viernes, 23 de septiembre de 2016

Respuesta a Anne-Dominique Correa


Señorita Correa, estoy de acuerdo en su crítica al occidentalo-centrismo, pero en desacuerdo en utilizar a su conveniencia a las fuentes del occidentalo-centrismo que usted mismo critica. La EIUD y la FH no son válidas porque están en contra de su padre, pero a las conclusiones de las IDD - LAT si las acepta, en cuánto le posicionan en una mejor situación al “progresismo”.
Si se rechaza el occidentalo-centrismo, se debe rechazar plenamente y no solo a las partes que le interesan o le favorecen. La “doble moral”, como llamaría su padre.
Otro ejemplo de la doble moral. Para usted la Freedom House es criticable o cuestionable cuando …“apoyó incondicionalmente la política extranjera de los Estados Unidos, no solo justificándola, sino incluso haciéndola parecer como ‘noble’. Por ejemplo, en 1982 se encargó de desacreditar a los medios que denunciaban los asesinatos sistemáticos en El Salvador. ¿Cómo entonces confiar en su objetividad o en su cientificidad?” 
Pero, cuando se trata de su padre no vale la denuncia sistemática de los medios y para usted todo es un supuesto inventado. Por lo que como se puede confiar en su “objetividad”, “cientificidad” e imparcialidad: “Ecuador incluso recibió un downward trend arrow en 2012 por una supuesta “intensificación de la campaña del Gobierno en contra de los líderes de oposición e intimidación de periodistas, recursos públicos excesivos para influenciar un referéndum y la inconstitucionalidad de la reestructuración judicial”.
O cuando usted señala, de que “Al igual que el The Economist Intelligence Unit of Democracy (EIUD), el FH ignora a la democracia social y descalifica principalmente a las democracias de los gobiernos progresistas latinoamericanos, particularmente a aquellos que crearon nuevas legislaciones para luchar en contra de la monopolización de los medios de comunicación por parte de unas cuantas familias.”  
Cuando lo único que ha sucedido, es que se ha pasado a una nueva monopolización, ahora por parte del gobierno que maneja más medios que los que tienen ciertos dueños en particular. Cuál es el cambio? Pasar del privatismo al estatismo, es más de lo mismo. Quién lucha contra el monopolio, lucha en todas sus formas. No se trata de luchar contra la hegemonía para imponer un nuevo hegemonismo, se trata de deshegemonizar a todo nivel y forma.
Por ello la crítica al correismo, ya que hemos pasado de un monopolio a otro, de los viejos ricos a los nuevos ricos. De ahí, que la “vieja derecha” y la “nueva derecha” son los dos lados de la misma moneda. Votar por Creo/PSC o por Alianza País, sería continuar en los monopolios o hegemonismos de distinto matiz.
Y que consecuentemente sigamos casi igual, como ha sucedido en estos 10 años de gobierno de su padre, pues si él hubiera sido honesto criticando el occidentalo-centrismo o imperialismo, se hubiera dedicado a construir el buen-vivir andino y no a modernizar el capitalismo, como bien lo dijo en el enlace 431: “Los empresarios nunca han ganado tanto como con este Gobierno.”
Dice usted, que los medios de comunicación son “relativos” e “ideológicos”, pero solo aquellos que critican a su padre y al progresismo latinoamericano. Esa es otra conveniencia de su parte, ya que todos los medios son relativos e ideológicos, no solo contra su padre sino a su favor, al igual que con Obama o Castro o cualquier otro. Todos los medios tienen sus intereses.
Sin embargo, si critica a los medios “ideológicos” por qué no critica a El Telégrafo que es un periódico “ideológico” del gobierno y ahora de la familia del Presidente. Y si critica a la monarquía, cómo es que permitió su padre o usted aceptó que se publique su trabajo escolar en este periódico, cuando otros estudiantes no tienen el mismo derecho ni tampoco otros articulistas que escriben desde hace tiempo pueden hacerlo. Sin embargo, usted con su corta edad y sin ninguna experiencia, ya aparece publicando en un medio que es financiado por todos los ecuatorianos.
En definitiva, lo que vemos es que los progresistas y los neoliberales nos quieren seguir manteniendo en la disputa de la guerra fría, entre la democracia de EEUU-UE y la democracia Chino-Cubana, y que elijamos entre ellas a la menos mala. Ese es su juego, y el pueblo pasa de un lado al otro. No, señorita Correa, ambas democracias son pésimas. Ni la privatista ni la estatista, sirven. Necesitamos otra democracia, por ejemplo, la biocracia o la sociocracia que están experimentando las comunidades intencionales y los movimientos en transición.
Aunque existen también las ya probadas en cientos de años, como la de los pueblos indígenas con una larga experiencia y que están basadas en una amplia participación consensual y en una acción directa de la población. Tal como se encuentran actualmente empujando las comunidades autónomas de los zapatistas y las de Oaxaca en México, o ciertas comunidades kurdas en Turquía, o la comunidad de Sarayacu en Ecuador.
Estas experiencias si son de politización y de participación de las masas, no el populismo trasnochado de Laclau, que lamentablemente como murió no puede ser testigo de la corrupción escalofriante del kischnerismo y de otros gobiernos progresistas.
Empujar proyectos así sería verdaderamente revolucionario, pues no se trata de pasar de la monarquía a la monorepública, de la democracia burguesa a la democracia burocrática, del Estado pequeño neoliberal al Estado grande progresista, etc. Se trata de salir de todo tipo de occidentalo-centrismo, es decir, de todo neo-colonialismo que provenga de cualquier parte, sea de la derecha o de la izquierda. Se trata de construir el buen-vivir, y no quedarnos en el vaivén occidentalo-céntrico de capitalismo privado y capitalismo de estado (socialismo). Hay que salir de toda dependencia epistémica e intelectual del occidentalo-centrismo.
En este sentido, estoy de acuerdo con usted que las democracias del norte no son un ejemplo para el mundo, pero esas democracias también hay en el sur y forman parte del “norte global” (Boaventura de Souza) ya que funcionan en la misma lógica del occidentalo-centrismo.
Las democracias “progresistas” son otras formas de democracia en el “norte global”, y lo que necesitamos son sistemas que se nutran de las epistemologías del “sur global” para hacer algo alternativo y alterativo. El neoliberalismo y el progresismo son una respuesta que surge desde el occidentalo-centrismo liberal y marxista, y no desde la otredad del “sur global”. La diferencia no es entre Norte y Sur, sino entre el “Norte Global” y el “Sur Global”.
Por tanto, señorita Correa, estoy de acuerdo en criticar el occidentalo-centrismo, pero tiene que ser completo. Como otros, que en el mismo occidente plantean el decrecimiento, el bien común, la democracia horizontal, la democracia radical, el pos-desarrollo, la trans-modernidad, etc. Pero su padre y todos los progresistas siguen hablando de crecimiento, desarrollo, progreso, democracia vertical (arriba hacia abajo), extractivismo, etc. Y resaltan que han bajado la pobreza, pero resulta que los gobiernos de derecha de Colombia, Panamá, Paraguay, Perú, también lo han bajado y en algunos casos hasta más que los gobiernos progresistas.
El problema no es disminuir la pobreza sino eliminar la dependencia al occidentalo-centrismo para que haya un cambio verdadero, pero su padre más bien lo ha consolidado con el extractivismo primario-exportador y con la abultada deuda externa. Y ahora se ha dedicado a vender algunas de las infraestructuras que construyó.
Los alternativos en occidente o en el norte son más profundos y revolucionarios que los progresistas del sur. Los progresistas del sur están más cerca de los neo-desarrollistas del norte que de los alternativos del norte, por eso el fracaso de todos sus experimentos. Tanto el “socialismo real” y el “progresismo” han demostrado que por ahí no es el cambio, pero siguen dándose con la misma piedra. Es decir, hay que construir el "poder social" para que sea evidente el "poder político" y con ello sea posible el "poder popular", y no al revés.
Ha fracasado el occidentalo-centrismo de derecha e izquierda, por lo que si usted quiere ser coherente tiene que cuestionar todas las expresiones provenientes desde el occidentalo-centrismo, y tiene que ser de raíz sino todo se queda en algo folclórico o epidérmico o de bonitas intenciones.
Con el neoliberalismo y el progresismo seguimos en el occidentalo-centrismo, por ende, la crisis ambiental va a seguir y la especie humana seguirá en peligro de extinción.
Irónicamente, en occidente hay quienes ya están construyendo el buen vivir (ecoaldeas, cooperativas integrales), y quienes son los herederos de los Andes siguen soñando en que las epistemologías del norte, neoliberales o progresistas, los van a salvar.
Los occidentalo-céntricos de uno y otro lado siguen sin entender a Einstein, de que no se pueden resolver los problemas desde el mismo nivel en que fueron creados.
Entonces, señorita Correa, le apoyo en su crítica al occidentalo-centrismo, pero sea coherente a todo nivel y profundice plenamente. Espero que usted puede dar un salto más allá que su padre. Si usted se queda en el mismo nivel, simplemente se ha dado la vuelta en lo mismo, es decir, en un típico gatopardismo que es la experiencia del progresismo, o mejor sería decir del regresismo.
Confío en que usted pronto será integralmente occidentalo-céntrica, para creer que sus palabras de "izquierda infantil y/o adolescente" puedan un día rebasar a las de su progenitor que ha fracasado ruidosamente.

Atawallpa Oviedo Freire


miércoles, 14 de septiembre de 2016

ECUADOR: ¿PAIS DE FASCISTAS?


