.
Que diferente sería si la izquierda trabajara por la descentralización del poder en las organizaciones populares, para que ellas, en cada sector, en cada rama, en cada actividad, ejerzan la dirección de los gobiernos sectoriales y generales. La única manera de dignificar a la política es que el pueblo la asuma personalmente, no puede quedarse simplemente en un papel de lejano crítico observador que solo actúa en la democracia de un día, sino que tiene que aprender a ser responsable y asumir directamente los proyectos y sus ejecuciones.
Si queremos una nueva vida, el pueblo debe politizarse y para ello la política debe desmonopolizarse de los partidos (entre otras cosas), y de esta manera el pueblo no esté partido sino que esté completo. Así, el pueblo no sea usurpado en su derecho a dirigir sus propios cambios y transformaciones, por ningún estamento que esté sobre él. No más piramidalismo, sino ciclicidad a todo nivel y forma.





[1] Cualquier interpretación del significado político del término pueblo debe partir del hecho singular de que, en las lenguas europeas modernas, éste también incluye siempre a los pobres, los desheredados y los excluidos. Un mismo término designa, pues, tanto al sujeto político constitutivo como a la clase que, de hecho si no de derecho, está excluida de la política. Giorgio Agamben http://artilleriainmanente.blogspot.com/2012/07/giorgio-agamben-que-es-un-pueblo.html?spref=fb
[2] "Escuchen, no atemoricen a nadie, vayan a ordenar a sus casas, aquí manda el pueblo ecuatoriano... Qué se puede hablar con estas posturas. Someterse a esas prepotencias sería la peor de las claudicaciones". Rafael Correa, EL UNIVERSO, 13 de agosto, 2015
[3] "Como (los de la oposición) no pueden lograr su cometido, como no representan a nadie que no sea su propio ego, sus propios abusos, ¿qué hacen? Recurren al chantaje: 'Te cerramos las carreteras hasta que hagas lo que nosotros exigimos'. En una democracia todos tienen derecho a manifestarse, pero ellos están atentando contra los derechos de los ecuatorianos", dijo Correa ante sus simpatizantes. Rafael Correa, EL UNIVERSO, 13 de agosto, 2015
[4] Yo no soy yo, yo soy un pueblo» Frase repetida de diversas formas por líderes populistas como Gaitán, Chávez, Correa.
[5] La democracia del consenso es una posición profundamente conservadora que niega justamente el pluralismo y el antagonismo que son constitutivos de cualquier política democrática, es querer negar el disenso y presuponer acuerdos que no están dados. Es el equivalente del “fin de la historia” con el que nos quisieron convencer en la época neoliberal. http://ecuadoryacambio.ec/mensaje-a-la-nacion-2015-presidente-rafael-correa/
[6] Correa planteó la necesidad de revisar los estatutos de la institución, en la que todo "debe decidirse por consenso" y en la que existe el veto, que consideró "la mejor forma de no avanzar". http://lanacion.com.ec/?p=10452

jueves, 10 de diciembre de 2015

LA IZQUIERDA NO ES REVOLUCIONARIA, ES REFORMISTA



Hasta ahora la izquierda en el mundo, a donde ha llegado a dirigir, ya sea, a nivel nacional, local, o particular, se ha limitado a montarse sobre las instituciones establecidas, o si han creado algo han seguido el mismo esquema verticalista de poder. No conozco ninguna experiencia en el mundo, por más pequeña que sea, que haya recreado un organismo o institución con un funcionamiento social amplio y con alta participación de la población. Ni siquiera sus propias organizaciones funcionan en forma diferente al esquema patriarcal liberal y reproducen el mismo sistema piramidal que dicen cuestionar del sistema capitalista de poder, donde las superestructuras están en la cúspide y las mayorías trabajadoras en la base de la pirámide.

El piramidalismo, sistema que fuera creado por el patriarcalismo y que ha alcanzado su mayor nivel en la etapa neoliberal y neodesarrollista del capitalismo, donde se ha logrado perfeccionar aún más la pirámide social y epistemológica antropocentrista. Sistema civilizatorio del que la izquierda no ha logrado salir de ese molde, sin que pueda rebasar la mentalidad vertical, fragmentaria, racionalista, ilustrista, en suma, positivista, por lo que en el fondo la izquierda es patriarcalista y antropocentrista, y por ahí también se explica sus fracasos. Incluso, muchas organizaciones indígenas, afectadas o influenciadas por la izquierda, tampoco funcionan en una forma concejil, horizontal, cooptativa y cíclica; sino en formas piramidalistas de poder. También muchas comunidades colonizadas, ya no funcionan orgánicamente por turno y rotación, sino que eligen mediante votación a directivas de tipo vertical y en especialidades.

La izquierda que ha llegado al poder, sea de un gobierno nacional, provincial o sectorial, máximo se ha montado sobre la institucionalidad colonial y la burguesa, haciendo algunos retoques y reajustes, pero de ahí nada raigal. A la final solo se han producido cambios de funcionarios, pero el sistema institucional primigenio ha seguido siendo el mismo. Logran hacer algunas obras y obtener ciertos beneficios populares (y lo demás se roban[1]) pero nada estructural, nada que implique el remontar y recrear otra forma de organización estatal, productiva, económica, y que implique un reordenamiento social profundo.

De ahí que la izquierda no es revolucionaria sino reformista, por más discurso radical y acciones violentas que hayan realizado (las mismas que además son expresiones patriarcales), y porque principalmente no se proponen modificar el poder lineal y hegemónico sino solo fusionarse al poder establecido incorporando a sus militantes, con lo cual, únicamente han logrado recrear nuevas formas de dominación dentro del mismo esquema piramidal de reproducción social (estatalismo).

La izquierda que ahora se opone a la izquierda populista en el poder (progresismo), y que al principio estuvieron en el gobierno o fueron parte de él, todos ellos procedieron a realizar y aprobar nuevas constituciones, pero las mismas solo lograron una ampliación de derechos y de funciones, es decir, una serie de reformas pero nada de fondo que implique avanzar y peor terminar con el sistema de estado burgués y mucho menos con el sistema civilizatorio y las epistemologías patriarcales. Incluso se equivocaron en muchos aspectos y lo único que consiguieron es centralizar aún más el poder en una sola persona. Por lo que también son izquierdas reformistas, pues no se plantearon ni procedieron a reestructurar el sistema colonial eurocentrista y tampoco lo han criticado posteriormente. Unos siguen defendiendo esas constituciones aprobadas y solo pretenden hacer ciertos reajustes, y otros quieren regresar al sistema liberal clásico de los tres poderes solo que más separadas las funciones, es decir, todos se proponen profundizar el mismo sistema nortecentrista de poder oligopólico. No he escuchado hasta ahora que hablen de un sistema asambleario, de una democracia horizontal, de un consejo de gobierno, de un poder representativo cíclico o toroidal, de una acción co-ejecutiva…

Todos, sean las izquierdas de la ex URSS, de China, de Cuba, de los progresismos actuales, o de las izquierdas en oposición a todos ellos, teóricamente se han escudado en el mismo argumento del centralismo democrático, de que en la etapa de transición deben funcionar en el sistema concentrado y hegemónico del partido y del gobierno, tanto para salir del capitalismo como en la construcción del socialismo, para solamente extinguirlo cuando se llegue al comunismo en donde habrá un sistema verdaderamente popular, descentralizado, asambleario, y en el que desaparecerá definitivamente el Estado, la democracia y los partidos políticos. Desde Marx, pasando por Lenin, Gramsci hasta los neo-marxistas, todos defienden el sistema popular o proletario centralizado piramidal. Por ahí, algunos han hablado de ampliar o de descentralizar la economía pero muy poco del gobierno presidencialista y nada del Estado verticalista. Incluso, revolucionarios como Rosa de Luxemburgo o Trotsky, que denunciaron al burocrático socialismo verticalista fueron perseguidos, puestos en prisión y asesinados, justamente por las izquierdas reformistas y las fundamentalistas, los dos extremos del patriarcalismo oligopólico. Y las izquierdas populistas reformistas siguen actualmente el mismo ejemplo, aunque no han llegado a asesinar.

La izquierda ha escrito y sigue escribiendo cantidad de libros, artículos, y han muerto miles luchando por la toma del poder, pero no dicen casi nada de qué es lo que van a hacer con el poder burgués: la desinstitucionalización del gobierno piramidal, la desestructuración del estado liberal, la descolonización del sistema social, la descivilización del paradigma patriarcal, etc. Creen que solamente estatizando y nacionalizando la producción y /o la economía ya es suficiente, o modificando las relaciones de propiedad o de apropiación ya se sale del capitalismo. Siguen sin entender que el capitalismo solo es un tentáculo entre los otros que constituyen el sistema-mundo piramidalista, que además genera antropocentrismo, racionalismo, materialismo, consumismo, racismo, sexismo, fundamentalismo religioso, etc. Y si no hay una acción transversal a todo ello solo reproducen el mismo esquema desde otro ángulo, como lo vemos claramente en China o Cuba.

