miércoles, 24 de febrero de 2016

“SI TENEMOS QUE CERRAR CARONDELET, LO CERRAREMOS”[1]



Cuando terminé la primaria, mi padre había decidido que continuaría la secundaria en otro colegio católico de renombre de Quito. Cuando me enteré de aquello vinieron a mi mente una serie de pasajes en la escuela católica que terminaba: todos los días lunes con terno y a primera hora a misa, el sermón cansino del cura y principalmente contradictorio a lo que se les veía en las aulas. En la iglesia eran unas “almas de dios” pero en las aulas eran unos diablos.
Así que pegue el grito en el cielo y preparé una jugada maestra. Le dije a mi padre: papá sería bueno que me inscriba en otro colegio, imagine si no paso el examen de ingreso, me quedo sin estudiar. Me respondió: Tienes razón y en cual colegio quieres que te inscriba. Ni corto ni perezoso le contesté: en el Montúfar. Mi padre reaccionó medio molesto y dijo: Estas loco, en ese colegio de revoltosos. Apaciblemente le respondí: Solo es por si acaso, para asegurar nomás.
Le logré convencer y me inscribió. Obviamente el día del examen de ingreso di mal en el colegio católico, por lo que mi padre se vio obligado a matricularme en el “Papa Montúfar”. Como vivía en la Villa Flora, barrio que quedaba muy cerca de este institutito educativo solía ver que los estudiantes salían a protestar, que reclamaban por los embates de los gobiernos contra el pueblo, que eran de los pocos colegios rebeldes que habían en Quito. Mientras la mayoría de mis amigos habían elegido colegios católicos y privados, yo huía despavorido de ellos. Había optado desde niño ser contestario a los curas que me parecían los más falsetas, a los ricos que no entendía porque eran tan desalmados con los indios, a los policías-militares que eran duros y agresivos contra cualquiera, a los gobiernos que atacaban y perjudicaban al pueblo. Prefería ser un joven revoltoso que uno acomodado a las injusticias de este mundo.
En el Montúfar había todo tipo de profesores -políticamente hablando-, unos de derecha y mucho menos de izquierda, pero la gran mayoría no decía nada o se inscribía en algunas de estas tendencias. Salíamos a protestar cada vez que los gobiernos lanzaban sus políticas antipopulares. Los estudiantes lanzaban piedras (yo solo gritos pues no estaba de acuerdo con las piedras) y los policías nos devolvían bombas lacrimógenas. Más dolía las bombas que las piedras. Así se pasaban las manifestaciones, sin que se escuche o se vea fuertes ataques por parte de los estudiantes.
Cuando salí del colegio y hasta antes del correismo nunca oí que algún gobierno haya enjuiciado a estudiante alguno. En el gobierno de Febres Cordero hubo gran represión por la policía pero no se llegó a criminalizar la protesta. El primer gobierno que lo ha hecho en la historia del Ecuador, es el gobierno de “izquierda” de Rafael Correa. Práctica que se ha popularizado en el mundo y hoy muchos gobiernos de derecha han seguido el ejemplo del correato.
Con esto no estoy justificando ni aplaudiendo la violencia de los estudiantes en los últimos episodios de agresión a miembros de la policía. Todo lo contrario, la rechazo categóricamente. Estoy opuesto a todo tipo de violencia, venga de donde venga y en la forma que se exprese. Y si estoy en desacuerdo con la violencia de los estudiantes, estoy mucho más en contra de la violencia de Rafael Vicente Correa Delgado, tratándose de un presidente y de un supuesto líder popular. Si bien no es justificable el ataque físico de los estudiantes con piedras, palos, basureros; tampoco es aceptable la violencia de Correa que casi todos los días lanza piedras verbales, palos difamadores, basureros psicológicos, etc., etc. Los estudiantes del Montúfar y otros manifestantes han exagerado de vez en cuando, pero el correismo viene haciéndolo nueve años. Si señores, 9 años de insultos, de menosprecios, de burlas, de sarcasmos, de persecuciones, de ataques. O acaso eso no es violencia -señor Correa- y si va a cerrar el Montúfar pues el pueblo también tiene derecho a cerrar su violento gobierno. No olvidé que la violencia genera violencia y que lo que está pasando  actualmente es que usted está cosechando lo que ha sembrado. No es casual o un azar que en su gobierno se haya visto semejante violencia estudiantil como nunca se lo había visto.
Sin embargo hay algo que llama mucho la atención de la policía. Normalmente la policía reprime y persigue a los estudiantes. Por lo que no entiendo que hacían en la puerta, ahí parados aguantando los proyectiles. Quién les dio la orden de quedarse ahí y no se retiraron inmediatamente. Acaso fue pensado para que se expongan a los estudiantes mientras las cámaras del gobierno filmaban los ataques para que luego aparezca el evangelizador del siglo XXi con su discurso moralista y pacato? Es decir, solo veo dos posibilidades, o el jefe de esa operación era un desalmado y merece una sanción ejemplar por haber dado semejante orden de acercarse y de no ordenar de que se retiren inmediatamente, o es que una vez más el gobierno aplica su táctica de victimizarse como suele criticar a la oposición que eso hace siempre y él ahora hace lo mismo que crítica, algo típico en él? Ojalá alguien pueda explicarme.
Me atrevería a creer en lo último, ahora que está más desesperado ante la crisis económica y su precipitada baja de popularidad. Entonces, señor Correa, si usted continua con uno más de sus atropellos (ahora amenaza a la flacso y la andina, y en la Ley de Educación Intercultural no existe como sanciones la figura de estudios a distancia o en casa) y sin aspavientos dice que “si tenemos que cerrar el Montúfar, lo cerraremos”, pues sepa también que si “tenemos que cerrar Carondelet, lo cerraremos”. O ya se olvidó lo que el pueblo hizo con Mahuad, Bucaram, Lucio, y usted merece ser parte de este grupo. Pero quizás no será antes de que se termine su mandato pero si será en las urnas dónde cerraremos definitivamente su violencia. Váyase no más con su violencia egolátrica a Bélgica –si es que le aceptan-. Estamos cansados de su violencia sempiterna. Que le vaya bonito.