Rafael Correa: 'Tenemos fascismo al interior de nuestras Fuerzas Armadas'
El correismo ha hecho reflotar y/o vislumbrar los diferentes fascismos que habitan en el Ecuador. Frente al fascismo de Correa proponen otros fascismos, o tienen reacciones y respuestas fascistas. Las derechas se han vuelto aún más extremistas y virulentas frente a todo lo que ha hecho el progresismo, en especial, el chavismo; y ahora aplauden y vitorean al fascismo de Macri en Argentina y el de Temer en Brasil. Esto deja vislumbrar lo que puede pasar en el Ecuador en caso de que gane la derecha, especialmente la de Nebot-Viteri con su mensaje fundamentalista del “capitalismo salvaje”. El partido social cristiano ahora mucho más conservador con ex figuras militares de corte fascista incorporados como nuevos miembros. Esto no es una casualidad sino una coincidencia de visiones, en la que el correismo ha exacerbado y ha activado sus fascismos en la defensa de sus intereses, reuniéndolos en el seno del partido más neoliberal que tiene el Ecuador.
En la izquierda también hay fascistas, especialmente los estalinistas que siguen con su discurso del centralismo democrático y de la dictadura del proletariado, categorías que obviamente son fascistas como lo demostró la experiencia del “socialismo real” que transformó la revolución en dominación y autoritarismo, y la hizo fracasar; como igual se ha visto en ciertas prácticas locales o en direcciones sindicales. Estas izquierdas siguen sin renovarse positivamente, pues tienen miedo de verse como revisionistas que es lo que tanto han criticado de los comunistas pro-cubanos. El correismo los ha perseguido duramente y han vivido en carne propia “la dictadura del proletariado” pero igual no reaccionan. Por ejemplo, dicen que el buen vivir es un sandez[1]. Estas izquierdas son las que han alimentado con muchos miembros al correismo, algunos de los cuales se han ido retirando y otros se han quedado, pero algunos de ellos tienen el mismo espíritu fascista. En cambio, otras izquierdas han demostrado que eran falsas izquierdas, aunque no fascistas pues se han pasado a la derecha que es fascista por naturaleza sistémica.
Algunos estarán pensando que es exagerado utilizar la palabra fascista, palabra ésta a la que Correa le ha puesto últimamente sobre el tapete a propósito de las disputas con los militares y manifestando que al interior de las fuerzas armadas hay algunos miembros fascistas[2]. Pero, si no les gusta esta palabra o les parece muy fuerte, pueden reemplazarla con hegemonismo. Y si todavía sigue siendo fuerte pueden reemplazarlo con autoritarismo. Y si todavía es muy fuerte con populismo. Sin embargo, en otras latitudes, fascismo y populismo tiene la misma equivalencia o se interpreta de la misma manera. En la historia mundial se ha podido observar que la mayoría de populismos son fascistas y que todos los fascismos han sido populistas. Unos más que otros, esa es la diferencia.
Esto no se circunscribe solo a los partidos políticos sino a otros círculos, como por ejemplo, el de los periodistas. Uno puede leer o escuchar el claro tinte populista y/o autoritario y/o hegemonista y/o fascista, en un sector de periodistas, por ejemplo, ciertos comunicadores de los canales de televisión como Ecuavisa, Teleamazonas, que con descaro y desparpajo dejan ver su “odio” a Correa. O ciertos periodistas de las radios más sintonizadas, por ejemplo, Democracia, Visión y Platinum (que son la que suelo escuchar). Y lo mismo se puede decir de ciertos medios web como Fundamedios, 4 pelagatos, la República, Ubica tv, Plan V. Comunicadores que han sido atacados virulentamente por el correismo pero que han reaccionado desmedidamente, lo que les ha hecho perder credibilidad y confianza, quedando como un “periodismo de la antipatía”[3]. En estos medios escriben muchos miembros prominentes y abiertos de la derecha, muy pocos de izquierda y nadie del movimiento indígena o pensamiento andino.
Igual podemos ver a nivel de la academia, por ejemplo, en la Universidad Andina que ante el pretendido arrebato que quería hacer el correismo de esta institución, salió otro grupo tildando en el mismo nivel con expresiones como "disidentes", "minorías miserables", "traidores", etc. Grupos éstos que defienden a otros partidos de izquierda y que están alineados bajo la batuta de Enrique Ayala Mora. Todos sabemos que en las universidades, sean públicas o privadas, funcionan las camarillas o los compadrazgos y solo permiten entrar a gente de su gallada. No hay un pleno pluralismo. ¿Hay alguna excepción?
Y lo mismo se puede observar en el pueblo común. Un pulso que nos permite ver todo esto son las redes sociales, en donde abundan los discursos racistas, sexistas, machistas, homofóbicos, xenofóbicos, fundamentalistas religiosos, regionalistas, inferioristas, segregacionistas, etc., etc., todos los cuales encierran un nivel de populismo y/o autoritarismo y/o hegemonismo y/o fascismo.
Solo basta reflexionar sobre los siguientes casos: El del estudiante del Mejía que subió a su facebook una foto con el uniforme “desalineado” del “patrón” de los colegios de Quito. Como respuesta recibió todo tipo de declaraciones fascistas, lo cual provocó un artículo de Roberto Aguilar de 4 pelagatos, pero que resultó desafortunado porque también dejó entrever su “odio” al Correa, como a Fander Falconí y a otros correistas en diferentes artículos bastante desentonados, por decir lo menos. Y a su vez, Aguilar recibió una andanada de comentarios por semejante desliz, y algunos también le critican con un tinte populista y/o autoritarista y /o hegemonista y/o fascista.
Otro caso: el de los anti taurinos que han recibido todo tipo de estocadas y hasta amenazas de muerte, como lo ha denunciado Felipe Ogaz Oviedo uno de los más visibles de este movimiento animalista. Obviamente, quien guste del asesinato de toros, perros, gallos, etc., es porque lleva un sádico-masoquista por dentro, y ello es un claro populismo y/o autoritarismo y/o hegemonismo y/o fascismo.
O la foto de la chica en facebook que viste con una blusa de corte “indígena” y pantalón jean, la cual también recibió una serie de comentarios racistas pero desde el otro lado, es decir, de “indígenas” que reclaman la defensa de su “cultura y tradiciones”. Lo cual deja entrever que el fascismo también ya se ha activado en “indígenas”, negros, etc. No solo que ahora ya hay “indígenas” neoliberales, conservadores, marxistas, etc., sino que el populismo y/o autoritarismo y/o hegemonismo y/o fascismo, ha calado en algunos de ellos. Ya hay los propietarios de lo “indígena”, como lo hay de lo “blanco”, “negro”, “mestizo”, todas visiones racistas, por ende, fascistas.
Finalmente pongamos el caso de Carla Delgado y de Collaguazo, a quienes se los ha visto en un video dirigiendo entrenamientos paramilitatres a civiles. Yo mismo lo denuncié hace 1 año en un artículo en Línea de Fuego[4], e igual han recibido una serie de mensajes que son el otro lado de lo mismo que critican. Realmente Delgado y Collaguazo son fascistas, pero los que les critican son el otro lado de la misma moneda.
Entonces, es obvio que hay algunos fascistas entre los militares como denuncia Correa, pero también lo hay en Carondelet y así por todo lado. El neoliberalismo de la partidocracia de los ceniceros dejó ver claramente a los fascistas de derecha, y el correismo a los de izquierda y a los nuevos de la derecha, como a algunos del movimiento indígena. Lo que no nos da ninguna esperanza ante las próximas elecciones, y los candidatos ahora en la palestra serán más de lo mismo, pero quizás de otra forma. Tal vez, Paco Moncayo sea el “menos malo” de todos ellos.
¿Hay alternativas? Indudablemente, la mayoría de ecuatorianos no son populistas y/o autoritarismos y /o hegemonistas y/o fascistas. Y también se los puede observar en las redes sociales, aunque muy pocos, cuestionando y llamando la atención a diferentes discursos y posiciones fascistas.
La alternativa es construir y no destruir. Erigir una alternativa seria, ecuánime, responsable, autocrítica. Una propuesta que no se asiente en la destrucción del otro, del capitalismo, del socialismo, o de lo que sea; sino que principalmente se base en la creación, en la cimentación, en la proyección. No se trata de transformar el capitalismo sino de crear algo nuevo. Y el cual debe fundamentalmente respetar (no: tolerar) la diferencia, la diversidad, la heterogeneidad, la pluralidad.
Quizás de esa forma disminuirán los fascistas que pululan ahora por muchos rincones del Ecuador y en todo el mundo. El fascismo gobierna en casi todos los países. El fascismo se va abriendo cada vez más por todo el planeta, y para detenerlos hay que diferenciarse radicalmente de ellos, sino lo que surgen son otras expresiones del fascismo y de la dominación desde otras prácticas y formas.
De alguna manera, todos llevamos un fascista por dentro, como consecuencia de la crisis global generada por el fascismo materialista y consumista que nos ha conducido a la crisis ambiental, por lo que si no damos un salto a este fascismo extractivista contra la naturaleza vamos a perecer fascistas y no-fascistas.
ATAWALLPA OVIEDO FREIRE