De ahí que la izquierda hasta ahora no haya logrado salir del capitalismo y peor haya creado un territorio “libre”, ni un municipio emancipado, ni siquiera una universidad[2], ni una actividad productiva, ni una organización social, nada de nada. Se han tomado el poder o lo han ganado vía eleccionaría pero luego el poder del sistema los ha absorbido y los ha burocratizado, sin que hayan logrado nada sustancial a nivel institucional y ni siquiera hayan motivado a un empoderamiento de la sociedad en un alta conciencia social revolucionaria. A lo máximo cierta redistribución, pero a la final estas políticas han terminado en asistencialismo o clientelismo, que más bien han alimentado aún más su dependencia limitándose a esperar o a exigir que los gobiernos les den más obras y beneficios porque son “sus derechos ganados”, lo que en la práctica ha significado tan solo el desarrollo de la comodidad y del consumismo[3]. La derecha ha sido menos clientelar aunque más explotadora, con ello el pobre se ha visto obligado a despertar su inventiva para buscar su sobrevivencia y transformación, en cambio, la izquierda transforma al pueblo en un ente pasivo y desmovilizado, que tiende más a la caridad que a una creación revolucionaria.

Los únicos que hasta ahora se han salido de este esquema de la toma del poder son los zapatistas en la selva Lacandona y las comunidades autónomas de Oaxaca en México, ciertas comunidades kurdas en Turquía y Siria, la comunidad de Sarayaku de Ecuador, y los grupos anti-sistema (bio-comunidades, eco-aldeas, etc.) en varias regiones del mundo. Aquí también podríamos integrar a los llamados “pueblos en aislamiento voluntario” y ciertas comunidades “escondidas”, que ni antes ni ahora han sido integrados al sistema antropocentrista y todavía siguen siendo vitales, por lo que son los únicos pueblos verdaderamente “libres” (o en equilibrio) en todo el mundo.

En el caso de los zapatistas y de los kurdos, no han renunciado a la toma del poder sino que lo están construyendo, en cambio los grupos antisistema no se han planteado todavía la dirección del poder y no tienen una acción política amplia. Es obvio que están minando el sistema capitalista al crear sistema paralelos de vida y tienen una visión política anticapitalista en su práctica de vida cotidiana, pero no alcanzan a tener una acción política plena y decisiva a nivel de los poderes gubernamentales nacionales y sectoriales, por lo que algunas izquierdas los acusan de contrarrevolucionarios o retro-revolucionarios. Por el contrario, las izquierdas tienen una participación política total y luchan por el poder, pero no la están construyendo ni desde abajo ni recreando formas alternativas o subversivas de vida. Algo que faltaría profundizar en los zapatistas y kurdos, ya que no solo es suficiente cambiar la organización social y la forma de gobierno, sino las formas de producción y de habitación para que sea plenamente sustentable la nueva vida. En este sentido, el desafío para los revolucionarios es conjugar todo ello.

A este momento vale recuperar lo que decía Raul Zibechi[4]: “Las alternativas al capitalismo no nacen ni en las instituciones estatales ni en el centro del escenario político sino, como toda creación cultural y política, en los márgenes, lejos de las relaciones sociales hegemónicas y de los reflectores mediáticos. Es creación y lucha: se resiste y se lucha para no morir; se crean los mundos nuevos para no repetir lo viejo.”

Poco a poco, ciertos grupos y colectivos alternativos, como los autonomistas de tipo anti-sistema o contra-sistema, van entendiendo que será importante recuperar la dirección de sus naciones y territorios, además de la recreación de los nuevos sistemas sociales que lo vienen haciendo y que es lo más revolucionario que hay hasta ahora. Paulatinamente van tomando conciencia de que se deberá entrar a disputar los gobiernos cuando hayan más espacios con gente en otra conciencia y sea natural el cambio político, y de esta manera no se quemen o se domestiquen dentro del sistema oficial.

Algunos dirigentes indígenas también actúan en este sentido, por ejemplo, los que crearon las universidades indígenas desde otras formas y epistemologías a las del norte global, pero la mayoría de miembros del movimiento indígena tienen mucha influencia de la visión asaltadora del poder y solo se esfuerzan por llegar al poder liberal. En este mismo nivel están los grupos indianistas, especialmente en Bolivia y Perú, que tan solo siguen empeñados en tomarse el poder pero que no hacen nada por recrear espacios nuevos de vida ni por reconstruir territorios autónomos.

Las posiciones firmes de ciertos grupos que enarbolan el sumak kawsay (no: el buen vivir) en el caso de los Andes, tienen bastante claro esta transversalidad y multidimensionalidad, y están abriendo el análisis y el camino desde otros andariveles, viviendo la nueva vida en la cotidianeidad y participando activamente en la acción intelectual y política de masas.
NOTAS

[1] Todos los gobiernos progresistas, como los de Cuba, China, Corea del Norte son acusados de corrupción masiva.

[2] La Flacso y la U. andina creadas por gente de izquierda siguen el mismo esquema antropocentrista en su configuración interna y en los estudios que ofrecen. Totalmente diferente a la extinta Amawtay Wasi que fuera desaparecida paradójicamente por otras izquierdas. Peor la Yachay Tech, aquí un artículo resaltable de Sebastián Vallejo http://www.telegrafo.com.ec/opinion/columnistas/item/yachay-una-gran-ironia.html

[3] “El consumismo, decía Pasolini hace casi medio siglo, despolitiza, potencia el individualismo y genera conformismo. Es el caldo de cultivo de las derechas. Están cosechando lo que sembraron.”  Raül Zibechi http://www.jornada.unam.mx/2015/10/30/opinion/021a1pol