[1] Frase de Fabián Espinosa en Facebook.

lunes, 1 de febrero de 2016

LA DERECHIZACION DEL MOVIMIENTO PACHAKUTIK


La convocatoria de la directiva nacional de Pachakutik del 27 de enero del 2016 a varias organizaciones políticas y movimientos sociales, dejó ver en claro que hay una división a nivel de todo el movimiento indígena y de sus organizaciones o brazos ejecutores, especialmente dentro del movimiento político Pachakutik.
En la reunión se pudo vislumbrar que hay dos posiciones: los que quieren la unidad con la derecha, y los que la rechazan categóricamente y solo quieren la unidad con el pueblo y los movimientos sociales.  Con ello, reflejando el nivel de colonización de unos y otros, siendo los de la amazonia y de la costa los más occidentalizados. Seguramente se explica, en cuanto el indígena de la amazonia nunca fue esclavizado ni sometido como si lo fue (y lo sigue siendo) el indígena de la sierra. Por eso, les resulta una traición la que están haciendo algunos de sus hermanos de la amazonia uniéndose con el “patrón blanco”, aquel que les viene explotando desde hace 500 años.
Resulta incomprensible para el indio serrano el sentarse en la misma mesa con quienes día a día les siguen pisando el poncho y porque guardan en su memoria la lucha de 5 siglos, de la que carecen los amazónicos. Estos últimos son más indulgente con las élites y su mayor interés es económico o de beneficios materiales, antes que luchar por un cambio estructural. Pero al mismo tiempo los más claros en esta situación son ciertos grupos de la amazonia (sarayaku), pero son una minoría en relación al nivel de evangelización y de civilizamiento de la mayoría de la población amazónica. En la sierra también están bastante colonizados, pero hay un importante sector que tiene profundidad y determinación.
Aquellos que abogan por la unión con la derecha, fundamentan o sus argumentos coinciden con los discursos y postulados de la derecha: unidad para salvar a la Patria, unidad de las derechas e izquierdas para frenar al correismo, unidad de todos frente al fascismo, unidad dejando a un lado las ideologías y los intereses partidistas, etc. Todas estas, antiguas teorías y aspiraciones de la derecha que al fin han logrado calar en una parte de los indígenas y que ahora hacen el eco de que la derecha sí puede salvar a la patria. En dicha reunión accidentada, un dirigente de la provincia de Los Ríos puso de ejemplo al cerebro humano que funciona por la existencia de los dos hemisferios: el derecho y el izquierdo, por lo que -según él- era natural y normal que se unan las derechas e izquierdas políticas. Un ejemplo totalmente absurdo, pues la derecha política no funciona como el hemisferio derecho, con sensibilidad, espiritualidad, horizontalidad, integralidad, sino todo lo contrario. La derecha no busca la armonía de las dos fuerzas sino la imposición de la una sobre la otra (la competencia). Ese el nivel político de la dirigencia de Pachakutik.
Asimismo una dirigente de Imbabura se atrevió a decir que muchos de los que habían llegado al encuentro y que estaban en desacuerdo con la unidad de izquierdas y derechas, eran pagados. Lo cual deja ver, quiénes y qué mentalidad es la que está al interior de Pachakutik, como al mismo tiempo refleja el desprecio a sus hermanos indígenas y la revalorización a la gente de derecha. Pero lo más grave y que demuestra la clara derechización de Pachakutik fue la intervención de la coordinadora nacional Fanny Campos, quién en vez de buscar la unidad del movimiento y de manejarse prudentemente, llegó a decir que ningún movimiento de fuera de Pachakutik va a imponerles lo que ellos deben hacer, en referencia a la CONAIE y la ECUARUNARI. Olvidándose que Pachakutik surgió gracias a la lucha y la acción del movimiento indígena y que además ellos son el brazo político y no una organización independiente. De otro lado, reaccionó con tesis regionalistas –como lo hace la derecha- , diciendo que se unirán con la gente de la amazonia para ver quiénes son más fuertes, en referencia y  en aprobación a Marlon Santi ex dirigente de la CONAIE y de otro dirigente provincial, quienes dijeran que no iban a permitir imposiciones de otra regional. Una actitud segregacionista y divisoria por parte de un ex presidente de la máxima organización de los indígenas, cuando las organizaciones de la sierra solo manifestaban su desacuerdo con la presencia de la derecha en dicha reunión y pedían la suspensión.
Y así, podríamos señalar una serie de conceptos y de expresiones que dejan ver claramente como el pensamiento colonial y de derecha, están inmersos en muchos dirigentes y bases del movimiento indígena y de los mestizos que los apoyan. Observándose principalmente esta alienación de las epistemologías del norte en el movimiento Pachakutik y muy especialmente en la mayoría de los que actualmente ostentan dignidades de elección popular. Los que están en el poder codeándose con la vieja derecha que quiere recuperar el timón y que para ello manipulan a las organizaciones populares para que ingenuamente los apoyen con el discurso maniqueo de que la Patria nos necesita a todos. Esto es, La Patria del 2% de dueños del 80% del Ecuador.
Frente a todo esto, nos preguntamos: Desde cuando acá la derecha es la nueva salvadora de la Patria y los indígenas le ponen a la derecha en su mismo nivel, si ellos son los que han dirigido este territorio durante 500 años, si ellos son los corresponsables de la situación actual del país, si ellos son los que han manejado a su antojo la democracia y la libertad, si ellos desde el retorno a la democracia han hundido más al país y frente a ese fracaso el correismo aprovechó para llegar al poder, si ellos instauraron la partidocracia y el correismo la ha perfeccionado, si ellos en última instancia han sido los beneficiarios del boom petrolero manejado por el correismo, si ellos en sus discursos siguen defendiendo el capitalismo, si ellos en la vida cotidiana siguen despreciando a los negros y a los indios (por cierto, en este encuentro se vio el malestar de algunos aniñados que tenían miedo de que les rocen los indios o de que dañen su fino olfato los olores del campo, por ejemplo la reinita Cristina Reyes).