[1] http://www.planv.com.ec/historias/politica/temporada-patos
[2] http://www.elcomercio.com/actualidad/rafaelcorrea-fascismo-fuerzasarmadas-ecuador-reformas.html
[3] http://gkillcity.com/articulos/el-mirador-politico/el-villano
[4] https://lalineadefuego.info/2015/08/25/las-celulas-guerrilleras-de-correa-por-atawallpa-oviedo-freire/

jueves, 1 de septiembre de 2016

QUÉ PASA EN EL MOVIMIENTO INDÍGENA


Luego de salir de la universidad y de pasar por la militancia marxista comprendí, que si quería conocer lo indígena verdaderamente, tenía que asimilar el “espíritu indígena” para no hablar solo desde los imaginarios intelectuales de las ciencias sociales occidentales. Por muchos años pasé por innumerables prácticas y llegué a comprender que la genética humana con sus distintos fenotipos y diversos colores no representa ninguna condición que determine el ser parte de una cultura o de una cosmovisión en particular. Que no había una genética o un fenotipo racial que le hacía ser de una determinada manera, sino que era el tipo y el nivel de conciencia el que le configuraba. Que no era una vestimenta o el vivir en el campo lo que establecía una manera de concebir el mundo, sino que era el tipo de racionalidad en el cual había sido construido integralmente el individuo el que le hacía ser parte de una cultura determinada. Y por otra parte, comprendí que no había el “espíritu indígena” en las personas en particular sino en el conjunto socio-natural, por lo que no cabía hablar antropocéntricamente sino vitalmente, el individuo como parte o miembro de la naturaleza y del cosmos.
En este sentido, veía que muchos tenían una apariencia física “indígena” pero que su pensamiento llegaba –incluso- hasta ser “anti-indígena”. Desde ahí, no me dejo llevar por el racismo que quiere identificar a los seres humanos a según su corporalidad, comprendiendo que la diferencia entre seres humanos está en sus maneras de concebir la “realidad” y de vivir la vida. Tome conciencia que éramos hijos de los Andes o andinos, y no indígenas, blanco, mestizos, negros, como se dice desde hace 500 años a según la lógica racializadora impuesta.
Desde una visión antropocéntrica y colonial la gente se mira y se clasifica por la presentación física, pero desde una racionalidad integral y natural se reconoce el ser humano desde todo lo que le constituye y le alimenta en sus múltiples interrelaciones con su medio ambiente. En occidente y los occidentalizados, el individuo se mira en el espejo y dicen: soy blanco, mestizo, negro, etc. Fuera de occidente, la gente se mira en la totalidad y se define desde su condición interrelacional. En este sentido, se sabe que es andino o hijo de la madre andina que le constituye y le construye, dentro de la pluralidad de los Andes de acuerdo a los pisos ecológicos y a la situación astronómica donde se construye holísticamente y se forma culturalmente. Por ejemplo, solo en Francia podía surgir la lengua francesa, en la China el mandarín, en los Andes el kechwa, etc. Cada lengua y por ende cada cultura ha sido construida por el espacio geográfico y astronómico que le envuelve. No es el ego del hombre el que hace la cultura, como en la modernidad se lo cree y por eso occidente ha devenido en unkultur, pues es la imbricación con el todo el que recrea los simbolismos de cada región.  
Después de la colonización y de todo el proceso criollo y republicano, existen actualmente dos tipos de andinos, los que piensan centenariamente desde el occidente colonial y los que senti-piensan milenariamente desde lo andino vital. Es decir, físicamente son formados por los Andes, pero intelectualmente por la educación y las creencias que asimilen.
La casi totalidad de la población andina es educada y formada epistémica y axiológicamente en el paradigma eurocéntrico de tipo liberal/conservador y secundariamente en el marxista, y desde allí responden a la vida en sus múltiples expresiones. Por la convivencia con los pueblos primeros, algo aprenden del paradigma andino pero que en su mayoría es minimizado, incluso por la misma mayoría de “indígenas”. Habiendo actualmente dentro de estas líneas señaladas (liberal, marxista, andina), gente de todos los colores de piel.
Y esto también se reproduce en el denominado “mundo o población indígena” a diferentes escalas, habiendo gente con fenotipo físico autóctono pero que piensa y actúa desde las diferentes lógicas que ha interiorizado de la modernidad y de la civilización con todo su patriarcalismo y colonialismo inmanente. Personas que han asimilado y enraizado en su ser los paradigmas coloniales positivistas, pudiendo pensar como el colonizador y hasta convertirse en colonizador de sus demás congéneres. En este sentido, hay quienes aprovechan de una condición física “indígena” para hablar a nombre de todos ellos, de la misma manera en que el cientista social o la izquierda occidentalizada hablan por ellos y establecen cuál es su cultura y su futuro. Asimismo, otros crean teorías “indigenistas” o “indianistas” desde sus posiciones y ambiciones personales para presentarlas como que son de todos. Todo ello partiendo de que el interlocutor tiene una apariencia física “indígena” y por ende representa a la “cultura indígena”. Hoy, detrás de lo “indígena” se esconden muchas trampas.
Y lo mismo sucede al exterior del “mundo indígena”, convenciéndose o aprobando una acción a partir de la expresión corporal del proponente, validando teorías porque es un “indígena” el que está hablando. Es decir, hay un racismo internalizado en la mayoría de seres humanos, en la que casi todos hablan desde ahí y se siguen manejando con las mismas categorías racializantes. Incluso, pensadores brillantes se siguen manejando dentro de estas categorías racializadas a pesar de que las critican y además se equivocan en su apreciación. Por ejemplo, Ramón Grosfoguel: “Incluso un intelectual indígena-amazónico en el Perú tan reconocido como Javier Lajo, que ha escrito extensamente sobre el tema del buen vivir, no es siquiera mencionado en el artículo del intelectual mestizo peruano Aníbal Quijano, reproduciendo las prácticas más nefastas del «extractivismo epistémico»[1]. Cuando Quijano tiene un fenotipo mucho más “indígena” que Lajo, o Lajo es mucho más “blanco” físicamente que Quijano. Quijano y Lajo son mestizos en su apariencia física. Por ende, Grosfoguel cae en el “racismo epistémico” que cuestiona.
Esta racialización está tan metida y arraigada en la idiosincrasia mundial, en la que casi todo se clasifica a partir de lo corporal, con lo cual se quedan atrapados en el racismo, el sexismo, el machismo, la xenofobia, el fanatismo religioso, etc., etc.
Esto mismo sucede en el organizado “movimiento indígena” en general y sus diferentes estructuras, pudiendo observarse gente de todo tipo de posición ideológica y filosófica, a según como han asimilado el pensamiento eurocentrista positivista de derecha o izquierda. La mayoría de ellos tienen una carga marxista, otros liberales, y muy poco andino. Aun cuando, muchos juegan entre todas estas categorías, especialmente en lo religioso cristiano. Es decir, la gran mayoría actúa desde la cosmovisión occidental de izquierda, conocen muy poco de la cosmovisión andina, y han perdido el “espíritu andino” (ajayu) en su ser, como en su vida común y corriente. Esto se puede ver claramente en sus discursos y acciones políticas, a partir de cómo responden a la realidad local, nacional y mundial.
Si bien el “movimiento indígena” se alineó (o alienó) desde su constitución en una corriente izquierdista, paulatinamente la racionalidad de derecha de tipo liberal y hasta neoliberal ha ido calando en muchos de ellos. Y algunos son abiertamente derechistas (Auki Tituaña), pero como tienen el fenotipo “indígena” se siguen presentando como sus representantes y sus referentes. En estos 10 años del correismo y como consecuencia de su acción autoritaria y política, han reflotado dos extremos: quienes se han radicalizado en la tendencia izquierdista y aquellos en la de derecha. Y los pocos alternativos andinos que existen, han logrado marcar distancia plena con el liberalismo y una distancia prudente con el marxismo, sabiendo que son categorías eurocéntricas y racializantes con sus intereses particulares.
Dentro del movimiento político “Pachakutik”, los que en los últimos años han encabezado la directiva y la mayoría de puestos de elección popular, son gente de tendencia que va hacia la derecha liberal y hasta neoliberal, unos cuántos hacia la izquierda (no necesariamente o exclusivamente marxista). Y eso pasa igual dentro de la militancia de Pachakutik (en la que hay gente de todos los colores de piel), como se vio en las elecciones internas en la que votaron mayoritariamente por Lourdes Tibán y Salvador Quishpe. Y ya sabemos la simpatía pública que tienen estos dos personajes por ciertos cuadros de la derecha neoliberal, simpatías que no son solo personales (Lulu y Cynthia) sino que entrañan otro tipo de empatías. Nada es casual.
Pero lo más oportunista y que demuestra la calidad de algunos de sus miembros, es que una vez que han sido despreciados por la derecha, repentinamente aparecen la Lulú, el Santi, el Acacho, diciendo que ahora ya no hay que conversar con la derecha ni hacer ninguna alianza con ellos, cuando hasta hace poco decían lo contrario. Pero si la derecha hubiera aceptado entregarles la candidatura a la vicepresidencia, estarían saltando en una sola pierna.
Y esto se debe, a que en la administración de Fanny Campos se potencializó los paradigmas de derecha dentro de Pachakutik. La prueba es que ella luego de su salida terminó en el partido más fuerte que tiene el neoliberalismo. Lo que quiere decir que al interior de Pachakutik se va instalando cada vez con más fuerza el pensamiento liberal que el marxista, y que la racionalidad andina sigue siendo más folclórica que orgánica. Valga anotar que los que se han enajenado con el correismo son de izquierda liberal, pero irónicamente son los más anti-andinos al apoyar a uno de los más grandes colonizadores de la historia ecuatoriana, como es Rafael Correa.
Al interior de la CONAIE, especialmente en la sierra, la mayoría de sus dirigentes y de sus organizados siguen una línea de izquierda, con cierta influencia andina y con ciertos influjos de la derecha liberal y la conservadora. En el caso del movimiento organizado en la amazonia ecuatoriana, se presentan tendencias simétricas entre los liberales, los marxistas y los andinos-amazónicos. Valga resaltar que el movimiento más fuerte de lo andino está en la amazonia, especialmente dentro de la comunidad de Sarayaku. En la costa es muy débil y son más liberales de derecha.
Por lo tanto, el “movimiento indígena” en su gran mayoría NO es un movimiento andino sino de izquierda occidental. Últimamente cierto sector ha querido salir de la clasificación de derechas e izquierdas, especialmente gente de tendencia liberal y hasta neoliberal. Lo cual es interesante pero peligroso, pues a partir de ello y siguiendo las concepciones neoliberales pretenden terminar con las ideologías para enmarcarse en el pensamiento oficial estatuido y naturalizado. Los andinistas también son conscientes de estas trampas ideológicas, pero también saben que todo se maneja por una racionalidad y no se puede caer en la trampa des-ideologizante que conlleve a una des-filosofización de lo andino, lo que implicaría la colonización definitiva del “indígena”, que ahora sería claramente eurocéntrico liberal y/o marxista. De esta manera, se cumpliría el objetivo del colonialismo interno de terminar con lo andino, y ahora de la mano de descendientes andinos. Esto implica comprender, que lo andino es complementario del marxismo/izquierda y alternativo de lo liberal/derecha.
Todo esto conmina, a que si el movimiento “indígena” quiere ser una alternativa y una opción a la crisis ambiental y global, a nivel nacional y mundial, tiene que andinizarse para funcionar desde las ontologías, epistemologías y axiologías andinas construidas milenariamente. Por tanto, se hace necesario el resignificar lo indígena o cambiar de nombre, para que no quede circunscrito al fenotipo y de esta manera continuar con el racismo. Resignificar lo indígena como una construcción colonial por una condición filosófica y una racionalidad que haga referencia a un estado de conciencia o un estado del espíritu, en relación a su manera de comprender la vida como una forma de ser, estar, pensar, gustar y existir. Lo que implica abrir las puertas a todos los colores de piel para disputar en su interior lo ontológico andino y rebasar el racismo eurocentrista.
Al menos, en Pachakutik es urgente y el primer paso. Hoy están más preocupados de lo electoral y de ganar puestos en el sistema colonial-burgués, que de consolidar a las comunidades existentes en sus formas de ayllus andinos, y de reorganizar epistémica y ontológicamente a sus organizaciones y a la población ecuatoriana en general. De que serviría llegar al poder si no hay una población organizada y formada en una racionalidad andina. Sería otro fracaso, como el caso de Evo Morales y quedaría deslegitimado lo “indígena”. De hecho, ya lo está con todo lo sucedido en los últimos años a nivel de lo “indígena” en toda América y será muy difícil recuperar credibilidad.
Caso contrario terminarán absorbidos por el colonialismo interno y solo veremos ropajes “indígenas” que viven eurocéntricamente (no confundir con occidental).  Desaparecería definitivamente el sumak kawsay y nos quedaríamos en una disputa entre el buen vivir de la izquierda y el bienestar de la derecha, entre el neodesarrollismo y el neoliberalismo, entre el marxismo y el liberalismo, etc. Es decir, únicamente dentro de las contradicciones al interior del eurocentrismo, y por ende, veríamos la culminación de la civilización globalizadora del “indígena” a través de la modernidad y de la posmodernidad.
No creo que así termine, siento que lo andino va a reverberar luego de la triste noche colonial de 500 años, y como dijeron nuestros abuelos: regresaremos en mitad de la noche.