[4] La Jornada: Ciencia, salud y anticapitalismo

sábado, 21 de noviembre de 2015

LA DEMOCRACIA, OTRA FORMA DE QUITAR PODER AL PUEBLO


¿Es la democracia totalmente diferente a la monarquía o es una expresión de la pos-monarquía? ¿El monopartidismo de Cuba será diferente del bipartidismo de EEUU? ¿Serán la democracia capitalista y la democracia socialista, los dos lados de la misma moneda? ¿Es el pensamiento único o monoteísta la fuente primaria de todo lo creado por occidente?
En el mundo indígena, milenario y mundial, no existen la democracia, los partidos políticos, las elecciones, la división en los tres poderes… ni nada de la manera en cómo funciona el sistema occidental en sus versiones de derecha e izquierda. En el sistema-mundo de tipo comunitario, el gobierno se lo ejerce por turno y rotación, esto es, cada año una pareja tiene que asumir obligatoria y responsablemente la dirección de la comunidad. Esto significa que todos pasarán alguna vez por ese puesto, sin que exista algún privilegiado que se quede perennemente, por lo que la alternabilidad es un principio básico. Esta tarea tampoco es remunerada, es un año de servicio que se debe ofrecer a los comunarios, de la misma manera que otros lo han hecho a su turno. La dirección es paritaria, esto es, interviene la pareja con su aporte masculino y femenino, de ver y de sentir la vida. La dirección es de tipo horizontal y cíclica, esto quiere decir, que la pareja siempre tiene que consultar a la comunidad, especialmente en situaciones complejas y no tomar decisiones a nombre de todos. Cuando se trata de mancomunidades, se forma un consejo de gobierno, con delegados de cada una de las comunidades. Y cuando forman una reunión o federación de mancomunidades, los representantes de cada mancomunidad constituyen el consejo de gobierno. Y así sucesivamente hasta llegar a la totalidad donde hay un consejo nacional que gobierna con varias personas.
Este sistema de gobierno y de forma de vida, que proviene de ontologías de tipo vital e integral (paradigma tetrádico), es totalmente diferente al sistema occidental, en sus versiones capitalistas y socialistas, y que son fruto de ontologías de tipo mecanicista y de especialización (paradigma monódico). Por su parte, dentro del modelo eurocéntrico no existe gran diferencia entre la concepción liberal y la socialista de gobierno. Principalmente, ambos creen en el sistema de partidos políticos como elemento central y básico para el ejercicio de la democracia[1], incluso consideran al partido como la máxima expresión de clase, esto último especialmente enarbolado por la izquierda leninista.
Lo que significa que en última instancia la política es solo para los políticos, el gobierno solo para los partidos políticos, la democracia solo para quienes participan en las elecciones partidistas. En otras palabras, la democracia como monopolio de los partidos políticos.
Tipos de monopolio:
1.       El gobierno como monopolio de los partidos políticos: Todo aquel que quiera ser parte de un gobierno, obligatoriamente debe pertenecer a un partido o movimiento político.  Lo que quiere decir que en la práctica la política es solo para quienes son parte de los partidos políticos. Habiendo en el politicismo extremo o fundamentalismo partidista, políticos que creen que si alguien que no pertenece a un partido se atreve a hacer críticas políticas, es alguien que está usurpando una potestad que no se le ha sido concedida. Caso patético, el del presidente del Ecuador, Rafael Correa, para quién una persona que no pertenece a un partido político y que emite pronunciamientos políticos, es un periodista o economista o empresario o ecologista disfrazado de político. Si alguien quiere hacer política debe pertenecer a un partido político sino, no es válida su actitud.  Sin embargo, para Correa, aquellos que pertenecen a partidos políticos y le hacen comentarios adversos, es porque son políticos limitados en su inteligencia. No son contradictores con puntos de vistas diferentes sino, políticos mediocres.
2.       Las elecciones como monopolio de la política por parte de los partidos políticos: En la democracia o política occidental pueden participar de las elecciones solo las organizaciones políticas legales, sin que tengan ninguna posibilidad de participación las demás organizaciones de la sociedad civil: sindicatos, gremios, nacionalidades, colegios de profesionales, organismos no gubernamentales, etc.  A pesar de que estas organizaciones son permanentes en la vida social, pero no tienen ninguna opción de gobierno.
3.       La democracia presa del marketing político: La dirección de un gobierno solo está abierto o destinado a personajes carismáticos que tienen facilidad y rapidez de palabra para convencer a los electores. Una persona puede ser muy inteligente, muy capaz, muy experimentada, pero si no tiene habilidades para hacer el mejor show político, jamás podrá llegar a ser presidente o autoridad de un país. De ahí que los asesores políticos lo que hacen es buscar a carismáticos y si no los hay, intentan crearlos. Por lo que actualmente la democracia es la disputa entre los mejores psicólogos de masas y los publicitas políticos.
4.       El gobierno por parte de una sola persona (autocracia): En este juego político llamado democracia, se le entrega a un solo individuo la potestad de dirigir a millones de personas. Sin embargo en las democracias con separación de poderes hay ciertos límites, pues puede darse el caso de que un partido gane todos los poderes y controle todas las funciones del Estado, lo que significa que todo queda en manos de una sola persona, como sucede actualmente en Ecuador, Bolivia, Venezuela. De ahí, que algunos hablan de dictaduras o de monarquías, pero en el juego democrático es posible esa concentración de poderes y se lo ha visto en gobiernos de derecha y de izquierda.
5.       La democracia presa del voto: La máxima legitimación de la democracia está en las elecciones. El pueblo vota y con ello queda supeditado al elegido, al considerar éste que le fue concedido el arbitrio de manejar a su criterio los destinos de un país. Lo que significa, que la democracia es el acto en el cual el pueblo le entrega el poder a un individuo y posteriormente éste se queda en indefensión, ya que el mandatario adquiere todo el poder que el pueblo le traspasa. Al ganar las elecciones se le conceden todos los poderes, con sus prebendas y ventajas que ello tiene.
6.       La democracia de un día: La democracia solo se abre por 10 o 12 horas y luego se cierra definitivamente, sin que el pueblo tenga otro nivel de intervención directa. El pueblo solo tiene el poder por pocas horas y todo el resto del período de gobierno tiene que simplemente aguantar si se equivocó al emitir su voto. La democracia solo son votos, y el pueblo es un simple papel en el cual firma su sentencia por 4 o 5 años que dure el período de gobierno. Este el juego democrático, en el que el pueblo pierde todo su poder mediante las elecciones. Cada vez que una persona se acerca a las urnas entrega su vida a manos de un individuo. Encima convencido de que ha cumplido con la patria y creyendo que el poder está en el pueblo, cuando en verdad lo ha perdido. La patria y la vida son un voto, y en ese voto está su estrangulamiento o su aireación.
7.       La democracia como forma de quitar poder al pueblo. Si bien el pueblo puede recurrir a la resistencia o a la revocatoria en caso de que no esté de acuerdo con su gobierno, pero el presidente tiene todo el aparato estatal a su servicio, entre ellos, a las fuerzas represivas que son su vanguardia. Lo que quiere decir que el pueblo le entrega en bandeja a ese individuo las fuerzas armadas y policiales para que le repriman y solo defienda al presidente. El pueblo con su voto se condena a sí mismo a recibir la represión, efectivizada por sus propios hermanos policías y militares. En la práctica no hay revocatoria, pues casi ningún gobierno en el mundo ha sido sacado mediante esa vía, de ahí que solo a través de una revuelta o rebelión ha sido posible terminar con un gobierno autoritario.
En síntesis, la democracia consiste en formar un partido político, ganar las elecciones, y entregarle todo el poder al líder, pues, éste normalmente reclama la independencia partidista bajo el argumento de que ahora dirige a todos los habitantes. De esta manera, todo se concentra en ese individuo y todos esperan que ese personaje tome buenas decisiones, pero si son equivocadas deben esperar a que termine su mandato para “castigarle” a su partido político en las urnas o a su heredero. Esto sucede principalmente en las democracias de los países industrializados, los cuales deben soportar los malos gobiernos bajo el argumento de que así funcionan las democracias sólidas y desarrolladas, esto en otras palabras, significa agachar la cabeza por haberse equivocado en las urnas. Por ejemplo, el presidente de Francia, Francois Hollande, tiene menos del 10% de aprobación a su gestión pero nadie dice que se le debe revocar el mandato ni le piden que renuncie  y mucho menos piensan en tumbarle del poder, sino simplemente están esperando a que se termine su período, para votar por otro que haya hecho una buena oposición y a quien delegarán el próximo destino de sus vidas. Todos, o casi todos, están convencidos de que no hay otra forma de gobierno, pues, creen que la democracia es la mejor y la más desarrollada forma de organización social y de gobierno que ha creado la humanidad en toda su historia.
Ni derechas ni izquierdas cuestionan a este sistema, y solo critican a algunas formas o métodos de elección o de aplicación, y a lo máximo que llegan es a plantear la profundización o radicalización de la democracia, pero nadie de ellos dice que hay que salir de ella e ir a otra forma de gobierno con otras reglas y métodos de funcionamiento. Todos ellos están de acuerdo con el monopolio de la política en los partidos políticos y en la designación de las autoridades mediante votaciones. Nadie de ellos valora o toma como referente al sistema indígena, ni siquiera lo conocen, y si algo saben, lo califican como atrasado o idílico o irreal para este tiempo.
Con lo anotado, podemos también decir que no existe mayor diferencia o distancia entre las dos formas de gobierno que ha producido occidente: la monarquía y la democracia, pues en ambos sistemas el pueblo sigue en estado de indefensión en la medida que acepta el poder de un monarca o le entrega el poder a un presidente. Las diferencias son formales, en los niveles y en los tiempos en que se utiliza ese poder aceptado o entregado.
El proyecto civilizatorio de tipo monárquico o democrático cumple el mismo propósito que es el de someter al pueblo, ya sea por vía del absolutismo o por vía de las urnas. El pueblo, tanto en la monarquía/dictadura como en la democracia, solo es peón o siervo o empleado o mártir, de quienes están en el poder piramidal. Todo lo contrario al sistema indígena que jamás le entrega su poder a nadie, siempre lo tiene consigo y puede disponerlo en cualquier momento. En el mundo indígena milenario no se desprecia al poder, como se lo enseña en occidente al señalar que el poder es negativo. Esto muy bien le conviene al poder instituido, para lo cual solo van cambiando los personajes y así convencen al pueblo de que su voto tiene un gran poder en las elecciones y que puede cambiar a su libre albedrío a las autoridades de turno que le representan.
Desde la episteme indígena se entiende que todo en la vida es un poder y ese poder hay que conocerlo y cultivarlo, para aprender a convivir en equilibrio entre los diferentes poderes que hacen y constituyen la vida. De ahí, que en el mundo indígena o vitalista lo más importante es el poder interior, al contrario  del mundo occidental que solo trabaja el poder exterior: dinero, títulos, armas.
En este sentido, la izquierda no ha sido ni es una propuesta revolucionaria alter-sistémica sino solamente intra-sistémica, de ahí que no haya habido ningún cambio real y profundo hasta ahora en el mundo. Lo revolucionario actualmente viene desde el pensamiento indígena o matricial o alternativo u horizontal, a todo lo cual nosotros lo llamamos VITALISMO, con sus versiones particulares de cada región de la madre tierra. Así en el caso de los Andes, actualmente se lo denomina en lengua kichwa como sumak kawsay y en aymara como suma qamaña. Si bien, la introducción de estos paradigmas en las constituciones de Ecuador y Bolivia es un paso importante, no pueden quedarse como simples enunciados sino que deben revolucionar todo lo construido por el sistema civilizatorio, empezando por la forma de organización social y el sistema de gobierno. Ahí será posible otro mundo y por ende una nueva vida.
ATAWALLPA OVIEDO FREIRE
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[1] Es un debate, en nuestra opinión, estéril: no hay democracia sin partidos y los males de los partidos son, en parte, los mismos que aquejan a otros sectores de la sociedad. DEMOCRATIZAR LA DEMOCRACIA, Ignacio Ramonet, Le Monde Diplomatique, No. 241 Noviembre 2015