Habría que preguntarles a las derechas de Pachakutik: Si el Ecuador estuvo mejor con Febres Cordero, con Mahuad, con Sixto, con Lucio, con Abdala. Si ya se olvidaron del feriado bancario, de la sucretización, de la tercerización, de los negociados. Si ya perdonaron los asesinatos y persecuciones de Atahualpa, Rumiñahui, Daquilema, Jumandi, Tránsito Amaguaña, Lorenza Avemañay, Dolores Cacuango, etc.  Si alguna vez en la historia nacional la derecha ha hecho algo en beneficio del pueblo, cuando todo lo que han hecho ha sido mejorar y asegurar una mano de obra eficiente y competitiva, que les permita enriquecerse más. Si el correismo es el otro lado de la misma moneda capitalista civilizatoria. Si el correismo es la misma derecha, pero pos-moderna.
Claro que no se trata de que el movimiento indígena quede marginado de la acción política ni de las próximas elecciones, ni que se quede nuevamente con un 3% de los votos, pero no por evitar aquello se van a aliar con sus eternos capataces. Lo que hay que hacer es meditar en sabiduría para buscar las formas y los mecanismos que permitan unir fuerzas y votos con sectores afines, es decir, con todos los que viven y son lo mismo. Como para también ceder ciertas posiciones con grupos cercanos (por ejemplo Paco Moncayo o César Rodríguez que estuvieron en este encuentro), pero hacerlo con la vieja derecha, esto es, con sus patrones es no tener personalidad o ser sádicos para esperar que nuevamente los golpeen cuando tengan otra vez la oportunidad de hacerlo directamente, como lo han hecho siempre.
La construcción de la plurinacionalidad no es la unidad de izquierdas y derechas, sino la unidad de los distintos pueblos. No es la unidad de los ricos con los pobres, de los empresarios con los trabajadores, de los patrones con las empleadas domésticas, etc., es la unidad de los pobres, de los trabajadores, de las empleadas domésticas, de los pequeños comerciantes, de los artesanos, etc. La derecha desde siempre ha tenido como misión la construcción del Estado-nación y por ende están en desacuerdo con la plurinacionalidad, pues eso significaría acabar con el Estado criollo que permite que ellos sean las élites y los demás sus siervos.
Claro que no se trata del todo o nada, pero tampoco del poco para seguir arrodillados a los grupos monopólicos. Se trata de ir construyendo la unidad popular, pero no solo en elecciones sino siempre. En esto, es criticable que la CONAIE y la ECUARUNARI se movilicen solo ahora para reclamar cambios radicales en Pachakutik, cuando todo el tiempo han estado casi silenciosos ante su derechización y solo ahora que ya es grave la situación se ponen en alerta máxima.
En definitiva, si algo hay que agradecer a esta etapa correista es que ha desnudado mucho más a los actores de la izquierda. Antes, como todos combatían a la derecha conservadora parecían todos de izquierda y comprometidos con la revolución, pero ahora aquellos con más influencia colonial y rezagos derechistas, han dejado que brille el lado que más predominancia tenía o hacia dónde viraban en forma práctica en su vida diaria. Su lado derecho ha sobresalido, prefiriendo aliarse a la vieja partidocracia que buscar la consolidación del movimiento indígena y popular para ganar en masa crítica. Han preferido hacer reuniones con la derecha que reunirse con las otras organizaciones plurinacionales, para llegar a acuerdos y consensos, y desde ahí abrirse hacia afuera. Por el contrario, han querido actuar a espaladas de las bases de Pachakutik y de las organizaciones indígenas, para imponer su voluntad derechizada.
Todo esto demuestra la crisis que también sacude al movimiento indígena, como a todo el país y al mundo en general. Después de 20 años en la lucha electoral han cometido muchos errores, como el apoyar a Lucio y a Correa, como dejar que cada organización actúe por su cuenta y no haya una coordinación general, como la falta de educación en las epistemologías indígenas para que haya mucho blanqueamiento en su interior. De ahí, que hayan surgido muchos felipillos a los cuales lo único que les interesa es ser nuevos ricos, y si llegan a ser gobierno harán como lo han hecho algunos en Bolivia con el fondo indígena.
Es importante lo que sucede ahora, pues es la gran oportunidad para sanear y limpiar a todo el movimiento, para dar un salto y entrar en otro nivel de la acción y del pensamiento indígena. O Pachakutik sigue a su derechización y por ende a su descomposición y degeneración, o es la oportunidad de hacer una revolución interna para enrumbarlo a cumplir la misión histórica para la que fue creada. Hoy tienen la oportunidad histórica de abrir una tercera posición a la que presentarán la unidad de la vieja derecha y la unidad de la nueva derecha (correismo). El pueblo anti-correista si no tiene una propuesta más allá de la derecha, votará por ellos. Pero si los movimientos sociales y alternativos abren una tercera propuesta, hay posibilidades ciertas y reales de abrir las puertas para iniciar una gran transformación luego de la experiencia vivida en el correrato y su fracaso estrepitoso.
A refundar Pachakutik y todas sus organizaciones, si quieren ser una alter-nativa definitoria.