[1] Grosfoguel, R. (2016) Del «extractivismo económico» al «extractivismo epistémico» y al «extractivismo ontológico»: una forma destructiva de conocer, ser y estar en el mundo. Revista tabula rasa.

jueves, 25 de agosto de 2016

LA DOBLE MORAL, TAMBIEN EN PACHAKUTIK


Acaba el movimiento político Pachakutik de expulsarle a su ex coordinadora Fanny Campos por haberse integrado al movimiento político de Lasso, como igual lo hicieron con Auki Tituaña en las pasadas elecciones. Pero de Marcelino Chumpi no dicen nada. Es decir, es expulsable hablar con la derecha de Lasso, pero no con la derecha de Nebot. ¿Me pueden explicar cuál es la diferencia entre Lasso y Nebot? ¿Puede un miembro de Pachakutik integrarse por su cuenta a una Unidad sin que el movimiento lo haya decidido y a pesar de ello no se haga nada, pero sí en el otro caso? ¿Esto quiere decir que cualquiera en Pachakutik puede tomarse por su cuenta las atribuciones personales que quiera y no pasa nada? Es así, Marlon Santi, o, ¿usted también está de acuerdo con unirse a la derecha? Yo creo que sí.
Al menos, en la práctica eso es así. Pachakutik, es un partido en el que cualquiera se va sobre todos los demás y actúa personalmente. Y a veces hay alguna reacción, pero depende de quién se trata. Es decir, no se manejan por principios sino por cálculos. No hay directiva en Pachakutik ni en el movimiento indígena que ponga orden ni que pida que se respeten sus postulados. La crisis de Fanny Campos continúa en Pachakutik y no se avizoran cambios. Van cada vez peor.
Ahora Salvador Quishpe Lozano sin consultar al Partido ha decidido por su cuenta hablar con Lasso y dice que informará luego. Le ha propuesto a Lasso que la Lulú vaya como candidata a la vicepresidencia, con ello confirmándose que Quishpe quiere ir a la cola de la derecha. Su único afán es ponerse atrás de Lasso para sentirse ganador. Ganador de qué? Pero Lasso le ha respondido hábilmente que ya había decidido que su candidato sea alguien de Quito. Es decir, quiere a Pachakutik y a los indios como otro montón de apoyo y máximo aceptará darles alguna migaja por ahí. Ese el ridículo que ha pasado Quishpe y por ende que le ha hecho pasar a Pachakutik y al movimiento indígena ante toda la población. Pero nadie dice nada, y casi todos siguen con el indecente argumento de que hay que hablar con todos excepto con Correa.
Y lo mismo pasa con la Lulú y la Cynthia. Aunque igual estaría feliz la Lulú si el Lasso hubiera aceptado. Pues está en la política para cumplir su sueño personal de ser la primera presidenta o vicepresidenta indígena, al menos ahora ya está realizada al ser la primera pre-candidata presidencial. Y suponiendo que llegará al poder. ¿Hay las bases organizadas y conscientes para un gobierno indígena? ¿Hay una conciencia popular para enfrentar al capital y su arremetida? ¿Desde el Estado es posible un cambio estructural? ¿Ha pasado en alguna parte del mundo? ¿No pasó lo mismo con Correa? ¿Será otro fracaso como el de Evo Morales en Bolivia?
Entonces, cuál es la diferencia de Quishpe y Lulu con Campos y Tituaña. Pues ninguno, puro interés electorero personal. Dirán para salvar a la patria. Es que nos creen tontos a igual que el Correa. Desde cuando acá la derecha es la salvadora. Desde cuando acá la derecha se va a despojar de sus ideologías, como si lo hacen estos personajes mencionados. ¿La derecha en una contienda electoral va a renunciar a sus privilegios y su sistema de dominación? ¿Qué es esto, ingenuidad o devela quienes son en el fondo? Como diría el Mujica, el poder no cambia, solo dejan ver quién son y ya lo podemos ver claramente. Pero nadie dice nada en Pachakutik.
El Correa y el Lucio también les ofrecieron mucho más de lo que ahora les ofrece la derecha, y ya vieron la respuesta que tuvieron. Pero quieren nuevamente caer en lo mismo. ¿Son despistados o es que la derecha ha calado en su mente y su corazón, que ahora los ven como magnánimos defensores de la democracia y del bienestar de los ecuatorianos?
Realmente estos episodios son una vergüenza para la lucha histórica del movimiento indígena nacional y mundial. Son los mismos que antes criticaban a Ulcuango, Lluco, Curicama por haberse ido con el Correa. Acaso hay diferencia entre la derecha y el correismo. Acaso la derecha histórica no es responsable de todo lo que hemos vivido en 500 años. Acaso Correa no llegó al poder por el fracaso neoliberal, o creen que la derecha ya se ha curado del neoliberalismo. Lo que vemos es que se han acostumbrado a simplemente ganar más puestitos. La doble moral, y luego ellos le critican al Correa
Si expulsaron a Campos, Tituaña, Ulcuango, Lluco, etc., deberían expulsarlos a Quishpe, la Lulu y Marcelino Chumpí, si son coherentes. ¿Los argumentos con los que les expulsaron, no son los mismos para otros que han actuado igual? De seguro, mucho pesará la “cuotita” con el que esperan seguir chupando de un puestito en el Estado burgués y colonial, y el Partido de unos dolaritos del CNE para sus dirigentes. ¿Es o no así?
Lo mejor que podría hacer Pachakutik es auto disolverse para reorganizarse en otras circunstancias y condiciones. Mucho más allá de lo que ha hecho la Unidad Popular.
Realmente da asco esta política, no encuentro otra palabra. Por eso el pueblo rechaza tanto a los políticos y la política. Y eso es justamente lo que quieren, así ellos siguen mandando e imponiendo a nombre de todos. Y todos siguen aprobando en última instancia este juego político y electoral. Todos bajo el pretexto de derrotar a Corea están dispuestos a vender su alma al diablo.
Quizás sea cierto, que el pueblo se merece los políticos que tienen. Y los ecuatorianos todavía nos hemos cambiado y seguimos en el oportunismo, el clientelismo, el populismo. Por eso estamos como estamos.

ATAWALLPA OVIEDO FRIERE

miércoles, 10 de agosto de 2016

EL RACISMO INTERNALIZADO

Respuesta a Chuji, Santi, Tibán

El racismo no se define por el dominio de los blancos sobre la gente de color,
sino por el tipo de ser humano, blanco o gente de color, que hace posible tal dominación.