jueves, 12 de noviembre de 2015

PACHAMAMISTAS y PACHAPAPISTAS: EL CAMINO Y EL CAMINANTE

El abuso y mala utilización de la palabra pachamama – la espiritualidad, la filosofía, y sistema de vida de los pueblos originarios – ha sido calificado como pachamamismo. Pero, algunos críticos del pachamamismo o los pachapapistas (como les vamos a bautizar), por falta de ecuanimidad, profundidad y conocimiento han caído en el otro extremo, y sin que hagan la diferencia para que esta postura sea resaltable y rescatable. Si bien es cuestionable el pachamamismo, no se puede caer en el otro lado de lo mismo a pretexto de combatirlo. Todo lo cual da como resultado dos perspectivas degradantes de la pachamama o madre tierra, y de lo indígena o pueblos originarios. Pachamamismo y pachapapismo, dos caras de la misma moneda.
No se puede confundir al caminante con el camino. Los pachamamistas confunden al caminante y los pachapapistas al camino. Una cosa es cuestionar al camino y otra a los caminantes. No porque los caminantes hagan mal uso del camino se puede decir que el camino está equivocado, a menos que también estén en desacuerdo con el camino. Y esto último es lo que se puede observar de los pachapapistas, que al criticar al caminante terminan criticando al camino, dejando entrever que en el fondo se oponen al camino milenario de los pueblos indígenas. Resultando a la final más papistas que el Papa.
Los colonialistas desde un principio criticaron el sistema y forma de vida de los pueblos amerindios y los neo-colonialistas de derecha e izquierda lo siguen haciendo de la misma manera. Los conservadores y los marxistas siguen diciendo que el pensamiento indígena es atrasado, que solo el pensamiento liberal y el materialismo dialéctico sirven para entender la vida y la historia social, respectivamente. Pero lo que más extraña es que quienes se dicen defensores de lo indígena, comulgan y asimilan posturas positivistas para hacer sus críticas a los pachamamistas y no desde concepciones y epistemes propias de los indígenas.
Por ejemplo, de parte y parte: los pachamamistas dicen defender la pachamama pero al mismo tiempo la folclorizan y concomitantemente apoyan políticas extractivistas. Los pachapapistas dicen también defender lo indígena pero cuestionan a la pachamama, pues para ellos la tierra no es “madre dadora de vida” sino tan solo recurso natural y sin que haya mayor diferencia con la visión materialista y cosificadora de la naturaleza que tiene el pensamiento colonizador, aunque algunos de ellos dicen que buscan la descolonización. Por tanto tenemos dos extremos, los que se han desviado del camino (pachamamistas) y los que desconocen el camino (pachapapistas).
Entre los pachapapistas tenemos a socialistas, comunistas, indianistas, kataristas, indigenistas, liberales, conservadores, socialdemócratas, cristianos, católicos, positivistas, ateos… quienes dicen que el concepto de pachamama es: atrasado, arcaico, esotérico, mágico, new age, irracional, subdesarrollado, poético, de ciencia ficción, romántico, esencialista… Entre los pachamamistas, tenemos principalmente a los autodenominados “nueva izquierda” o progresistas (que están actualmente en el gobierno) y a un sector de las izquierdas que los apoyan. Pero hay otros que no caen en ninguno de estos extremos y que intentan guardar sindéresis, lo que no quiere decir eclecticismo sino equilibrio, como tampoco que sean perfectos ni que cometan errores.
un problema de fundamentalismo
Dicho de otra forma, hay un problema de fundamentalismo de lado y lado: los pachamamistas con posturas culturalistas, ecologistas, indigenistas, socialistas, comunitaristas, puestos cada uno – o un grupo de ellos – como entes céntricos, sin que haya una mirada transversal, integral, relacional. Pero lo más cuestionable de ellos es su práctica, llena de domesticaciones de por medio, lo que ha sido muy evidente en los gobiernos de Morales y Correa. Y por el otro lado, tenemos otro tipo de dogmas y sectarismos, como el patriarcalismo, el materialismo, el desarrollismo, el racionalismo, el antropocentrismo, el productivismo, el economicismo, el cosifismo, etc. Al igual con las mismas falencias de falta de complementariedad, reciprocidad, completud, y continuidad histórica entre cada uno de esos elementos[1]. Por ende, ambas visiones son sectoriales y aisladas, aunque algunos de izquierda crean que sus posiciones son revolucionarias y empoderadoras.
Más ejemplos: Al pachamamista de Evo Morales jamás se le había conocido como alguien que participe de rituales ancestrales o de que practique la espiritualidad indígena. Tan solo se lo vio por primera vez cuando fue investido en tan alta magistratura de presidente de Bolivia, siguiendo el ritual de posesión de la tradición aymará.  Los que estuvieron a cargo de este acto y que manejaban la “Asociación de Amautas de Tiwanaku”, no eran los idóneos ni los más consecuentes con la espiritualidad indígena, pues hace tiempo que la habían comercializado y folclorizado. Es más, quién le envistió con el poder  de mando resultó ser un narcotraficante. Si bien todo esto es criticable y rechazable, no se puede meter a todos en el mismo costal y en ello a la espiritualidad indígena. A menos que en el fondo se quiera cuestionar la espiritualidad como tal y se utilicen estos ejemplos para mal interpretarla y desmontarla, lo cual es otra cosa. Y eso es lo que hacen los pachapapistas, pues hay otros que también cuestionan todo ello pero diferencian entre folclorismo y espiritualidad.
Habría que preguntarles a los pachapapistas si rechazan el ritual espiritual como tal, sea cual sea, y sin importar la tradición. Si es así, han elegido otro camino, que puede ser laico, ateo, seglar o cualquier otro, y por lo tanto no es el camino de la cultura indígena que cree en la espiritualidad aunque no en la religión. Y esto es fundamental de entender, pues luego de la influencia católica hay en ciertos indígenas una mezcla de lo milenario con lo colonial, los mismos que vienen desnaturalizando y deformando la concepción y visión ancestral andina. Pero no por ello se trata de negar y peor rechazar la espiritualidad y cosmovisión o conciencia andina como lo hacen los pachapapistas.
Los pachapapistas no pueden diferenciar entre religión y espiritualidad, calificando a todos como esotéricos o new age, sin que puedan establecer la diferencia entre unos y otros. Incluso, la creencia en la divinidad ya es un absurdo para algunos de ellos y terminan rechazando toda expresión sagrada. Con lo cual, coinciden con visiones ateas o laicas en el mismo orden que algunos colonialistas, lo que significa que el pachapapismo no es una propuesta descolonizadora sino otra forma patriarcal de lo mismo. El mundo andino milenario no es ni religioso ni seglar ni ateo ni laico, es profundamente espiritual (aunque no religioso o dogmático) y que implica la correlación entre lo material y lo energético, lo mundano y lo sutil.
De otra parte, el camino indígena milenario no entiende a la naturaleza como cosa sino como un ser viviente y por lo tanto sintiente y pensante. Muy diferente a las visiones occidentales del materialismo histórico y el positivismo, para quienes la vida es la continuación de la evolución de la materia, en cambio para los pueblos milenarios andinos desde su visión tetrádica (o tawantin en quechua o tiwanaku en aymará): la vida, es la fuente de la vida misma, sin que nadie fuera de ella la haya creado.
Bajo todas estas circunstancias señaladas, los pachapapistas son virulentos y dicen que se quiere regresar al pasado, de que no se quiere desarrollar, de que son posturas irracionales, etc. Si bien los pachamamistas reivindican el pasado y tienen posiciones idealistas sobre el pasado, no se trata de coincidir con el conquistador quien los acusa de primitivos, salvajes, guerreristas, violentos, etc. Es obvio de que no se trata de idealizar ni de volver al pasado pero si de tomarlo de referente o de experiencia, pero entendiendo que todo debe ser parte de una continuidad histórica y no el de crear una mixtura poscolonial como es la propuesta del socialismo o del “poder indio” de los pachapapistas. Ambas posiciones encierra nociones marxistas, indigenistas, comunistas, desarrollistas, liberales, que más se acercan a la filosofía positivista del colonizador que a la milenaria indígena. En el fondo (especialmente el Poder Indio) lo que quieren es virar la tortilla contra los blancos y los mestizos.
no defendemos purismos ni chauvinismos ni aislamientos
Con esto no defendemos purismos ni chauvinismos ni aislamientos, pero sí, el entender que la raíz principal es la ancestral y a la cual hay que agregar los elementos y las situaciones que sean necesarias y no al revés como proponen los pachapapistas. Es decir, un proceso de descolonización implica pensar de una manera propia y ésta tiene un recorrido de miles de años y no empieza con la resistencia a la colonización ni se termina con hacer una nueva forma desde las generaciones actuales. No se trata de quedarse en el pasado ni desvalorizar el pasado pero tampoco de idealizar o de pensar solo en el futuro. O como dice un pensamiento indígena: para que vuelva el pasado al futuro, depende de cómo actuemos en el presente. Entonces, con pachamamismos y pachapapismos no hay descolonización alguna sino nuevas formas de dominación. De ahí que sus extremismos los diferencian pero también los asemejan.
Cuando se habla de armonía con la naturaleza, significa su búsqueda como propósito de vida aunque no siempre se la logre plenamente. Hablar de armonía antes de la invasión española no quiere decir que se vivía en un paraíso, sino que se buscaba el equilibrio o el punto medio (taypi) entre las diferentes disputas o controversias como medio de vida. Algo que no siempre se lograba pero había la intención de practicar conceptos como el consenso, la reciprocidad, la complementariedad, la integralidad. Definitivamente no eran “buenos salvajes” ni lo contrario, eran pueblos en la búsqueda del equilibrio y la armonía (que eso significa sumak kawsay/suma Qamaña).
En este sentido, no porque los pachamamistas con su buen vivir/vivir bien hayan desnaturalizado al modo de vida indígena, se pueda despreciar y rechazar al sumak kawsay/suma qamaña o sistema comunitario de vida andino. Se puede criticar al prostituido “Buen Vivir”, pero al mismo tiempo trabajar por profundizar el milenario sistema comunitario andino, y no criticar a los dos como que fueran lo mismo y sin poder ver sus diferencias.
Eso es lo que tampoco puede ver Pablo Stefanoni cuando critica a intelectuales y académicos que desde esa condición hablan de la pachamama, como que ella solo estuviera reservada para los indígenas y que un intelectual por ese hecho ya está impedido de sentir y pensar con la pachamama. El problema no es racial sino conciencial.
Asimismo es típico escuchar o leer a Pedro Portugal mofándose de los que hablan con los pajaritos. No sé si se refiere a Nicolás Maduro o a partir de él reírse de quienes hablan seriamente con la naturaleza como un ser viviente y por ende inteligente. Si Portugal se ríe porque no se hable en castellano o en aymará con los animales para que le puedan demostrar a él de que si es posible la comunicación con ellos, pues debe saber que hay muchos experimentos científicos a nivel mundial que señalan que las plantas o los animales reaccionan a los sentimientos y actitudes de los hombres, y por ende viceversa. Le invito a leer los siguientes artículos:http://www.lavanguardia.com/lacontra/20101229/54095622430/las-plantas-tienen-neuronas-son-seres-inteligentes.html y http://www.elcomercio.com/tendencias/cancer-perros-inglaterra-diagnostico-salud.html
También le invito a Pedro Portugal que coja una planta y le comience a insultar por varios días para ver qué pasa. O que aplique algunas de las investigaciones de Masaru Emoto con respecto a la memoria del agua. Luego de que haga eso, podremos hablar seriamente. Si los animales, plantas y minerales reaccionan a los seres humanos, es obvio que los seres humanos también pueden sentir y percibir lo que pasa en ellos, pero para ello hay que estar atento y lúcido. No porque algunos falsos chamanes hagan “teatro” con la comunicación con la naturaleza, se puede decir que no existe comunicación entre los seres humanos y la naturaleza en su conjunto. Y a partir de ello, decir que eso es una irracionalidad y defender una posición racionalista-positivista, propia del pensamiento colonizador. Una cosa es lo irracional, otra el racionalismo y otra lo racional. No por criticar lo irracional se puede ir al otro extremo, que es el racionalismo. El pensamiento indígena es racional pero no racionalista y peor irracional.
Si queremos una descolonización profunda ello implica no caer en ningún dualismo, como el pachamamismo y el pachapapismo, u otros de diferente tipo y que sean reproducción o consecuencia de la influencia del pensamiento colonizador, sino el de saber guardar armonía y equilibrio en todo, como llama la racionalidad indígena milenaria. En otras palabras, lo fundamental es manejarse con categorías y valores milenarios para diferenciar lo uno y lo otro, caso contrario podemos caer en neo-colonialismos de uno u otro lado.
Ello implica limpiarse de toda concepción patriarcal, antropocentrista, racionalista, logocrática, idealista, romántica, etc, todas ellas cargas provenientes del colonialismo civilizatorio y que han sido asimiladas en diferentes formas por los pachamamistas y los pachapapistas. Sin con esto decir, que los pueblos indígenas de antes (y peor los de ahora) eran perfectos ni lo contrario, pero había una visión y una actitud integral que merece una valoración y no un desprecio como lo ha hecho el colonizador de antes y de ahora, de derecha o de izquierda, u otro nombre posmoderno.