miércoles, 27 de enero de 2016

UNIDAD: EL JUEGO MAQUIAVELICO


Para Rafael Correa la Patria empieza con él y según los anti-correistas se está extinguiendo con Alianza País. Para el correismo no hay que volver al pasado porque representa lo peor del Ecuador, y de acuerdo a sus contradictores la “revolución ciudadana” está acabando con todo lo que se había conseguido. Para el correato la libertad de expresión se ha inaugurado con él, para los adversarios de Correa en estos años de gobierno progresista se ha conculcado la libertad y la democracia. Para el correismo el país ya cambió, para los opositores ha retrocedido profundamente. En síntesis, los primeros hablan de creación o de inicio y los otros de recuperación o de continuidad, los unos creen que son el más y el todo, y los otros que son el menos y el poco… Y así, casi todos los ecuatorianos: los de derecha e izquierda, los profesionales y los intelectuales, los ricos y los pobres, se inscriben en esta dicotomía creada por el correismo y en la que la mayoría de la oposición política ha caído en esta trampa en la que todos juegan: al antes y al después de Correa.
Aquellos que han caído en el juego maquiavélico de Correa están planteando la Unidad de todos bajo el argumento de la Patria está en terapia intensiva. Para ello, señalan que hay que rebasar las ideologías y los partidismos para hacer una gran convergencia democrática que detenga la destrucción del Ecuador. Recreando en el imaginario popular que la Patria se divide entre los correistas y los anticorreistas, y que no hay nada más fuera de ello. Todo lo cual, obviamente le conviene a la derecha y al correismo, pues saben, que el pueblo que asocia a Correa con la izquierda votarán por él y aquellos que son de anti-izquierda votarán por el candidato de la derecha. Así todo queda en casa, esto es, en la vieja derecha o en la nueva derecha (progresismo). De eso se trata el acuerdo al que han llegado las élites dominantes, y en la que ciertos “izquierdistas” juegan a lanzar gritos apocalípticos de que la Patria se hunde, promulgando a los cuatro vientos que todos deben deponer sus intereses personales para salvar al país. Ésta, una antigua tesis de la derecha ahora acogida por ciertas izquierdas disfrazadas.
En esta polarización hábilmente creada por el correismo y obviamente apoyada por la derecha, las oportunistas izquierdas de siempre están jugando sus cartas para asegurarse su futuro. Los que siguen dentro de Alianza País van a tratar de seguirse sosteniéndose en el ala derecha del correismo para mantener su cuota en el Partido y un puestito en caso de ganar las próximas elecciones presidenciales. Y los que están fuera del correismo, han decidido sentarse a la misma mesa y “mojarse el poncho” con la vieja derecha, bajo el argumento o el pretexto -sería mejor decir-, de que el Ecuador está en peligro de colapsar y de que necesita de todos sus hijos frente al fascismo de Correa. En otras palabras, la falsa izquierda actuando como caballo de Troya para que el pueblo perdone a la derecha y su obra: la sucretización, la tercerización, la precariedad del trabajo, las cartas de intención, el privilegio de la deuda externa,  las privatizaciones, la dolarización, etc.
Afortunadamente otras izquierdas y una parte del movimiento indígena y los movimientos alternativos, han entendido que la diferencia entre la vieja partidocracia y la nueva partidocracia es tan solo formal, pues saben que en el fondo no hay mayor diferencia entre las políticas neo-liberales de la vieja derecha y las neo-desarrollistas de la nueva derecha. Lo que significa entender que el Ecuador no está mejor (correismo) ni peor (derecha) sino que está igual de siempre, esto es, que sigue dependiente del capitalismo nacional y de las grandes corporaciones, de que no se ha alterado un ápice la situación estructural del Ecuador colonial y republicano, que el país sigue siendo propiedad de una pequeña minoría. El pueblo desde la colonia hasta el día de hoy no ha tenido democracia económica ni libertad de participación y acción directa, por ende la democracia política y la libertad individual son solo eufemismos para que sigan reinando los mismos de siempre, o la manera de engañar al pueblo con una supuesta democracia y libertad de la que nunca han ejercido ni disfrutado.
Estas “izquierdas”, si le hacen el juego a la derecha y a la restauración conservadora, al unirse a ellos y ponerse a su cola –una vez más-, con la esperanza de que así podrán recibir algunas migajas del pastel. Acaso estás izquierdas están listas para remontarse sobre la derecha y llevar el barco a su puerto, o por el contrario quedarán relegados como siempre ha sucedido. La izquierda y el pueblo tomados como catapulta para recuperar el timón por la vieja derecha. No han entendido la historia nacional, de cuántas revueltas populares siempre fueron aprovechadas y canalizadas por la derecha para consolidarse nuevamente en el poder. No han terminado de darse cuenta de que el correismo es solo la continuidad por otra vía y forma, de lo que han hecho también los otros gobiernos para servir al sistema empresarial privado que estructura y sostiene la Patria de pocos (La Patria ya es de todos).