Una serie de principios provenientes desde la milenaria racionalidad andina (con ciertas diferencias entre la costa, sierra y amazonia) han puesto en crisis a la racionalidad de las ciencias sociales de patrón occidental, las que, con su positivismo, materialismo y objetivismo, creyeron que su verdad era la única y universal. Y, por otro lado, el emerger del sumak kawsay/suma qamaña, y de los derechos de la naturaleza y de la madre tierra, en las constituciones de Ecuador y Bolivia, han roto con el dogma de que solo es posible elegir entre el capitalismo y el socialismo.
La dicotomía occidental que divide a la política en tendencias de derecha e izquierda, no es parte de la racionalidad andina milenaria, en tanto funciona con otros paradigmas basados en la armonía de complementarios y no, en la lucha de contrarios (izquierda) o la competencia (derecha). La ideología como teoría social de occidente es también una visión sectorial y sesgada de la “realidad”, cuando hay también otras formas y medios de la conciencia que permiten una multidimensionalidad y transversalidad del conocimiento.
Empero, es importante tener claro, que estos paradigmas emergieron y funcionaron dentro de una realidad cultural determinada, la cual ya no existe, al ser alterada por la colonización y por la introducción de una serie de lógicas incompatibles que han alterado la situación social de sus milenarios habitantes. Lo cual, ha provocado que se genere una dicotomía de tipo paradigmático y conciencial entre lo andino y lo eurocéntrico, la misma que no puede cambiarse buscando la “convivencia entre los diversos” paradigmas, como plantea Chuji[1]. Hay un claro desencuentro o disimetría entre el paradigma andino que es incluyente y su concepción de lo complementario, relacional y el tercero incluido; con el paradigma occidental que es excluyente y su teoría de la no-contradicción, la identidad y el tercero excluido. No puede haber complementariedad entre paradigmas que se niegan el uno del otro, como demuestra la historia de 500 años en que ha sido imposible ese encuentro bajo ninguna forma. Y, por otro lado, porque lo andino está en situación de desventaja, de minoría, de dominado, y eso lo pone en una condición desigual, y en tanto juega en una cancha que no es la suya y con reglas que le afectan.
En este sentido, y de acuerdo a la realidad histórica republicana, consideramos que los pueblos con una visión andina de la vida no tenemos una ideología de izquierda, pero tampoco podemos considerarnos anti-izquierda sino complementarios de la izquierda; pero, en relación con la derecha si somos alternativos a ésta. Lo complementario es con posiciones y perspectivas opuestas pero que son recíprocas una de la otra, en cambio, lo alternativo es con visiones totalmente diferentes. Por tanto, no se puede olvidar el proceso histórico vivido y perder la perspectiva de que todavía estamos inmersos en el patrial-capitalismo traído e impuesto por occidente, y el cual, funciona en la lucha de clases como forma propia de su configuración y existencia. Si bien en la racionalidad andina no existe esta concepción, pero al estar inmersos y atrapados en el sistema occidental, no podemos sobrepasarla conceptualmente mientras ésta sea todavía una realidad latente en el mundo occidental y occidentalizado.
Esto también implica, el no confundirse con ciertas teorías de la derecha que hablan del “fin de la historia”, el “fin de las ideologías”, o de “rebasar a las ideologías”, o el “superar la lucha de clases”, etc., todos las cuales tiene propósitos neocoloniales y que difieren totalmente de nuestra racionalidad andina. La derecha quiere rebasar las ideologías para imponer la hegemonía del capital, y nosotros los andinos pretendemos ampliar las ideologías para convivir en la variedad y la diferencia de conciencias, lo cual es totalmente diferente. Si bien hay que cuestionar el dogmatismo de la izquierda occidentalizada, no se puede caer en un eclecticismo o un integrismo o un inclusivismo, incauto e ingenuo, para ser cómplices de la homogenización del pensamiento dominante.
Por ende, Mónica Chuji, cómo se puede pretender dialogar con la derecha para buscar con ellos “la defensa de los más vulnerables, terminar con la explotación y opresión, la defensa de la naturaleza”. Desde cuando acá la derecha, en el Ecuador o en alguna parte del mundo, se ha interesado por los más vulnerables, por la opresión, por la naturaleza. Desde cuando acá, Marcelino Chumpi, “la única ideología que hará levantar al Ecuador es la unidad sin exclusión”, para palmearse con Nebot quien cada día reprime al pueblo trabajador con sus policías municipales al mismo estilo del correato. Desde cuando acá, Marlon Santi, no hay que quedarse en "ideologías y dogmatismos” para unificarse en un “contexto pluralista” y con ello dialogar con la misma derecha dogmática o neoliberal que abrió las puertas al correismo ,y que justamente quiere imponer el monoculturalismo del capital en todo el mundo.
Seguramente, ustedes estarán cuestionando a Fanny Campos y Auki Tituaña, de que se han ido con CREO. Pero, cuál es la diferencia con ustedes que creen diferenciarse porque simplemente no dialogarán con Lasso, Nebot y Correa. Acaso con zafarse de estos personajes, ya son diferentes a Campos y Tituaña? Salvador Quishpe, dice que no quiere quedarse con el 3%. Acaso poniéndose a la cola de la derecha y sacando mayor porcentaje ya no van a estar entre los últimos?
Aquí lo que se ve, como siempre, es que en tiempo de elecciones saltan los intereses personales y se puede ver quienes realmente son. Aquí se desnudan tal cual son, pero luego que pasan las elecciones y dependiendo de cómo les ha ido, salen sus discursos rebeldes, revolucionarios, identitarios. Si algo habrá que valorar de esta época correista, es que nos deja ver quien es quien, en la que los supuestos izquierdistas e indianistas se alían con la derecha para defenderse de la “falsa izquierda” de Correa. Los que se unen en el mismo paraguas de opositores al correismo y se codean con la derecha más recalcitrante que hasta hace poco les trataba como peones, e incluso se sientan a su mesa y los invitan a sus fiestas familiares.
A pretexto de combatir al correismo se ponen a la cola de la derecha esperando remar alguna tajada, pues creen que serán los próximos ganadores y no confían en otras posibilidades como el “Acuerdo Nacional por el Cambio”. Y conjuntamente entonan con la derecha que ya desaparecieron las ideologías y de que ellos van a recuperar la democracia, la institucionalidad, la separación de poderes, etc.; cuando a ellos les importa un “pepino” los indios y peor sus epistemologías y paradigmas. Es esta ideología pro-derechista la que construyó Fanny Campos en el movimiento Pachakutik, y cuyos miembros son los que han puesto a la “evolucionada” de Lourdes Tibán como pre-candidata presidencial, pues en el fondo son coincidentes y ambas se pavonean con la derecha ultra liberal. Realmente, el paso de Campos a Santi, me temo que será más de lo mismo.
Lo mismo se puede decir de los “indígenas” que están en Alianza País y otros partidos, lo cual demuestra que no es la raza o la etnia o una genética la que determina una posición sino la manera de asumir y de responder a la vida y la “realidad”. El racismo no se define por el dominio de los blancos sobre la gente de color, sino por el tipo de ser humano, blanco o gente de color, que hace posible tal dominación.
En definitiva, lo que sucede con estas disfuncionalidades es que hay un racismo internalizado o asimilado, en la cual, se han incorporado o encarnado una serie de visiones del colonizador y que ahora las reproduce el colonizado de distintas formas. Gente con fenotipo o pigmento de tipo originario que ha digerido el pensamiento colonial y burgués, y que aprovecha de una condición física para hablar a nombre de todos. Personas que creen que “ser indígena” es un color de piel, para con ello apoderarse de una identidad haciéndola a su medida y presentándola como que fuera de todos. Personajes que a nombre de ciertas etnias dicen que luchan por su gente o cultura, pero que en el fondo es para sacar algún provecho personal. Es decir, son gente con una apariencia física pero que no manejan las ontologías, axiologías y epistemologías andinas sino las del colonizador, por lo que no se pueden guiar por ellas.
Es más, actualmente hay gente de piel blanca que conoce y vive mucho más profundamente la racionalidad andina que muchos de fenotipo oscuro. Todo esto quiere decir, que el problema no es de color de piel sino del color de entender y de vivir la vida. De ahí, que seguir hablando en términos de blanco, mestizo, indígena, negro, es continuar con el racismo. Los pueblos no se dividen por la apariencia física, tal como impuso el conquistador con su apartheid racista sino por sus maneras de pensar, de ser, de estar y de vivir.
Por lo tanto, hablar y unirse con la derecha que ha atacado desde hace 500 años al mundo andino, indudablemente que es una traición. Como los felipillos en la época de la invasión ayudando a los colonizadores, ahora los neo-felipillos poniendo la alfombra roja a los grupos hegemónicos, los que hoy se hacen los abiertos y democráticos cuando necesitan del voto de todos pero que luego les dan yuca, tal como somos testigos de la historia política nacional y mundial.
Esto nos conduce inexorablemente a la necesidad de descolonizar al “movimiento indígena”, como a casi toda la población nacional, y, por ende, pasa también por descolonizar a la izquierda. En todo caso, existe la esperanza y la posibilidad de descolonizar a los “indígenas” y la izquierda, pero con la derecha es soñar en castillos en el aire, pero, algunitos ya lo creen posible y seguramente piensan que metiéndose en su patio los van a convencer de luchar por los oprimidos.
Gente, como Lucho Macas, Nina Pacari, Blanca Chancoso, Carlos Pérez Guartambel, quedan muy pocos en el “movimiento indígena”. Hay que revolucionar al interior, si se quiere dar saltos a otro nivel más profundo.