La descolonización no implica borrar todo lo sucedido en 500 años ni de reproducirlo, sino de asimilar todo lo vivido para transmutar todo aquello que nos sirva para aprender/reaprender a vivir en armonía y equilibrio en el presente. Por lo tanto, no todo caminante que habla del camino camina por el camino, como no todo aquel que camina por el camino es perfecto sino que está aprendiendo. No intentar caminar y solo criticar desde afuera es realmente porque camina por otro camino, que en el fondo es un camino neo-colonialista.

sábado, 24 de octubre de 2015

EL PODER DE LA SOBERBIA: ALVARO GARCIA LINERA


La soberbia de Alvaro García Linera en el Encuentro Latinoamericano Progresista 2015 me conecta con la soberbia de otros tantos revolucionarios que llegaron al poder, cuando cada uno de ellos acusaban a todo aquel que demandaba rectificaciones a sus errores como contrarevolucionarios, o “agente del gobierno norteamericano y del imperialismo mundial” (Trosky), o modernamente como “funcionales a la derecha” en palabras de Alvaro García Linera o de Rafael Correa, el campeón de los soberbios (Lo que dice el Presidente es sagrado)[1].
Quizás si hubieran escuchado a todos esos “contrarevolucionarios”, hoy no hablaríamos del fracaso del socialismo real en Europa, Vietnam, China, Cuba, Korea del Norte. Al menos habría que preguntarse si esos “restauradores conservadores” tuvieron o no aciertos en sus críticas a Lenin, Stalin, Mao Tse Tung, Fidel Castro, etc. ¿Todos los “agentes del imperio” estaban equivocados en sus observaciones, o había revolucionarios claros que vieron que los contrarrevolucionarios estaban en el poder del estado burgués, que se fundieron con él y recrearon un nuevo poder de dominación?
Nos preguntamos si Alvaro García Linera habrá aprendido del fracaso del “socialismo real” Quizás algo cuando estaba en las calles y era un plebeyo encarcelado, pero ahora que está en el poder y es un rey de palacio cafeinado, lo ha olvidado todo. Durante los últimos 10 años se olvidó de ser un revolucionario de las calles y solo ahora que tambalea su reino se da cuenta de que se olvidaron de la retaguardia, de la movilización, de la participación social, de la batalla de las ideas. Ahora que teme perder su trono se da cuenta que no debían seguir a la democracia fósil del norte, sino a la democracia latinoamericana que busca la creciente participación de la sociedad en todas las decisiones.
Después de 15 años del progresismo, recién toma conciencia de que algo se puede llamar revolución si tiene la participación de la gente en el ejercicio de ese método, caso contrario el proyecto es reformista u oportunista. Habría que preguntarle si su proyecto es reformista u oportunista, o quiénes son los reformistas u oportunistas. Como está en el poder, dirá que él es el único revolucionario no-fósil, por ende los reformistas u oportunistas son los que NO están en el poder, es decir, la oposición al poder enlactosado.
Ahora que los opositores “perfumados” hablan del fin del ciclo progresista, García Linera se da cuenta de que es un falso dilema la toma del poder y la construcción del poder, puesto que ambas van unidas de la mano. Se da cuenta de que se habían concentrado en la toma del poder y que habían olvidado de la construcción del poder, y que consecuentemente lo que se ha producido es una sustitución de una élite por otra, por lo que ahora se hace necesario volver nuevamente a las calles para derrotar al adversario en las plazas y en las urnas, en las aulas y en las fábricas, una y otra vez. Ahora que son una nueva élite en el poder, recién se desayunan que hay que democratizar el poder, de jugar entre la ampliación y la concentración del poder, de hacer de la participación social el eje de la defensa de la revolución. El “leninista absoluto” que tiene a Lenin como su obra de cabecera, ahora que está su poder a punto de caerse, se ilumina y entiende que el Estado es un espacio que nos involucra a todos, de que no solo hay que concentrarse en la gestión del gobierno, de que no solo hay que hacer una buena gestión económica (por cierto, una crítica dura que hizo a Correa).
Si bien, hasta aquí parecería que Alvaro García Linera ha despertado, aunque tarde, pero que al fin ha despertado, sin embargo sigue semi-dormido en su castillo presidencial y alejado de la “verdadera lucha de clases plebeya-indígena”, pues sigue creyendo que con la hegemonía se derrota a los golpistas, a los enemigos, a la derecha, y principalmente a esos “tipos radicales de la palabra”. Entiende que la hegemonía es el acto de sometimiento, subordinación, y acallamiento de los que disienten de sus verdades. Si antes él fue sometido, maltratado, encarcelado, ahora quiere virar la tortilla e imponer esos mismos medios hasta consolidar su nueva “hegemonía cultural”. Es decir, imponer una nueva forma de dominación para que el nuevo proyecto revolucionario pueda mantenerse y consolidarse. Los que estaban abajo y ahora están arriba, someten a los que estaban arriba pero principalmente a los que se quedaron abajo y no se cafeinaron con los nuevos de arriba.
Para García Linera la nueva hegemonía se sostiene hegemonizando a los otros, sean los que sean, así sean los movimientos sociales que les llevaron al poder, es decir, solo dando la vuelta a todo. Así entiende la lucha de clases, cambiar de posición para que los de abajo suban arriba y los de arriba vayan abajo. En esta hegemonía no hay lucha de las ideas sino la derrota de los “pseudo radicales abstractos e inoperantes”, la lucha de las ideas es solo al interior de los verdaderos revolucionarios, y a “los profetas del fracaso” solo hay que aplicarles la hegemonía, derrotándolos una y otra vez. La batalla de las ideas es decisiva contra la derecha pero con la izquierda de los “timoratos de espíritus” solo cabe los tribunales y la cárcel, tal como hizo la dictadura con él cuando era un plebeyo o un Conde de calle. Pero ahora que es Conde del Palacio Quemado, dice que hay que cuidar la hegemonía de las aulas, los sindicatos, las movilizaciones, porque ahí se está atrincherando nuevamente la derecha a través de los “mediocres corifeos”.
Sin embargo, de los nobles calificativos a los ultraizquierdistas y medioambientalistas coloniales, lo cierto es, que por haberse embriagado en la toma del poder por su alto espíritu y sencillez de palabra, los progresistas no han hecho ninguna revolución o al menos una reforma estructural ni en una semana, ni en cinco años, ni en quince años. Ni siquiera han creado la retaguardia, ni la democracia no-fósil, ni el Estado de lo común, ni la profunda participación del pueblo en las calles para defender su proceso revolucionario. Tan solo siguen tratando de interpretar la realidad pero no pueden cambiarla, aunque ellos creen que de aquí para adelante si será posible, o si es que regresa la derecha volverán nuevamente a las calles, desde donde volverán a trabajar la toma del poder construyendo el poder, luego de lo cual si lograran construir el socialismo.
Obviamente no apuntan a la construcción del sumak kawsay sino del socialismo leninista y gramsciano, los indios como siempre solo instrumentos para el socialismo. El sumak kawsay para los progesistas no es un fin en sí mismo o un horizonte al que llegar, sino solo un medio para construir el comunismo, es decir, dejar de ser indios que viven el sumak kawsay para pasar a vivir el socialismo evista-linerista. Las ontologías, epistemologías, filosofías, paradigmas de los indios no les sirven para construir un nuevo mundo, solo el materialismo histórico y dialéctico son los que tienen las llaves de la nueva humanidad.
En definitiva, lo que vemos en estos 100 años revolucionarios es que desde Lenin y Stalin hasta Alvaro García Linera y Atilio Boron (máximos ponentes del ELAP) es el mismo disco repetitivo con nueva melodía, de ahí la letra es la misma. En última instancia, solo es un salto entre el fracaso del socialismo real al del socialismo progresista. En la época de Stalin, los stalinistas no se daban cuenta del fracaso que se avecinaba, como ahora tampoco los progresistas, a pesar de los gritos de alerta de los “agentes del imperio”. Vemos, que los auténticos revolucionarios que dicen no ser mediocres y ser sinceros de palabra, cuando llegan al poder se olvidan de construir el poder y cuando quieren reaccionar ya es demasiado tarde. Solo cuando la restauración conservadora se abre paso porque no pudieron construir la democracia nacional-popular y solo se dedicaron a ser “buenos funcionarios” del estado burgués, es que quieren rectificar.