Pero lo que  más indigna, es que gente de Pachakutik que se supone que están más allá del izquierdismo ortodoxo, planteen rebasar las ideologías a pretexto de interculturalidad. Claro, que desde una posición integral y vitalista hay que estar más allá de las ideologías (racionalismo) pero eso no significa desconocer que hay ideologías. Estamos de acuerdo, que en la conciencia o corazonamiento (pensamiento y sentimiento) complejo  debemos estar más allá de la lucha de clases, pero eso no significa desconocer que dentro del capitalismo hay lucha de clases. Por supuesto que en las culturas indígenas hay los conceptos de interculturalidad y plurinacionalidad, pero no estamos dentro de un sistema indígena sino en uno eurocéntrico. Claro, que hay que manejarse con otras categorías a las de derecha e izquierda que han sido impuestas por el norte-centrismo, pero eso no significa no darse cuenta de que el mundo occidental se maneja dentro de esa dicotomía y que por ende se debe asumir una posición frente a este dualismo. Como por ejemplo el hecho de declararse no ser de izquierda, lo que no significa ser anti-izquierda sino complementarios con la izquierda, como asimismo con el marxismo, el socialismo y todo el pensamiento anti-derechista de occidente.
Muchos indios colonizados o blanqueados, ya no entienden la filosofía indígena sino la del colonizado y quieren regirse bajo sus categorías y valores, o quieren acomodar los paradigmas indígenas a las alienígenas bajo el argumento de interculturalidad, cuando eso es cooptación al paraguas dominante o absorción al sistema estatuido. Es triste, ver como son acogidas las derechas  en la casa de Pachakutik, si quizás hubieran ido a pedir disculpas por estos 500 años de racismo y discriminación se justificaría, pero abrirles las puertas a los neo-colonialistas es dar la otra mejilla para que los sigan menospreciando. O acaso creen que la derecha ya no es colonialista ni segregacionista y que apoyan la interculturalidad y la plurinacionalidad.
Sin lugar a dudas hay que enfrentar al correismo pero no se trata de unirse con los Macri nacionales, para que luego de que ellos ganen pasen a cuestionarles lo que hagan contra el pueblo y los movimientos sociales, como sucede actualmente en Argentina. Es decir, no se necesita ser adivino para saber lo que va a hacer la derecha y no es que va a salvar a la Patria sino que van a seguir sirviéndose de ella como lo han hecho siempre. Lo que tampoco significa apoyar al correismo sino, buscar la unidad con los movimientos sociales y alternativos para realmente creer en la posibilidad de un cambio estructural y no en un nuevo gatopardismo como el que acabamos de vivir con el correismo. Hay que aprender del pasado si no se quiere repetir ese pasado de oprobio.
Entonces, ni antes ni ahora ha habido Patria, Democracia, Libertad, Progreso, Desarrollo…, simplemente han variado las formas de dominación de unos y otros, pero a la final todos han estado para defender el mismo sistema: el capitalismo salvaje o el capitalismo social[1] (aunque esto último es un oxímoron pues no puede existir un asesino bueno o un delincuente positivo). 
Los discursos catastrofistas de que la Patria se está hundiendo son discursos conservadores de aquellas derechas e izquierdas[2] que quieren mantener el sistema liberal o continuar en el mismo Estado burgués y no rebasar a los antiguos y contemporáneos colonialistas. Son aquellos que enarbolan a la revolución francesa como ejemplo de libertades y de democracia, cuando lo que se produjo ahí o se generó es una forma más sutil de esclavismo con la aparición del capitalismo. Son los mismos que pontifican a la independencia de España, cuando todo fue simplemente “el último día del despotismo y primero de lo mismo” y ahora dicen que están luchando por la “segunda y definitiva independencia”. Y con ello quieren convencer al pueblo de que ha tenido Patria, cuando las mayorías nunca han tenido Patria y peor Matria, solo Patria-rcalismo: duro o sutil.
Confundir a Correa con el fascismo y decir  que deben “unirse, a pesar de sus enormes diferencias, Churchill, Stalin y Roosevelt”[3] (Nebot, Carrasco y González), no es una propuesta revolucionaria, mas por el contrario es contrarrevolucionaria, pues el estalinismo era igual que el fascismo de Mussolini o de Hitler, y a nuestro interior Nebot no es menos que Correa. Por otro lado, es no entender el fascismo económico del neoliberalismo y creer que es solo asunto de las formas políticas de esclavitud: abiertas o solapadas, descaradas o hipócritas, entre unos y otros. Los que dominan sutilmente no son mejores de los que lo hacen burdamente (Correa).
Sin embargo, mientras la partidocracia de antes y la de ahora siguen haciendo el juego al pueblo, a través de la pantomima de pelearse por tomarse la dirección del Estado, hay otros que ya están construyendo la nueva vida. Esa es la diferencia, entre la “farándula politiquera” (como diría el programa televisivo “En Corto”) y los que día a día están cambiando el mundo en una bio-comunidad, en una eco-aldea, en un pueblo en transición, en una cooperativa alternativa, en una reserva ecológica, etc. Cuándo despertarán las izquierdas y no provocaran más vergüenza ajena.
Atawallpa Oviedo Freire