[1] https://lalineadefuego.info/2016/08/03/sacha-runa-yuyai-y-yachai-el-pensamiento-y-saber-de-los-pueblos-selvaticos-por-monica-chuji/

miércoles, 20 de julio de 2016

EL CAMBIO DESDE ARRIBA Y ADENTRO, Y EL CAMBIO DESDE ABAJO Y AFUERA

Las trampas de las políticas de género, interculturalidad, sustentabilidad…

Cuotas de poder, participación en el Estado, inclusión al sistema oficial, son las nuevas tácticas del establishment en la práctica social para el control hegemónico. Si antes se sometía mediante la dictadura o la segregación o la educación forzada, ahora es mediante la integración y cooptación al poder y la racionalidad dominante. Es la manera sutil del manejo sistémico para anular, inmovilizar, negar, y asimilar a todos al pensamiento y hegemonía oficial.
En la retórica social se hace un reconocimiento a las mujeres, su aporte a la vida, sus capacidades y talentos, etc. Ante ello, se exige igualdad de derechos, igualdad de participación, igualdad económica, en fin, igualdad de género. La lucha se transforma en la búsqueda de la equidad en la intervención de hombres y mujeres en la vida social, política y económica. El poder accede y entrega a ciertas mujeres el mando de ciertas instituciones, las mismas que tienen la impronta de la mente patriarcal configurada en cientos de años de patriarquía o pramidalismo. Pero no le entrega a cualquier mujer, sino a aquellas que han asimilado y enraizado el patriarcado, es decir, a aquellas que han devenido “mujeres patriarcales”.
Así la lucha distal e integral contra el sistema patriarcal, causa y origen del machismo, el sexismo y de toda la segregación y ablación de la mujer, queda postergada para simplemente centralizarse en una acción por un mayor nivel cuantitativo de participación de las mujeres dentro del sistema-mundo patriarcal. De esta manera estratégica, la acción queda reducida a tener las mismas ventajas que tienen los hombres en el sistema creado y estructurado por el patriarcalismo. Se les entrega cuotas en el poder misógino, pero ellas no se convierten en luchadoras contra el sistema que les domeña, máximo se esfuerzan en lograr más derechos dentro del mismo Estado y sistema de poder sexista.
De esta manera, la mayoría de mujeres creen estar representadas o de que ya tienen los mismos derechos que los varones o de que al fin ya tienen participación en el poder. Sin que se dan cuenta que con ello están legitimando y naturalizando el mismo sistema de biopoder piramidal, en el que ahora hay mujeres enfrentándose contra otras mujeres. Mujeres que atacan inconscientemente a las formas y paradigmas femeninos de lo matricial o espiralado, y defienden al sistema piramidalista y sus múltiples tentáculos: colonialismo, capitalismo, productivismo, racismo, separatismo, materialismo, racionalismo, etc.
Las mujeres que han llegado a sitios de poder o que están dentro del sistema dominante, no han hecho acciones para desestructurar el poder vertical, por el contrario, estas mujeres han sido fieles defensoras del sistema divisorio, lineal, clasista, homogeneizador, etc. Lo que significa su fortificación y apuntalamiento para que el sistema patriarcal se renueve de otra forma y con otros medios, pero ahora impulsado desde arriba y desde adentro, no solo por los varones sino también por las mujeres. En definitiva, la neo-misoginia consiste en introducir personas con rasgos físicos femeninos en el sistema patriarcal, pero sin integrar los principios y paradigmas de lo femenino, matricial, integral, espiral; y cuyo propósito es que ellas mismas se encarguen de cuidar y de prolongar perpetuamente el sistema que las somete.
Por su parte, de los indígenas se dice que son los guardianes de la tierra, que viven en el continuum de la naturaleza, que sus conocimientos son necesarios para construir una nueva humanidad. Por lo que se pregona su inclusión en las políticas de desarrollo, se les integra a los beneficios del progreso y la modernidad, se les permite tener puestos en los gobiernos nacionales e instancias internacionales, etc. Se convierten en diputados, alcaldes, y hasta presidente de la república (Bolivia), pero no se produce ninguna transformación estructural, ni se cambia el estado colonial y republicano, ni se integran las ontologías y epistemologías indígenas, y a la final todo sigue igual. La inclusión indígena se convierte en la integración de personajes con fenotipo o pigmento “del color de la tierra” al mismo poder y sistema racista, pero no de la filosofía, metodologías, axiologías, hermenéuticas indígenas. Estos indios en el poder no están para recrear otro sistema sino para continuar con el blanqueamiento que ahora lo ejecutan los mismos indígenas. La mentalidad colonial instrumentalizada por los indios, que articulan ideas liberales, marxistas, positivistas, capitalistas, desarrollistas, progresistas, religiocentristas, etc.
La interculturalidad y la plurinacionalidad tan solo queda en la intervención de indígenas dentro del mismo Estado y gobierno colonial-liberal. Se introducen algunas simbologías y parafernalias ancestrales al mismo sistema de dominación, en un típico pachamamismo para maquillar al mismo sistema-mundo xenófobo y homofóbico, y no, para cuestionarlo y resquebrajarlo. Se convierten en nuevos felipillos que se encargan de tender los lazos con los neo-conquistadores, para que el indio siga sirviendo a la biopolítica de los grupos hegemónicos.
Lo que significa que el racismo sigue latente al mantenerse los mismos conceptos y valores coloniales y de la modernidad occidental en la vida común y corriente. De esta manera, los indios quedan máximo como adorno para recibir a personalidades, como turismo comunitario, como danzas y músicas para el mercado posmoderno, como espiritualidades para buscadores new age. Con ello el sistema continúa incólume, con indios incorporados al mismo poder racializado, para reclamar solo ciertos derechos para los indígenas dentro del mismo sistema xenófobo. De esta manera, se posterga el asunto de fondo que es el cambio del sistema eurocentrista o de blanqueamiento ontológico y epistémico. En definitiva, el neo-racismo consiste en incorporar gente con características físicas indígenas al poder estatuido, pero que su mentalidad está estructurada en lo colonial y formada en la modernidad capitalista, para que se responsabilicen en naturalizar y legalizar el sistema de dominación eurocéntrica.
En el mismo sentido podemos hablar de los ecologistas y ambientalistas. Se dice que ellos han cambiado las dimensiones de la naturaleza, que sus conceptos de sustentabilidad y de todo lo verde han replanteado la relación cultura-medio ambiente, que sin el ecologismo la explotación y depredación de la naturaleza habría alcanzado niveles dramáticos. Ante ello, promueven su intervención en los altos organismos mundiales y nacionales, son tomados en cuenta sus planteamientos de los derechos de la naturaleza, sus miembros pasan a puestos importantes en los gobiernos nacionales y mundiales, etc. Pero no pasa nada de fondo, ni siquiera se ha logrado detener el cambio climático peor la crisis global, todo se queda en medidas de adaptación, de mitigación, de resiliencia, y el capitalismo devorador sigue campante. Por el contrario, eufemísticamente se acomodan las formas depredadoras y aparece el capitalismo verde o el desarrollo sostenible como referentes para todo el mundo. Es decir, el estado extractivista se mantiene y el sistema utilitarista y cosificador de la naturaleza se resignifica desde un nuevo discurso de prácticas “amigables con el medio ambiente”.
El saber ambiental que debiera cuestionar y transformar a las epistemes positivistas del sistema de objetivación de la naturaleza, queda relegado y visualizado como no científico o serio, para presentarlo como un concepción apocalíptica o catastrofista. Con ello se desdibuja y se desarma la posibilidad de terminar con el ecocidio, para continuar por otros enfoques con el mismo esquema, como por ejemplo, el discurso demagógico de que los recursos naturales serán utilizados para terminar con la pobreza. De esta manera, la epistemología ambiental que podría abrir el camino a la construcción de un nuevo mundo, es atrapado en el poder oficial y con ello adormecido en su capacidad de ruptura profunda con la racionalidad económica y la racionalidad tecnológica. El ambiente deja de ser una fuente de pensamientos, sensaciones y sentidos para tan solo seguir siendo un objeto de conocimiento y de manipulación por la ciencia tecnocrática. Cumpliéndose así con el objetivo primordial, que es mantener el mismo sistema depredador y explotador de la naturaleza y del ser humano, con la intervención de ecologistas y ambientalistas que adornan su discurso de verde y de sustentabilidad.
Con ello, lo único que se consigue es florecer de otras maneras el mismo sistema, pero dejándose intactas al mismo tronco y raíces del sistema contra-natura, consecuentemente manteniéndose en peligro la sobrevivencia misma de la especie humana. En definitiva, el neo-ecocidio es la introducción de personajes con maquillaje y ropaje verde, pero que no viven ni manejan políticas desde las epistemologías ambientales, los cuales tienen la función de adornar de sustentabilidad y de sostenibilidad al mismo proyecto catastrofista del capitalismo voraz.
Irónicamente, quienes cuestionan a estas formas cosméticas o parches, que son las políticas de género o de interculturalidad o de sostenibilidad, son calificados de extremistas, de aventureros, de demagogos y hasta de contrarevolucionarios. Los opacan con el argumento de que todo es proceso y de que se está avanzado paulatinamente, cuando de lo que se trata es de sembrar las semillas de algo nuevo y diferente para que eso germine, y no de repintar o de reacomodar las mismas estructuras de disciplinamiento y sumisión. Obviamente que eso no se consigue en poco tiempo, como pretenden cuestionar los desarrollistas y progresistas de que la “revolución no se hace en 5 minutos”. Pero de lo que se trata es de empezar, pues jamás puede haber cambio desde el propio sistema sino desde la alteridad (afuera).
Todo esto significa que lo principal es todo lo que se pueda hacer “desde fuera” de la racionalidad dominante y “desde abajo” al interior del sistema de poder. Eso implica la recreación de nuevas formas de vida desde fuera de lo convencional u oficial, y no solo la idea de asaltar o tomar el poder. El de reconstruir el poder desde “abajo” con la sociedad civil organizada, y no particularmente “desde arriba” o desde el Estado como aparato y medio creado por la racionalidad hegemónica.  La izquierda solo quiere hacerlo al interior del sistema, desde arriba y desde adentro, desde el gobierno y desde la democracia formal, de ahí el perenne fracaso y sin que terminen de aprender.
Fatalmente, la izquierda no termina de abrirse a la otredad o la alteridad (exterioridad), las que se inscriben dentro de otras racionalidades y complejidades que funcionan en la multidimensionalidad y la intersectorialidad. Continúan en su visión dialéctica basada en la totalidad, la contradicción, y la negación, cuando las ciencias cuánticas y los saberes de la complejidad han demostrado que la vida funciona desde otras variables como la complementariedad (Lupasco), la reciprocidad (Temple), la paridad, la armonicidad, la entropía, la sinergia... (pensamiento de lo espiral). Con ello, señalando que la diversidad, la diferencia, la variedad, son elementos con los que guiarse para repensar la naturaleza y un nuevo mundo, donde quepan todas las formas de vida y no solamente las humanas, y dentro de las humanas, todas las diversidades sociales y no solo la eurocéntrica.
La izquierda se dice ser la más avanzada, la más revolucionaria, la más vanguardista, pero en la práctica son de las más conservadores entre las tendencias alterativas. Son de los que recién han abrazado algo del ecologismo, del ambientalismo, del feminismo, del multiculturalismo, de la colonialidad, del igualitarismo, etc. Pero todo queda como un añadido o un brazo exterior y no como algo transversal o diagonal a toda la co-racionalidad[1] ontológica y epistémica de la vitalidad. Su lucha es eminentemente economicista y productivista (capitalista), y en el fondo, no le interesa lo patriarcal, ni lo colonial, ni la naturaleza, en otras palabras, no le importa los verdaderos cambios sino tan solo pretenden disfrutar de la modernidad, de la ciencia positiva y de tener mayores ventajas económicas.
Por ello, no abrazan el decrecimiento, la autogestión, la autosuficiencia, la autonomía comunitaria, el autogobierno, los sistemas de transición, el bien común, el buen vivir, el sumak kawsay, y todo aquello que implica la resistencia y/o reconstrucción desde abajo (al interior del sistema) y desde afuera (al exterior del sistema), a partir de vivir y de recrear nuevas formas y estilos de vida, de producción, de educación, de vivienda, etc., más allá del Estado y de la sociedad oficial. Se quedan enmarcados en el sistema biopolítico y en el biopoder hegemónico, pretendiendo autodestruir su hegemonismo en una segunda etapa de un comunismo utópico, algo que solo pueden creerlo idealistas materialistas históricos y dialécticos que siguen teniendo solo a Marx y a Lenin como sus libros de cabecera.
Por su parte, la mayoría del feminismo, del multiculturalismo, del ecologismo y demás corrientes alternativas no se transforman en alterativas. Tienen miedo del poder, cuando el poder en sí mismo no es negativo sino en cómo se utiliza el poder. Todo en la vida es un poder, el poder del agua, del sol, del pensamiento, de los sentidos, de las emociones; y en el caso de la naturaleza, lo que ella hace es buscar simbiosis, homeostasis, entre todos esos poderes. Algo que lo sabe también el cuerpo humano, pero la mente patriarcal, racionalista, sexista, se encuentra divorciada y enajenada de su organismo, como de la naturaleza extra-humana. Si bien hay que ser críticos con la izquierda, no significa entrar en contradicción sino en una complementariedad. Indudablemente que hay que avanzar más allá del socialismo, pero no se trata de quedarse en formas que rozan con el capitalismo antes que con algo realmente transgresor.
Esto significa abrazar a todas las alteridades y alternativas en conjunto, no puede haber una izquierda machista, un feminismo racista, un ecologismo materialista, un indigenismo anti-blanco, un ambientalista contra el matrimonio gay, un izquierdista antiinmigración, un ecologista carnívoro, etc. Si no se hace un gran paraguas de tipo integral, diverso y complementario, cada cual en su secta seguirá reproduciendo desde otros ángulos e instrumentos al mismos sistema-mundo que los separa y divide. Los maquillajes están de moda y lo que se hace necesario son actitudes y posiciones medulares.
En síntesis, la izquierda tiene que aprender a construir la nueva vida, caminar con los de abajo y los de afuera, y no solo pretender tomarse el poder y construir desde arriba. A su vez los alternativos, deben plantearse llegar al poder, formar organizaciones globales, y caminar complementariamente con la izquierda. Esto es, la izquierda tiene que actuar también en la micro-política y los alternativos en la macro-política. Todas las formas de lucha, de acción y de resistencia utilizadas, pero principalizando la construcción desde las bases para llegar a arriba en forma espiral, tejiendo las jerarquías para que se sostengan las unas con las otras, y conjugándose en sintonía con los modelos complejos de la naturaleza.