Pero en realidad no es así, es solo su soberbia ante la posibilidad de perder el poder el que le hace recordar que viene de la calle aunque su formación principal viene de la monarquía española a través de su madre la condesa de Linera. Y ahora quiere regresar a la época de jóvenes en las calles, para esta vez sí combatir a la restauración conservadora que no pudo desmontarla mientras estaba contento de vivir la nobleza del poder. Solo cuando fue un joven de la calle pudo rebelarse a su estirpe de sangre, pero luego su alcurnia milenaria ha salido a flote para mostrarse cual es, un Conde soberbio que exige devoción a sus súbditos caso contrario les aplica su hegemonía real. Ninguno de los nuevos reyes-dictadores (caudillos) y nuevos ricos del progresismo supieron escuchar a los que les hablaban de construir una democracia auténtica, decisoria, participativa, y ahora quieren aparecer como los vanguardistas de estas ideas, cuando nos hemos pasado repitiendo insistentemente todo este tiempo y ellos tan solo limitándose a acusarnos de “arrepentidos cómplices”.
Ya vemos que ni la cárcel ni el poder han cambiado su soberbia, pues mientras Alvaro García Linera sea un “leninista absoluto” de alcurnia de Conde solo será un revolucionario de cabecera que no ha escuchado el despertador y que solo intenta despertarse por exceso de sueño real.

Atawallpa Oviedo Freire
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[1] Un fundamento de esta revolución es la credibilidad del Presidente. Digan lo que digan los sufridores, que son los que más me creen. Saludo cariñoso a los sufridores. Lo que dice el Presidente es sagrado. Es soberbio decir que siempre se cumple, a veces no se puede, pero hay que decirlo. Rafael Correa, Enlace 445.

sábado, 19 de septiembre de 2015

ORLANDO PEREZ, NO SEA TAN SINVERGUENZA, ¡POR FAVOR!


Comentario al artículo: Pérez Guartambel, las consignas nunca se borran, ¡por favor! [1]
Cuando no se tiene argumentos para la crítica, lo más burdo sale de inmediato y la intención de hacer opinión resulta un afán de desprestigiar por desprestigiar.
Cuando no se tiene capacidad, se escribe lo que sea para llenar un espacio y justificar el gran sueldo que le da su patrón.
Cuando se es servil, se escribe para su gran jefe y no para el público en general, solo con el ánimo de recibir las ovaciones de su círculo rosa.
Aquí, no vamos a defender a Carlos Pérez Guartambel ni a Manuela Picq ni a nadie en particular como personas, vamos a referirnos al discurso llano y seco de Orlando Pérez , director de El Telégrafo, que encierra criterios retrógrados, consignas reaccionarias, mensajes neo-colonialistas, y la más pura bajeza de un ciudadano con miopía y anorexia humana.
Orlando Pérez es de los mestizos -que así se autodefinen- para decir que no son indios y con ello sentirse más cerca de lo blanco. Lo indígena está para los originarios y lo mestizo-blanco está para los descendientes de europeos y en proceso de europeización, ésta, la típica forma de rechazar a su madre indígena para sólo aceptar a su padre blanco. Forma sutil para marcar distancia con los ancestros de estas tierras y alabar solo a los de más allá del Atlántico.
El mestizo por 500 años queriendo ser más blanco que los propios blancos, aunque sea de pensamiento ya que de fenotipo no es posible. Burdo racismo para seguir con el apartheid impuesto por el colonizador y así seguir convirtiendo más indígenas en mestizos, es decir, blancos culturalmente.
Orlando Pérez no quiere entender que hay otros que hemos preferido, en primer lugar, mirar adentro y valorar a nuestra madre que nos cobija todos los días, para desde ahí abrirse hacia afuera. Que ahora hemos aprendido a reconocer a esta tierra andina y no nos sentimos desterrados de Europa en Amerindia. Sabemos que no somos blancos ni indígenas pero no nos fundimos en lo blanco-mestizo, sino que nos reconocemos indios.
Indios, como dice Silvia Rivera Cusicanqui, somos todos mientras sigamos siendo colonizados. Así es, todos los acomplejados latinoamericanos somos indios -como nos bautizó el conquistador-, aunque eufemísticamente prefieran decirse latinos, hispanos, mestizos, porque tienen vergüenza de reconocer al indígena que llevan. Así lo entendió el indio Espejo, quien no se reclamó nunca mestizo, sino indio. Como también, más al sur: Tupak Amaru, Juan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui Salcamayhua, Guamán Poma de Ayala, y así tantos otros que no eran indígenas puros pero que prefirieron reconocerse indios y luchar junto a los indígenas, y no mestizos para sentirse más cerca del invasor, pues entendieron que el problema no era el color de piel sino de conciencia.
Los indios –que no tenemos nada de que avergonzarnos-, hemos entendido que no queremos aprender solo inglés como los mestizos-blancos sino que también queremos saber nuestras lenguas originarias. Irónicamente, hay muchos extranjeros blancos que se interesan por aprender lenguas como el kichwa, mucho más que los mestizos como el Orlando Pérez. Mestizos-blancos que se interesan más por las filosofías del colonizador que las propias de las tierras que les ha visto nacer y que les da de comer. Los indios no presumimos de vestimos con tatoo, nike, columbia, pero tampoco tenemos vergüenza de utilizar shigras y ponernos el poncho en nuestra vida cotidiana, sino seríamos folclóricos como el patrón de Orlando Pérez.
Cuánto sabrá el mestizo de Orlando Pérez de epistemologías andinas, de ciencias andinas, de ontologías andinas, pues lo único que ha demostrado saber es la crítica al movimiento indígena desde categorías y variables impuestas por el positivismo neocolonialista.
Sabemos que a todo autoritario le gusta confiscar libros, instrumentos musicales, cuerpos, como lo hizo Febres Cordero con las guitarras de Jaime Guevara y ahora el Correato con el saxofón de Pérez Guartambel y el tambor de Salvador Quishpe. Y encima se burla del “ligero morado”. Acaso quería uno pesado o empalagoso, para estar a la altura del febres-corderato?
La única diferencia entre la derecha del siglo XX y la izquierda conservadora del siglo XXI, es que los unos son abierta y claramente defensores del capital, mientras los otros, se dicen de izquierda y han hecho ganar a los empresarios como nunca en la historia del Ecuador, como lo afirmó el mismo Correa en el enlace 461.
En su doble moral, critican a la prensa amarillista porque sólo defiende a la derecha (lo cual es cierto), pero “los pasquines” gubernamentales (en palabras de su excelencia) sólo defienden a la prensa verde-flex. Cuál la diferencia? Cada cual defendiendo a sus caudillos, palabra de dios.
Las consignas no solamente se pintan sino que se las cantan, se las gritan, y eso nadie lo puede borrar, quedan en el firmamento grabadas por siempre y en la conciencia de la gente. Los quiteños también las escribieron en las paredes de su ciudad y en las de su corazón. Pero para Orlando Pérez sólo eran válidas si eran escritas con puño y letra de Pérez Guartambel. Acaso pretende que Guartambel sea el centro y el fin de todo, como su patrón Correa?
Orlando Pérez no tiene vergüenza. El cinismo le acompaña en todo dinamitazo[2] que da.
En definitiva, Orlando Pérez cree que sus manchas no son “asquerosas”, cuando bien sabemos que utiliza las paredes de los periódicos oficialistas para mancharlos con “caquita de mosco que la afee” (utilizando sus propias palabras). Lo cierto es, que el Pérez-mestizo está dedicado con su jefe a “modernizar el capitalismo” y el Pérez-indio entrega su vida a restaurar el sumak kawsay. Esa, la diferencia concreta, entre uno y otro.
La verdad, nos da vergüenza ajena, tener alguien así como director de un periódico del Ecuador, pero que más se puede pedir en la Corte de su Majestad Rafael Primero.