[1] http://lalineadefuego.info/2014/04/16/el-presidente-y-el-capitalismo-social-por-juan-j-paz-y-mino-cepeda/
[2] Es lo que sentimos muchos ecuatorianos cuando miramos la destrucción progresiva de la República, con la depredación de las entidades fundamentales y la búsqueda inocultable de convertirnos en un Estado fallido donde nadie da cuentas del manejo de los mayores ingresos fiscales de la historia. La impunidad dispone de su mayor fiesta desde 1830 cuando se fundó la República. Diego Delgado Jara, El Diario Manabita, 03 Enero 2016.
[3] ¡Abrid los ojos compatriotas! ¡La República está en terapia intensiva! ¡Recordad que para salvar a la humanidad del fascismo tuvieron que unirse, a pesar de sus enormes diferencias, Churchill, Stalin y Roosevelt! ¡Salvar la Patria amada nos convoca! Diego Delgado Jara, El Diario Manabita, 03 Enero 2016.

lunes, 11 de enero de 2016

NUEVA CONSTITUYENTE O PROCESO DES-CONSTITUYENTE



Se escuchan 4 voces principales con respecto a lo que se debería hacer con la actual constitución del Ecuador, en vista de que nadie está conforme con ella: Nueva constituyente (Ayala Mora). Ajustes a la actual constitución (Alberto Acosta). Reformas a la actual constitución (derecha en general). Enmiendas a la actual constitución (correismo). Si bien las tres primeras propuestas están por un desmonte del correismo a través de una nueva constitución o de modificaciones a la actual constitución, a todas ellas (incluido el correismo) les une la misma visión de que tan solo se deben hacer mejoras constitucionales para pulir el Estado liberal. Ninguna de las izquierdas (incluido gran parte del movimiento indígena) y peor las derechas, tienen como mira, no solo el desmonte del correismo, sino el desmonte del Estado burgués y mucho más que eso el desmonte del Estado como tal, es decir, como aparato intrínseco de dominación.
A la final, derechas e izquierdas solo quieren montarse en el Estado liberal, grande (estatalismo) o pequeño (neoliberlismo), pero ninguno de ellos pretende recrear otro tipo de Estado más allá del sistema montesquiano de la división de poderes. Y mucho menos, se plantean iniciar un proceso para ir desapareciendo al Estado en si mismo e ir reconstituyendo formas autogestionarias y autonómicas de organización y de dirección que sean todo lo contrario al sistema Estado (comunidades). Las izquierdas solo se proponen este paso revolucionario, cuando estén en la etapa de construcción del comunismo en cientos de años más, esto es, luego de que hayan suprimido el estado capitalista y de haber construido el gran estado socialista, para solo ahí extinguir el Estado cuando ya estén en la segunda fase del comunismo. Es decir, nunca.
Si bien, teóricamente este paso revolucionario las izquierdas lo darían en un futuro lejanísimo, por ahora se contentan con solo hacer reformas para perfeccionar el Estado liberal, aspirando que un día se transforme en un gran Estado de “dictadura revolucionaria del proletario”, al que luego lo autodestruirán y lo desaparecerán cuando llegue al fin la sociedad sin clases, la libertad plena, y bla, bla, bla, bla.
Frente a este idealismo mesiánico marxista-engelsista, hay quienes no quieren postergar ese momento ni dejar esa tarea a los tataranietos, sino que ya han empezado el proceso desconstituyente del Estado y la construcción de un sistema nuevo, cuya base de funcionamiento está en la complementariedad entre las diversidades, es decir, que no tenga como motor a la lucha de clases ni a la lucha competitiva por el dios mercado.
Esto conlleva una acción al interior y exterior del Estado, es decir, dentro del sistema y fuera del sistema estatuido. Siendo -ésta última- la acción principal para recrear otro sistema que no necesite de la existencia del Estado sino que sea un sistema comunitario asambleario y autogestionario. Al interior del Estado, convoca el plantearse en una primera etapa la reducción del Estado, para que quede en una forma mínima, aunque fuerte y de esta manera no sea solo un ente formal como lo plantea el neoliberalismo que quiere un Estado chiquito y débil para que todo quede en manos de las instituciones privadas. Pero tampoco como lo plantea la izquierda de un Estado grande y fuerte, y que todo esté bajo la preponderancia de las instituciones estatales. De lo que se trata, es de recrear un país cuya fuerza está en las instituciones grupales (comunidades, cooperativas, asociaciones, etc.), esto es, que el poder esté en el pueblo organizado (abajo) y no en lo privado (derecha) ni en lo estatal (izquierda).  
Esta propuesta revolucionaria de ya ir eliminando el Estado sin necesidad de llegar al comunismo en cientos de años más, la vienen empujando los grupos vitalistas que tienen como centro a la vida y que difieren de las visiones antropocentristas (centro el hombre) del capitalismo y el socialismo. Son los denominados grupos alternativos, autonomistas, autogestionarios, anti-sistema, comunitarios (entre ellos el sumak kawsay), etc., quienes vienen recreando sistemas paralelos al Estado y que a la par están convocando a un proceso desconstituyente del Estado. Mientras la izquierda y la derecha hablan de nuevas o mejores constituyentes del Estado, los alter-sistémicos, que están más allá de esta dicotomía eurocéntrica, están reactivando y creando nuevas instituciones basadas en la auto-organización, la soberanía asamblearia, lo autogestionario, etc. Valga precisar que ésta, no es una posición anarquista.