[1] Con co-racionalidad (o co-razón) nos referimos a la interrelación entre el pensamiento y los sentidos, en oposición a racionalidad que se circunscribe solo al pensamiento y especialmente a la razón instrumental.

sábado, 9 de julio de 2016

DECADA GANADA O DECADA PERDIDA


El regreso de la derecha en Argentina y Brasil, y la facilidad con la que han revertido lo hecho por el progresismo demuestra que fue una época pérdida, pues, si fuera “ganada” –como ellos dicen- no hubieran regresado los neoliberales, o al menos les hubiera sido difícil el desmonte de lo hecho por el progresismo. Por el contrario, todo fue un simple castillo de naipes que de un solo soplido ha sido deshecho, no había nada estructural ni cimentado, ni siquiera un pueblo organizado y consciente que pueda impedirlo. A la final, todo fue un espejismo de revolución, tan solo un gatopardismo con una serie de cambios para que a la final no cambie nada de fondo, más por el contrario, esas reformas han apuntalado y perfeccionado el sistema de dominación.
Quizás lo ganado, es todo lo que se puede aprender de esta época, si es que hay la capacidad para asimilarlo y llevarlo a la práctica, caso contrario, será otra pérdida de la izquierda, de las tantas en su historia y que a estas” alturas del partido” se creería que ya debería interiorizarse en una profunda autocrítica. Confío, que los que más han aprendido son los de “abajo” y principalmente los de “afuera” (alternativos, autogestionarios, autonómicos, anti-sistema, alter-sistémicos).
Después de la “época pérdida” del neoliberalismo, se presentó una situación inigualable para proceder a un cambio estructural, pero los progresistas se equivocaron en sus procesos de cambio y/o no supieron qué hacer en el poder, para simplemente limitarse a hacer cambios cosméticos apuntalados con mucha propaganda. En el fondo ni siquiera se propusieron una reforma seria, tan solo se plantearon la modernización del capitalismo. Excepto Venezuela que sí se lo propuso, pero que no tuvo la capacidad de lograrlo debido a la improvisación, el dogmatismo y el caudillismo que le rodearon. Por su parte, los otros gobiernos progresistas creyeron que había que crear las condiciones para una transformación orgánica, cuando ya estaban dadas con todo lo hecho por el neoliberalismo que llevó a la quiebra al capitalismo, pero para ellos pasaba por disminuir la pobreza y las desigualdades para que sea posible una revolución posterior.
Efectivamente, consiguieron afectar la pobreza y disminuir las desigualdades, pero solo por el lado de los ingresos. Algo, que igual lo lograron otros países con gobiernos abiertamente neoliberales, e incluso en algunos casos mejor a lo que hicieron los progresistas (Colombia, Panamá, Paraguay). Además, que era una propuesta de la ONU para cumplir con los objetivos del milenio, todo lo cual no pretendía acabar con el sistema sino de tan solo limitar la voracidad del “capitalismo salvaje” para que perviva y se asiente el mismo régimen. Y ello fue posible, por la ventaja internacional que ofrecían los excelentes precios de las materias primas, pero ahora que han caído y ya no hay los recursos se comienza el proceso inverso, con ello demostrándose que se los desperdiciaron al no invertirlos para sembrar a través de generar una nueva matriz productiva y de propiedad asociativa (grupal, comunitario, cooperativo). Por el contrario, todos esos ingentes recursos fueron a parar en los grandes capitales nacionales y transnacionales, siendo para ellos si “la época ganada”, pues nunca ganaron tanto ni siquiera cuando ponían directamente los gobiernos.
Quizás, otra hubiera sido la historia si los progresistas no se hubieran encontrado con esa bonanza que les llegaba del exterior y ahí, tal vez se hubieran propuesto algo más contundente. El poder les envaneció y engolosino, llevándolos a cometer múltiples errores, y que a la final sus cambios fueron simples cascarones o maquillajes suntuarios, pero nada raigal.
Su idea de mejorar las condiciones de vida de la población, implicó solo políticas redistributivas de los ingresos descuidando las distributivas de la propiedad y no cambiaron la matriz de producción primario exportadora, con ello dejaron intactas las mismas estructuras.
La mejora material sin una disputa contrahegemónica epistémica y ontológica de sentido histórico eliminó la posibilidad de un cambio social, pues, además, lo hicieron sin la participación de la población y sin una nueva expresión cultural de por medio. Por el contrario, se procedió a desmovilizar a las fuerzas sociales que enfrentaron al neoliberalismo y que permitieron el triunfo del progresismo.
Se activó la actitud paternalista y verticalista de la vieja izquierda totalitaria y estatista, en la que ellos como vanguardia se encargarían de hacer la revolución, dejando a un lado la creación de una ciudadanía individual y comunitaria comprometida, que partícipe y dirija su propio proceso de cambio. Las mejores condiciones de vida a través de inversión pública para democratizar derechos, no significó ningún valor agregado socio-político pues se mantuvo la misma estructura de poder. Por el contrario, implico un valor desagregado medible en desorganización, desmovilización, inconsciencia e inconsecuencia de la población hacia la generación de un nuevo orden social y de una nueva actitud de construcción cultural.
Con esto se cometió otro error al creer que el cambio es sobre todo económico, siguiendo el mismo esquema de la derecha para quienes el problema es de capitales, de la generación de mayor riqueza. No entendieron que no vivimos solo una crisis cíclica del capitalismo sino una crisis multifacética de la civilización (patriarcal, racista, ecológica, energética, social, económica, política), y una de cuyas partes es lo económico. Esto implica que las acciones deben ser integrales, en forma transversal e interseccional, para que sea posible un cambio total. Centralizar en lo económico es perder la perspectiva para quedarse mareado en las ramas, sin resolver la situación de los troncos y de las raíces que generan la dependencia y la explotación. El economicismo, el productivismo, el consumismo, el extractivismo, no conllevaron a una ciudadanía empoderada sino a la activación del individualismo y el hedonismo; a la recreación de una sociedad materialista y anoréxica preocupada por tener más antes que despertar la cooperación, la reciprocidad, la solidaridad, la complementariedad, la armonía y el equilibrio.
A ello se suma, que los dirigentes de los movimientos sociales fueron cooptados por los gobiernos. Con ello las bases pasaron a ser clientes demandantes de obras y de ventajas personales o grupales, dejando de ser los actores y autores del proceso de cambio. La burocratización de los dirigentes significó el aumento del clientelismo, del prebendalismo, del paternalismo, en la espera de que el Estado resuelva todo. Y, por otro lado dio paso a la corrupción, pues los altos presupuestos les terminaron pervirtiendo, generando nuevos ricos que vieron su oportunidad de sacar su tajada en forma legal o ilegal (“ahora nos toca a nosotros”). Poco a poco va saliendo a luz los casos de corrupción en todos los gobiernos progresistas y que demuestra que si fue para ellos una “década ganada”. Y en el caso de los movimientos que se mantuvieron firmes, se procedió a criminalizarlos y perseguirlos; incluso, mucho más que lo que la derecha había hecho anteriormente, asemejándose en algunos niveles a la época de las dictaduras. Además, en el mejor estilo de los totalitarismos, se crearon organizaciones paralelas sumisas a los gobiernos progresistas.
Esta cooptación de los dirigentes sociales al gobierno significó desarrollar el mito del marxismo dogmático de que la revolución se hace desde el Estado y no desde la sociedad y las comunidades. Con esta visión estatista y vertical se bloquearon las posibilidades para que el pueblo organizando asuma nuevos roles y responsabilidades.
El estado verticalista se encargaría de hacer los cambios, y el pueblo simplemente tenía que estar pasivamente votando por ellos, para que les sigan dando más beneficios. A la final en eso se convirtió el cambio progresista, transformando al gobierno central en un agente de obras que son propias de los municipios, en vez, de dedicarse a hacer cambios estructurales en las relaciones de poder. Se dedicaron a modernizar el país (hidroeléctricas, carreteras, escuelas), obras que principalmente han sido beneficiosas para los tradicionales y nuevos grupos económicos, desperdiciándose la oportunidad de generar organización económica desde las comunidades a través de motivar a la unión de medianos y pequeños capitales privados y comunitarios, para que puedan competir con las grandes corporaciones nacionales y transnacionales.