[1] http://www.telegrafo.com.ec/opinion/columnistas/item/perez-guartambel-las-consignas-nunca-se-borran-por-favor.html
[2] http://blog.ubicatv.com/ecuador/semblanza-de-un-periodista-demoledor-por-gonzalo-guillen/

viernes, 4 de septiembre de 2015

EL POPULISMO EN LA IZQUIERDA


Yo a diferencia de muchas personas, no creo que hay que convocar
diciendo “organicémonos para salvar el mundo”;
yo pienso que eso es una vieja discusión que hay que tratar.
Es autoconvocarse a hacerlo aquí y ahora, con los medios que tienen.
Silvia Rivera Cusicanqui
El joven militar Hugo Chávez Frías inquieto con lo que sucedía en su país, funda en 1982 el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), guiado por el pensamiento de Simón Bolívar, con algunas ideas de Simón Rodríguez y de Ezequiel Zamora ("El árbol de las tres raíces"). Por ahí también tiene algunas influencias socialistas con algunos personajes de izquierda, pero su fundamento principal era el bolivarianismo, pues para Hugo Chávez el prototipo del luchador popular era el “libertador”. Personaje a quién se lo había idealizado y convertido en un referente para las futuras generaciones de libertarios, como de igual manera se había hecho con otros personajes históricos de diferentes corrientes y expresiones: Cristo, Marx, Gandhi, Che Guevara…
Con esa formación y con esas creencias llega al gobierno de Venezuela el comandante Hugo Chávez Frías, en donde se ve en la necesidad de darle una orientación política y una salida concreta al país que quería enrumbar, pues el bolivarianismo no definía algo específico. Para ello convoca a varios personajes -principalmente internacionales- para que le ayuden a configurar su proyecto revolucionario y le den un rumbo de izquierda a su construcción. Entre esos personajes aparece Heinz Dietrich, quién logra convencerle al Comandante en dirigir el destino de Venezuela al “socialismo del siglo XXI”. Sin saber ni entender muy bien de lo que se trata, Hugo Chávez asume la tarea de construir en Venezuela y de difundirla para todo el mundo la nueva consigna inventada por su amigo mexicano-alemán.
Por ahí también aparece la comunista chilena Martha Harnecker, para de igual manera asesorar y darle más conocimientos y pautas de izquierda a Hugo Chávez, pues en esencia era un militar con inquietudes sociales pero que nunca había sido parte de un partido de izquierda ni tenía una militancia definida ni una formación concreta dentro del socialismo. Y así, aparecen o caen otros izquierdistas, de diferentes nociones y visiones para intentar construir ese socialismo del siglo XXI.
En su camino de Presidente se va empapando de la doctrina socialista y le va emparejando con el bolivarianismo para crear su "socialismo bolivariano", es decir, el chavismo. En resumen, el espíritu mesiánico y paternalista de Hugo Chávez, decide rodear de ideas socialistas a su bolivarianismo y se lanza a construir ese tal socialismo del siglo XXI, que le sugiere su gran amigo que hay que construir.
Pero luego del fracaso de la “revolución bolivariana” y de la muerte de Chávez, el propio Dietrich critica al chavismo: “Bajo Chávez, la disidencia al líder significaba el ostracismo. Los que se atrevieron a protestar en las reuniones de gabinete se expusieron a la ira del comandante. Mi amigo Chávez creó toda una cultura política de sumisión dentro de la nomenclatura oficialista que perdura hasta hoy.” (perfil.com, 19-10-2013)
En otras palabras, el afán personalista de Hugo Chávez siempre estuvo presente, haciéndose lo que el caudillo mandaba y quería. Así, hasta el día de su muerte en que eligió a Maduro para que lo reemplazara. De nada sirvieron tantos asesores formados en la vieja guardia de la izquierda pues quién tenía la última palabra era el Comandante, al punto que ahora Dietrich dice con respecto al socialismo del siglo XXI: “Ese modelo nunca se adoptó. El presidente no lo hizo y las fuerzas políticas como el Partido Comunista y los que se entienden como trotskistas están totalmente atrasados en su visión política del mundo.”
Esto que acabamos de relatar es para nosotros “populismo”, que es el acto en el cual un personaje carismático emerge en la política y asume la posición de salvador de los pobres. Se siente un predestinado para liberar a los oprimidos, quienes a su vez le deben obediencia ciega como asimismo rendirle culto a su personalidad ya que les está trayendo la liberación del yugo imperial y de la burguesía. No es alguien que llega al gobierno con una organización estructurada, con una ideología definida, con una trayectoria de lucha, en la cual se ha ido formando académica y emocionalmente, sino que simplemente aparece como un Robin Hood criollo que surge para hacer justicia a los pobres, y en el tránsito intenta darle un cuadro político definido.
Pero su fracaso es total, y que más bien conduce a un desprestigio de la izquierda en general y concomitantemente al remozamiento de una derecha rapaz y codiciosa que ahora arma sus estrategias para regresar al gobierno. Situación de la cual se aprovecha toda la derecha mundial para tomar a Venezuela como referente del descalabro que es el socialismo. Como ahora -a pretexto de las revoluciones frustradas de Correa y de Morales-, hay una campaña orquestada contra la izquierda en general.
Hugo Chávez no fue capaz de organizar y movilizar a su pueblo, de generar una consciencia política clara y precisa, de construir un partido sólido, de tomar las medidas económicas y políticas adecuadas, en definitiva, de dirigir una revolución popular sino una simple revolución a su antojo y medida: chavismo. Ni siquiera fue capaz de constituir un grupo bien preparado, o un personaje interesante que tuviera las suficientes condiciones y características para continuar con su proyecto. Dice Ditetrich: “En el momento de agudizarse su enfermedad, Chávez no había preparado a su sustituto. Ante la emergencia, confiaba más en Maduro que en Diosdado Cabello. Sabía que Maduro era muy limitado. Y también sabía que no había salvación de esa terrible enfermedad…”
Seguramente, el Comandante pensó que se quedaría en el poder mucho años y que él solito sería capaz de enrumbar a toda Venezuela al socialismo del siglo XXI. Nunca pensó que la muerte acabaría con él y a su vez con el bolivarianismo que ahora se ahoga lentamente.
Algo similar sucede en Ecuador con Rafael Correa, posiblemente el hermano menor predilecto y mejor alumno de Hugo Chávez entre todos los presidentes que conforman la tendencia del socialismo del siglo XXI, y en la que se incluyen Evo Morales y Cristina Fernández.
El joven Rafael Correa formado en el liderazgo de los boys scout e influenciado por la doctrina social de la iglesia, decide hacer su apostolado como catequista en una comunidad indígena, en donde conoce la triste realidad en la que viven los pueblos ancestrales luego de la conquista española, y refuerza su sueño en los boys scouts de ser presidente del Ecuador para desde esa posición hacer el gran cambio que necesitan los pobres.
Para ello, entiende que debe formarse académicamente con excelencia para tener los conocimientos suficientes que le permitan acceder a la presidencia. No cree en las formas típicas de la izquierda, la lucha, la organización, la militancia, sino que simplemente debe hacer los estudios necesarios que le permitan tener un amplio curriculum vitae y que sea el soporte para llegar a la más alta dignidad del Ecuador. Se forma en Bélgica y en EEUU, donde obtiene varios títulos a nivel de posgrado y regresa al país a esperar la oportunidad de conquistar el sillón presidencial, teniendo como modelos y referentes a dichos países para llevar al Ecuador al desarrollo occidental.
Hace contacto con algunos personajes que habían militado y hecho un proceso en la izquierda y/o en la lucha contra el neoliberalismo. Le conoce a Eduardo Valencia, un economista que era parte del Foro Ecuador Alternativo, grupo que tenía cierto prestigio a nivel intelectual y académico, desde donde se va abriendo camino en su objetivo. Ahora, Valencia siente un “mea culpa” por haberle abierto las puertas del foro y que será la catapulta para que posteriormente llegue al palacio de Carondelet. En dicha organización conocerá a Alberto Acosta, quién se convertirá en su hermano mayor y en el puntal para su despegue.