La izquierda todavía sigue creyendo que desde el Estado se pueden hacer transformaciones estructurales, cuando se ha demostrado hasta la saciedad de que esa no es la vía. El fracaso del “socialismo real” y ahora del “progresismo” lo confirma una vez más, pero siguen en lo mismo tan solo queriendo hacer reformas y no revoluciones. En todo caso, todas las izquierdas siguen creyendo en la posibilidad de que pueda existir un Estado Popular, lo cual es un anacronismo pues son contradictorios. Romper con el capitalismo implica romper con el Estado, el Estado no representa el bien común ni garantiza el cumplimiento de los derechos (progresismo), el Estado –como lo decía el propio Marx- por su propia naturaleza es un ente de control y de represión, de uniformización y disciplinamiento social por el gobierno de turno, sea de derecha o de izquierda. Un vitalista dentro del Estado, trabajaría por hacerlo más pequeño a éste, y por pasarle la mayoría de las competencias a las organizaciones sociales que están dentro del sistema y principalmente a las instituciones anti-capitalistas que ya están viviendo la nueva vida y recreando el nuevo sistema. Esa la gran diferencia, con un socialista que busca darle más poder a lo público-estatal y un capitalista a lo privado-corporativo, con los respectivos intermedios entre ellos.
Un revolucionario funciona principalmente al margen del estado, contra el estado y sin el estado, para impulsar formas y medios alteros de resistencia contra-sistémica en su vida cotidiana y simple. Un revolucionario no puede sostenerse ni afincarse en el Estado para hacer cambios raizales, sino en sistemas paralelos[1], es decir, fuera del sistema oficial para generar sistemas informales, los cuales no deben ser cooptados por el Estado sino que deben mantenerse autónomos en la construcción del nuevo mundo y como la expresión alternativa al sistema constituido. Esa la diferencia con los reformistas, que quieren tomarse el Estado para desde ahí dizque cambiar el sistema capitalista, y los revolucionarios que quieren la liquidación del Estado y por ende del capitalismo y de todo el sistema piramidalista. Mientras las izquierdas dicen que están luchando contra el capitalismo, los vitalistas ya están viviendo en formas no-capitalistas,  y no solo que quieren extinguir el capitalismo, sino a la civilización y su sistema-mundo racista antropocentrista cristianocentrista sexista colonialista capitalista (piramidalismo).
El reformismo de la izquierda quiere seguir manteniendo el sistema verticalista de poder para empujar sus cambios de arriba hacia abajo o por goteo, el revolucionario vitalista trabaja por construir un poder horizontal para que los que están arriba bajen al mismo nivel y solo ahí, todos estén verdaderamente en igual de condiciones y oportunidades. En esto, las izquierdas no se diferencian de las derechas, su configuración patriarcal y antropocentrista hasta la médula les hace creer que solo en el más allá habrá ese mundo utópico sin el Estado, el partido único y la democracia. Desmontar paso a paso el Estado implica también de la democracia representativa y centralista, por un sistema de biocracia totalmente descentralizado y autogestionario. Lo cual es posible en un Estado que se desinfla y en que concomitantemente se potencializan las formas de autogobierno de las instituciones anti-estado o contrarias al sistema estatal de derecha o de izquierda.
Un proceso revolucionario implica la desconstituyente por dentro del Estado y la constituyente de otro sistema por fuera de él. Y no al revés, como lo pretenden las izquierdas que abogan por más y mejores constituyentes estatales, creyendo que todavía es posible un Estado revolucionario. Si se quiere hacer algo desde el Estado, la acción debe ser canalizada para apoyar a la revitalización y reinstitucionalización de las organizaciones legalmente reconocidas: comunidades ancestrales, cooperativas, asociaciones, etc.; y al exterior, el fortalecimiento de quienes vienen recreando los nuevos sistemas de educación, de salud, de producción, de intercambio, de tecnologías, etc. Los mismos que deben mantenerse al margen del Estado, y de esta manera se vaya configurando el nuevo sistema, sin necesidad de tomarse el poder (el Estado) ni de hacerlo de arriba hacia abajo[2].
Todo esto implica el boicotear y burlar a todas las instituciones oficiales, esto es, sacar a nuestros hijos de las escuelas domesticadoras, no dar dinero a las grandes cadenas comerciales, boicotear las elecciones cuando no nos convenga, no comer carne que ocupa mucho espacio agrícola para su crianza , no utilizar medicamentos químicos que cronifican las enfermedades y solo enriquecen a los dueños de las industrias farmacéuticas, no hacer arquitectura desenergetizante, en fin, toda forma que consolida al establishment y su aparato estatal. Esto quiere decir, que toda persona que está inmersa dentro del sistema estatuido y sigue la corriente establecida, así se diga revolucionario y la critique, es alguien que mantiene el status quo. El tipo de vida de una persona determina su condición, si está dentro del sistema para desenmascararlo y desestructurarlo, pero al mismo tiempo recreando un nuevo tipo de pareja, de familia, de cultura, de creencias, de principios, a través de practicar otra economía, otra educación, otra producción, otra relación con la naturaleza, otra espiritualidad, etc.
Todo esto también se llama desobediencia civil, en la que no solo se trata de luchar contra el capitalismo –como lo hace de alguna manera la izquierda-, sino de romper con el circuito que mantiene el capitalismo al recrear sistemas de circulación anticapitalista. Las izquierdas tienen el mismo estilo de vida que las derechas, la única diferencia es la cantidad y calidad dentro del mismo concepto de vida. Lo que necesitamos es otro estilo de vida y no solo que los pobres tengan mejores condiciones en el actual sistema de vida. Las izquierdas solo se preocupan de actuar al interior del Estado y a la final terminan cooptados por el sistema antropocentrista[3] y mueren soñando con el nuevo mundo sin que lo puedan hacer realidad, aquí y ahora.
Las izquierdas siguen creyendo que es posible un Estado democrático (democratismo diría Marx), lo cual es un mito, porque el Estado genera siempre nuevas formas de elitización y por ende de subordinación de quienes se les oponen. El Estado hace de las izquierdas entes dictatoriales o autoritarios, como han sido todas las experiencias socialistas en el mundo. Si esto no comprende la izquierda, seguirán tomándose el Estado, vía elecciones o vía violenta, y seguirán terminando borrachos de poder de tanto que han tomado (Correa, Morales, Linera, Krischner, etc).