Es decir, se desaprovechó la oportunidad de distribuir los recursos entre toda la población, a través de la generación de diferentes formas productivas y no simplemente redistribuyendo bonos que lo único que hacen es profundizar la dependencia y la sumisión. De lo que se trataba es de fomentar iniciativas de transición para la transformación social desde abajo, mediante la autogestión, la auto-organización y el trabajo en red, para sentar las bases de un nuevo sistema. Todo desde abajo, y no desde el fomento a la creación de grandes empresas estatales o privadas, y con grandes obras que lo único que reflejan son los regazos de un capitalismo devorador.
Nada se hizo para impulsar la construcción de la vida desde una posición anti-globalizadora y anti-calentamiento mundial. Se olvidaron que nuestro potencial está en la energía solar y eólica, y en la producción agroecológica, agroforestal, y en todo lo que es orgánico sin agro-tóxicos ni transgénicos.
Estatizar la revolución, fue el mayor error cometido por el progresismo. No hay Estado revolucionario sino sociedad revolucionaria, el estado por esencia es anti-revolucionario. El Estado no integra a la sociedad, sino que genera nuevas formas de dominación por quienes están en el poder.
Indudablemente que son necesarias esas mega obras, pero antes había que cambiar las estructuras de propiedad y de producción, para que los beneficios de esas obras estén al servicio de las mayorías.
Lo primero es lo primero, y ello tenía que ver con cambiar el sistema político, institucional, económico, jurídico, de tipo colonial y republicano, que era lo esencial y el trabajo vanguardista de un gobierno revolucionario para construir el sumak kawsay/vivir bien, y no dedicarse a hacer obritas. Además, que con los megaproyectos se ha aumentado la dependencia al exterior, al profundizarse la estructura productiva primaria exportadora y secundaria importadora, y por otro lado, se ha aumentado la deuda externa y han disminuido las reservas internacionales propias, dejando en indefensión a las futuras generaciones que ahora tendrán que solo dedicarse a pagar los préstamos y recuperar la liquidez interna.
En su visión estatista salvadora, se dedicaron a perfeccionar el mismo sistema republicano y burgués, cuando de lo que se trataba es de recrear otro Estado, un Estado horizontal para desmontar todo el poder estatuido. Un verdadero Estado plurinacional y no la cooptación de ciertos conceptos al mismo Estado colonial-liberal. De la visión del Estado débil pasaron a la idea de recuperación del Estado obeso, cuando lo que había que recuperar principalmente es a la sociedad organizada, para que la fuerza del nuevo Estado no esté en su estructura institucional sino en la estructura social consciente, organizada y participativa de la ciudadanía. El proceso constituyente se frustró por los caudillismos que dieron paso a la modernización del capitalismo, que principalmente significó el aumento de la burocracia y no al aumento de las formas de gobierno local, de consolidación de la autogestión, de despegue de las economías comunitarias.
Un proceso revolucionario no es la magnificación del Estado, pues a la final se convierte en la del Partido, y ante todo del jefe del buró y del gobierno, quedando todo concentrado en una sola persona (hiperpresidencialismo). La lección, es que se debe proceder a la desconstitución o desmonte paulatino del Estado para recrear un nuevo tipo de funcionamiento social, cuya fuerza esté en la sociedad organizada y politizada. No se trata de dar todo el poder al Estado, para luego dizque eliminarlo en la segunda fase del comunismo, es decir, nunca.
Esto implica, desmonopolizar la política circunscrita a los partidos políticos, para abrir la participación a los movimientos sociales, a las nacionalidades, y a todas las expresiones populares para que tengan plena intervención en las políticas públicas y en el ejercicio social. La recreación de un sistema en espiral, que monte desde abajo hacia arriba, que se encargue de coordinar, ejecutar y controlar a las instancias superiores. El poder siempre en las bases y no en el Estado (ejecutivo, parlamento), todo lo contrario, a la visión marxista en la que el pueblo es la retaguardia. Entonces, hay que cambiar las posiciones, el pueblo organizado en los movimientos sociales siempre en la vanguardia y los demás en la retaguardia, es decir, en la resistencia. Es un error pasar de la resistencia a la vanguardia, cuando hay que siempre mantenerse en esa posición revolucionaria.
Por ende, el cambio es ante todo cualitativo antes que cuantitativo, son necesarias las obras pero de lo que se trata es de resolver el poder contrahegemónico a través de disputar nuevos valores y espacios. Por ejemplo, de que sirven las escuelas si no se cambian las pedagogías, los pensum, por el contrario el efecto es negativo al incorporar nuevos agentes formados en el mismo sistema oficial y que salen capacitados para servir al status quo que se quiere acabar. Educados, alfabetizados, profesionalizados, para consolidar el mismo esquema social y no para recrear un nuevo orden cultural. Mayor infraestructura, libros, desayuno escolar, uniformes, partidas docentes, pero con los mismos contenidos y valores, que al final se convierten en un contrapeso que frena los cambios sociales antes que potenciarlos. Estos educados lo que quieren es más dinero y toman mayor distancia con aquellos que todavía se mantienen abajo, antes que hacer algo por integrarlos a un proceso de cambio. Lo que importa es el cambio en la matriz de pensamiento para transformar todo, en este caso, la manera en que se enseña, se aprende, y con ello cambiar las perspectivas epistemológicas sobre lo social y lo natural. Los “elefantes blancos” sin nuevos valores sociales, es trabajar para el enemigo o para el establishment que para uno mismo.
En lo político había que contribuir a conformar y fortalecer instituciones representativas de las mayorías desde espacios locales y municipales, que vayan ampliándose en círculos concéntricos hasta cubrir el nivel nacional, con el propósito de confrontar a la dominación del capital financiero, del capital extractivista, y las burocracias tecnocráticas, principales grupos reacios al cambio. Para diseñar estas normas y políticas se precisaba profundizar la democracia (biocracia), pues estaban en juego definiciones trascendentales para el uso adecuado de los recursos no renovables.
Esto implica gestar espacios de poder real, sobre todo desde lo local y comunitario, para que sean verdaderos contrapoderes de acción democrática en lo político, económico y cultural. Se debe garantizar la participación y el control social desde las bases en el campo y las ciudades, desde las comunidades y los barrios. Se precisa construir una sociedad fundamentada en la horizontalidad, lo que demanda democracia directa, acción continua y autogestión, no nuevas formas de imposición vertical y menos aún liderazgos individuales e iluminados. Estas lógicas, todavía presentes en muchas comunidades indígenas, deberían empezar a cristalizarse en los movimientos sociales que se asumen como portadores del cambio. Eso sería lo mínimo que se podría esperar.
En suma, se precisa contrapoderes que presionen a los Estados y que sostengan la estrategia colectiva hacia un nuevo imaginario de convivencia, que no podrá ser una visión abstracta que descuide a los actores y a las relaciones presentes, sino una visión concreta que reconozca a los gestores y sus inter-vinculaciones tal como son hoy y no como quisiéramos que fueran mañana.
En síntesis, todo lo señalado nos dimensiona que fue una época desperdiciada y hasta perdida en politización, organización, movilización, concientización, participación, experiencia de la población para enfrentar los cambios; como asimismo, en la estructuración, recreación, generación, cimentación de un nuevo sistema, que funcione con otras reglas de juego y en otra cancha, para hacer posible otro mundo donde quepan todos. Ahora, todas las obras sociales quedan para el cuento y todas las mega-obras para potencializar el neoliberalismo y el extractivismo. Todo el trabajo del progresismo para beneficio de la derecha, y después preguntaban a quién le hacía el juego la oposición radical de la izquierda, los de abajo y los de afuera. Ahí tienen la respuesta.