Sus amigos de izquierda ven en él a un joven con una buena formación académica y con un carisma que llama la atención en la población. Para ellos cualidades suficientes para postularlo como candidato a la presidencia del Ecuador. No importaba que tenga un pasado en las luchas populares, ni que se le conociera en su accionar dentro de los movimientos sociales, ni que se le haya visto en algún puesto de dirección social, nada, lo importante era su carisma y su formación intelectual, en los cuales confiaban para que gane las elecciones. Para ello, le montan un proyecto político de izquierda, convocan a muchos partidos y movimientos sociales a que los apoyen en su proyecto de “revolución ciudadana” que acababa de crear la intelectualidad de izquierda. Sin creerlo seriamente en esa posibilidad le lanzan a la contienda electoral, pero para sorpresa de todo el mundo logra ganar las elecciones, gracias –principalmente- a los dotes carismáticos de la joven promesa y del cual sus amigos intelectuales esperan gobernar en conjunto.
En otras palabras, el joven Rafael Correa, al que nadie le conocía, que había pasado mucho tiempo fuera del país,  que no tenía ningún antecedente en la vida política, y que era tan solo un profesor universitario, de pronto aparece montado en el palacio de Carondelet, desde donde empieza su sueño de cambiar al país. Mientras muchos presidentes de izquierda de Latinoamérica llegaban a la presidencia de su país, ya sea desde la guerrilla, las luchas populares, la militancia consciente, Rafael Correa llegaba desde las ONGs -en donde había trabajado algunos años- al trono presidencial.
Empieza su gobierno “revolucionario”, sin saber que socialismo mismo debía construir, pues no estaba totalmente de acuerdo con el socialismo tradicional ni con el socialismo que sus compañeros de izquierda querían construir. Conoce a Hugo Chávez y su socialismo del siglo XXI y aparece de la noche a la mañana gritando: “hasta la victoria siempre carajo”. Luego conoce a Fidel Castro y se vuelve castrista…
Así va configurando su proyecto de salvación del Ecuador, en primera instancia rodeándose de la vieja guardia de izquierda: comunistas, socialistas, marxistas leninistas, alfaristas…, hasta que encuentra resistencia en ciertos grupos que tenían otras ideas de cómo seguir ese proceso, pero que no compaginaba con lo que él quería. Pero como él había ganado las elecciones y no ellos –según Rafael Correa-, decide quitarse de encima a todos y sus “agendas propias”, pues él tenía la suya propia y que le permitiría cumplir su sueño redentor.
No estaba dispuesto a hacer un gobierno de masas ni movimientos, sino empujar su propio proyecto y crear sus propias organizaciones, en contra de las tradicionales que le habían llevado a Carandolet, y que además le querían conllevar por sus viejas propuestas y acciones de lucha. Para él, todos ellos estaban demás y principalmente equivocados en sus proyecciones de país. Además de que él se bastaba y era suficiente, pues se había dado cuenta que ya no era él sino todo un pueblo.
Al igual que Hugo Chávez, Rafael Correa empieza la construcción de su liderazgo único -como le habrá recomendado el Comandante- y que implicará ir quitando del camino a todo aquel que no compagine con su proyecto personal de cambio, pues, como dirá posteriormente en toda revolución hay contrarrevolucionarios, él es el único revolucionario y todos los que se le oponen es porque no aman a la Patria. Van cayendo uno por uno, hasta que logra quedarse con los más obsecuentes o como diría una propia legisladora del correismo: los más “sumisos”.
La revolución ciudadana deja de ser un proyecto de un grupo de intelectuales izquierdistas y de ciertos partidos de izquierda, para convertirse en el ideal de una persona. Él, cual marioneta que lo sabe todo mueve a sus sumisos y logra cooptar todas las funciones del Estado, quedando todos ellos a su servicio personal y de su sueño particular de país. Todo se hace o se deshace, a según la voluntad del gran líder Rafael Correa. Él es todo el proyecto y todo el proyecto es él. Tanto es así, que si se cae él, todo el proyecto también se cae, y en la que tampoco hay un grupo o un líder que pueda seguir el sueño del correismo.
Tampoco han hecho una revolución de abajo hacia arriba, no hay un pueblo organizado ni consciente, no hay un empoderamiento en organizaciones de base política y económica, no hay una organización partidista fuerte, ni movimientos sociales consolidados que hoy puedan defenderle cuando el pueblo se ha levantado en contra del maltrato y la prepotencia del mesías. La revolución ciudadana tambalea, ahora los correistas tienen miedo y todo el proyecto se muestra frágil. No sería raro que se caiga próximamente a través de más revueltas populares y en el peor de los casos que pierda en las próximas elecciones que se avecinan.
Así, el populismo luego del gran respaldo que le diera el pueblo ahora ese mismo pueblo le quiere tumbar. Y el populista creyendo que su carisma era suficiente para sostener a todo un pueblo y para darle haciendo su revolución.
De donde viene este fracaso? Del populismo. Ahí está la situación… Pero el populismo no solo está en estos caudillos citados anteriormente, sino en quienes los han promovido y acompañado. El señor Dietrich puede decir a este momento que no hay un lado populista en él, que creyó que simplemente la figura de un personaje podría crear una nueva sociedad. Y lo mismo podríamos preguntar a todos quienes le llevaron al poder a Correa, Morales, Fernández. Especialmente a todos los socialistas, comunistas, alfaristas…, que le siguen apoyando.
El populismo en la izquierda es algo muy acentuado, desde los guerrilleros que están dispuestos a entregar su vida por el pueblo (foquismo), hasta los políticos que hacen su misión de vida en el partido y al cual entregan todo su cuerpo como lo hacen los sacerdotes en la iglesia. Todos ellos quieren tomarse el poder para desde ahí construir su socialismo. Cada cual tiene una idea de socialismo, y cuando llegan a instancias de poder comienzan las fricciones entre ellos y se acusan de revisionistas o traidores.
Muy pocos quieren construir el “poder popular” pues implica mucho esfuerzo y dedicación, por lo que más fácil es tomarse el poder para supuestamente desde ahí crear la conciencia revolucionaria. Lo cierto es que hasta ahora no hay una sola experiencia mundial que haya logrado un cambio profundo, de arriba hacia abajo. Sin embargo hubiera sido posible, Rafael Correa tuvo todo el apoyo de casi todas las organizaciones de izquierda y movimientos sociales, además de una gran aceptación popular. Pudo haber sido el primer caso en el mundo en lograr un cambio desde el poder, pero para ello tenía que convertirse en un servidor del pueblo y no en su capataz, o como dicen los zapatistas: mandar obedeciendo, lo que para el ego de Correa es un insulto a su majestad presidencial.
De ahí, que nos parecen más consecuentes y creíbles, gente como el ex subcomandante Marcos -hoy comandante Galeano- y todo el movimiento zapatista, quienes se han salido del sistema para construir su propio país dentro de México. Todo aquel que esté dentro del sistema y que diga que desde ahí está luchando por cambiar el sistema, son bellas intenciones pero nada real -como nos dice la historia mundial-. Creemos en aquellos que ya están viviendo el nuevo sistema, como los grupos y comunidades anti-sistema y contra-sistema, y que subsidiariamente hacen acciones políticas contestarías pero más que todo acciones de conciencia sobre un nuevo tipo de vida. “Es autoconvocarse a hacerlo aquí y ahora, con los medios que tienen”, como dice Silvia Rivera Cusicanqui
Esos nos parecen más revolucionarios que los revolucionarios de aula o de fábrica, que a la final su vida personal se desenvuelve en el mismo establishment. Ni siquiera han cambiado sus formas de producción, de consumo, de alimentación, de curación, de vivienda… sino que solo quieren llegar al poder para desde ahí hacer su revolución popular a su medida e ideales.
Todo proyecto basado en la personificación de una figura -por más relevante que  haya sido-, para los indianistas es populismo. De ahí que dicen: preferimos seguir a la naturaleza que no se equivoca, que a los seres humanos que tienden siempre a darse una y otra vez con la misma piedra.


Quito, julio del 2015