domingo, 7 de mayo de 2017

LO CONTRA-SISTEMA Y LO ANTI-SISTEMA


Tanto Derechas como Izquierdas aspiran a integrarse al primer mundo, al que consideran el modelo, referente y meta para todos los pueblos del mundo. Sin embargo, no todos han caído en esta tentación, incluso el mayor rechazo se da al interior del mismo primer mundo, por aquellos que están decepcionados y desencantados de tanta artificialidad y frivolidad. Y que por el contrario, han comenzado a posar sus ojos en los “pueblos primeros” del denominado tercer y cuarto mundo, en quienes ven una alter-nativa ante su mundo consumista y anoréxico.
Ahí están ecologistas, ambientalistas, espirituales del nuevo tiempo, terapeutas holísticos, artistas de la nueva era, bio-constructores, defensores de los animales, vegetarianos, veganos, gestores del hábitat, economistas de la restitución, comerciantes “equitables”, etc. Todos los cuales se inspiran en las “primeras naciones” para enarbolar nuevos principios y/o recuperar antiguos[1] acoplándolos a los nuevos tiempos y a las nuevas tecnologías.
Han comprendido que la situación del cambio climático es apremiante pues, ya no solo se trata de acabar con la pobreza -como plantea la Izquierda-, sino principalmente de una acción contra la concentración y la acumulación de la riqueza que en su gran mayoría depreda y contamina. Lo que implica cambiar las nociones de pobreza y de riqueza, para comprender que la más grande pobreza es la que destruye la naturaleza no-humana, es decir, la vida.
Esto significa comprender que el asunto central no está en la economía o la materialidad, sino en el tipo de relación que se tiene con la naturaleza no-humana. Ahí es donde se juega el futuro de la humanidad, entre una relación mercantil y cosificadora, y por otro, una relación vital, integral, armónica. Cuando cambie esta conciencia o filosofía de vida, cambiará la economía, la política, la salud, la administración, etc. Y no al revés, creyendo que el problema es económico y que al resolver aquello se resolverá todo lo demás. Esa fue la razón de la derrota y del fracaso del “socialismo real”, pero la Izquierda sigue sin comprenderlo, especialmente los “socialistas del siglo 21”.
O como dice Ramón Grosfoguel[2]: “… en los paradigmas de la economía política se asume que lo más importante es el tema del sistema interestatal global y la división internacional del trabajo, articulado ambos a la acumulación de capital a escala global y se asume que si se resuelve eso pues se resuelve lo demás. El problema es que ese es el paradigma que se usó en el socialismo del siglo XX y fracasó. Fracasó porque el problema es que no estamos hablando de un sistema económico, es decir, no vivimos en un sistema económico, vivimos en una civilización que tiene como uno de sus componentes un sistema económico, pero ese sistema económico está atravesado por una multiplicidad de jerarquías de poder que no se agotan en la economía. (..). El problema con el socialismo del siglo XX es que entendía que resolviendo lo económico se resolvía lo demás y el problema es que no solamente no resolvieron lo demás sino que no resolvieron lo económico, porque si tú te organizas o luchas contra el capital reproduciendo racismo, sexismo, eurocentrismo, cristianocentrismo, cartesianismo y todos los problemas de esta civilización, se termina corrompiendo la lucha contra el capital que fue lo que pasó con el socialismo del siglo XX que terminó siendo capitalismo de Estado e incluso la construcción de un imperio, en este caso del imperio soviético, que practica un imperialismo hacia su periferia y terminó corrompiéndose en un capitalismo de Estado que termino al final con los obreros levantándose contra el supuesto Estado obrero. (…) Yo rehúso seguir hablando de “capitalismo global”, “sistema-mundo capitalista” o “modo de producción capitalista”. Esto nos remite a la lógica economicista de que el problema sistémico es uno económico fundamentalmente.”
Para la Indianidad no se trata de primero de luchar por la “toma del poder” para desde ahí acabar con la pobreza, sino de ir replanteando la conciencia y relación con la naturaleza no-humana, y a la par ir reconstruyendo un nuevo/antiguo sistema desde las bases y en la vida cotidiana (ecoaldeas). Acciones para disputar políticamente los espacios de máxima dirección del Estado y de la sociedad a través de cuestionar al pensamiento oficial, pero principalmente de ir generando nuevas formas y estilos de vida para que actúen como referentes y ejemplos de que si es posible un nuevo mundo.
En ese ámbito, son fundamentales las formas ancestrales comunitarias o aldeanas, como las nuevas que van emergiendo en forma de cooperativas, asociaciones, colectivos. Nos referimos a aquellas organizaciones dentro de una matriz alternativa y holística (ecoaldeas), y no las que reproducen lo mismo a través del “capitalismo verde” (comunidades cristianas, kibutz, etc.).
De otra parte, las denominadas economías populares (antes llamadas informales) que son modelos no-capitalistas o que su interés máximo no es la rentabilidad ni la excelencia del capital, van poco a poco siendo sido formalizadas a pretexto de eficiencia empresarial. Esa la táctica de la Derecha, y la ingenuidad de la Izquierda que no se da cuenta que la cooptación o asimilación es la forma moderna de integración al sistema oficial, para así evitar que sean espacios de ejercicio de otro estilo de acción económica y por ende de pensamiento y de vida.
Cuando lo que hay que hacer es cambiar las lógicas que han sido hechas por el paradigma del capital empresarial y que niega la existencia de otras formas económicas, de organización, de acción social, y finalmente de modo de vida. En este camino se inscribe lo que ahora llaman los gobiernos “progresistas” como “economía popular y solidaria”, pero que a la final entran en la dinámica del capitalismo como pequeños emprendimientos, todo lo cual afianza el capitalismo antes que lo disminuye. En vez de fortalecer las formas de economía natural de las naciones primeras, lo que se hace es formalizarlas en la economía global. Se integran a la economía capitalista, con lo cual cambian su concepción y sentido de la vida, y de esa manera desaparecen sus formas propias. Éste el neocolonialismo, empujado ahora también por la Izquierda occidentalizada.
Entonces, no solo se trata de luchar por otro sistema que elimine las clases sociales y cambie la propiedad sobre los medios de producción, sino que ésta será posible si se elimina la visión utilitarista de la naturaleza y cosificadora de la vida. Saliendo de una relación instrumental y usufructuaria[3], por una relación de reciprocidad y de organicidad biótica será efectivo y real el cambio. Seguir en la misma actitud, a pretexto de pobreza o de disminución de la brecha entre ricos y pobres, solo logrará afianzar a la economía capitalista y a la civilización antropocéntrica o contra natura, que tendrán más mano de obra calificada y un mayor consumo.  
Esto implica actuar en varios frentes. Por un lado, en una acción “contra-sistema” o al interior de lo oficial a un nivel político-económico reivindicativo, y como “anti-sistema” o fuera del Estado a través de una reapropiación de territorios y de naturalización de formas aldeanas de vida. Para que ello sea posible, hay que ir recreando pequeños gobiernos, tanto en las ecoaldeas modernas como en las antiguas de las “naciones primeras”, para que se conviertan de alguna manera en pequeños Estados dentro del Gran Estado.
Por tanto, la disputa principal no está en los congresos, alcaldías y demás instituciones de la democracia occidental, aunque es necesario hacerla. Lo fundamental es fomentar e impulsar formas de organización asociativa, consolidando a las ya existentes e impulsando nuevas especialmente para la gente urbana. Reconstruyendo la vida común y corriente, lo demás viene por añadidura, es decir, de “abajo hacia arriba”. Éste el principio fundamental que debe guiar y que hay que aplicárselo a todo: cómo actuar de abajo hacia arriba. El mayor esfuerzo, dedicación, tiempo, recursos, debe estar destinado a este propósito de construcción del “poder social”, pues ahora se lo destina exclusivamente a lo reivindicativo o electoral que no ha dado mayores resultados.
Ahí es donde se deben ir gestando los embriones de la nueva humanidad, para de esta manera se cumplan los propósitos de recrear la “nueva sociedad”. Mientras esto no comprenda la Izquierda y parte del “movimiento indígena”, no pasará nada profundo como hasta ahora. Esto quiere decir, que lo primero que hay que hacer es resolverlo en la vida privada o personal de cada uno, para luego impulsarlo a nivel macro. En los discursos se habla de sostenibilidad pero se sigue viviendo como pequeño-burgueses. Así, lo único es que se seguirá soñando con una revolución etérea sin que se pueda hacerla efectiva en la vida diaria. Sin ser capaces de vivir el “nuevo mundo”, para que la palabra salga de la vivencia propia y no de las teorías del “hombre nuevo”. La revolución es aquí y ahora, en la vida diaria y concreta, lo demás es pura masturbación mental. La Izquierda no se cansa de masturbarse, sin que puedan vivir aquí y ahora el mundo que desean y promulgan. Pasan su vida luchando por la “patria nueva”, y se mueren gritando como machos alfa “socialismo o muerte”, sin que hayan llegado a conocer y vivir el “nuevo sistema” en su casa y con su familia.
Por ello, el fracaso de los socialistas del siglo 20 y 21 que llegaron al poder y no supieron cómo construir la “nueva sociedad”. Empezaron a improvisar y a experimentar, lo que les llevó a que sean absorbidos por la civilización y la economía capitalista, construyendo un capitalismo de Estado o modernizando el capitalismo, nada más. Quién no vive como predica, solo tiene la capacidad de criticar lo viejo y es incapaz de crear algo nuevo, por lo que a la final se hunde junto con lo caduco y obsoleto que dice que quiere cambiar.




[1] “Los pueblos andinos que desde hace tres décadas han invadido las universidades regionales del Ande en un gran esfuerzo de ‘reconquistar el espacio cultural’, perdido en el proceso de colonización, han demostrado mediante estudios e investigaciones como de PRATEC en Perú, que efectivamente existe una tecnología andina, una tecnología sui géneris, una tecnología basada en el discurso del pensamiento seminal, como dijera Rodolfo Kusch, una tecnología bi-dimensional empírico simbólica, una tecnología que apoyada en sus rituales de producción fue capaz de hacer producir el Ande más y mejor que la tecnología racional-científica, alógena. Este auto-descubrimiento de los investigadores indígenas andinos sólo fue posible por la crítica radical al método académico con que antropólogos clásicos desesperadamente trataban comprobar la exclusiva cientificidad de sus monografías. J. Van Kessel, Dos conferencias en Antropología Andina, IECTA – CIDSA, Iquique-Puno 1997.
[2] Entrevista Periódico Diagonal, 1-4-2013
[3] “Durante el tiempo de reforma a través de ciudadanización no se ha transformado el modo de relación con la naturaleza generado por la emergencia del capitalismo, que es parte de la cultura moderna. Esto consiste en concebir una separación entre sociedad y naturaleza y pensar el desarrollo como la generación de capacidades y conocimientos que permitan el dominio de la naturaleza, en particular orientada a un aumento de las ganancias. La principal alternativa global al capitalismo, que fue el socialismo, tampoco implicó una revisión del modo industrialista e instrumental de relación con la naturaleza. El socialismo fue también un modo de desarrollo moderno.” Luis Tapia, El tiempo histórico del desarrollo en el libro Alternativas al capitalismo colonialismo del siglo XXI

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