[1] Los movimientos de los de abajo son la única fuerza capaz de derrotar el actual ascenso de las derechas y la injerencia estadunidense. EL CAOS SISTÉMICO SE INSTALA EN SUDAMÉRICA, Raúl Zibechi, La Jornada, 20 marzo 2015
[2] Los nuevos-nuevos movimientos que están emergiendo, sumados a los viejos movimientos que han sido capaces de reinventarse para seguir en la pelea, están reconfigurando el mapa de las luchas sociales. EL CAOS SISTÉMICO SE INSTALA EN SUDAMÉRICA, Raúl Zibechi, La Jornada, 20 marzo 2015
[3] Como demuestra el caso de Brasil luego de junio de 2013, los gobiernos progresistas se muestran temerosos de los movimientos autónomos y prefieren tejer alianzas con los poderes conservadores. EL CAOS SISTÉMICO SE INSTALA EN SUDAMÉRICA, Raúl Zibechi, La Jornada, 20 marzo 2015

miércoles, 16 de diciembre de 2015

DESPARTIDIZAR LA POLITICA

 "La izquierda no puede limitarse a nuevas formas de realizar los mismos sueños; tiene que cambiar los sueños en sí mismos." Slavoj Zizek


Para que sea efectiva aquella concepción lanzada por Abraham Lincoln de “un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”[1], es imprescindible y urgente, el despartidizar a la política para que el pueblo la asuma personalmente como suya y participe directamente en la gestión, administración y gobierno de un territorio, desde los barrios y comunidades hasta el nivel nacional. La política, no como exclusividad y patrimonio de la “clase política” sino como un derecho y una responsabilidad de todos, como algo natural y cotidiano y no como algo consagrado a ciertos individuos. La política como expresión de sabiduría y no como medio o forma de banalidad y frivolidad.
Los partidos y movimientos políticos no representan al pueblo sino a élites que hacen de esta actividad su forma de vida, y cuando llegan a puestos directivos los convierten en un medio de enriquecimiento y de dominación, como nos cuenta la historia. No sé si existe o ha existido alguna excepción. Si los partidos (especialmente los de izquierda) quisieran realmente un cambio estructural plantearían la recreación del poder popular, en la que el pueblo sea el responsable y beneficiario de su propia actividad política, sin necesidad de intermediarios o portavoces. El pueblo participando de forma organizada con sus instituciones naturales y comunes, y no a través de  ciertos grupos políticos que asumen su representación y que creen saber cuáles son sus aspiraciones[2], o que se dicen que son lo más alto y avanzado del pensamiento de clase y están a la vanguardia del pueblo para dirigirlo en su transformación.
El sistema de partidos es un invento burgués que nació a finales del siglo 18 y comienzos del 19 en Inglaterra y EEUU, luego de la revolución industrial para consolidar el poder de la emergente burguesía. Llegando paulatinamente a convertirse en la mejor expresión de la capacidad de concentración del biopoder dentro de ciertos grupos de élite, en la que solo ellos puedan llegar a sitios de gobierno. Quien no es miembro de un partido o movimiento político no puede participar de una contienda electoral y por ende no tiene la posibilidad de acceder al poder político. Existiendo tanta gente capaz y comprometida, pero como se han dado cuenta que los partidos políticos y el sistema político en general, no son instrumentos ni vías desde el cual empujar una transformación, han preferido optar por otros caminos y medios más revolucionarios y eficaces, como la recreación de espacios paralelos a los oficiales (mini-naciones) o en la generación de formas de vida anticapitalista (micro-política).
El sistema de partidos, es el mayor y mejor invento creado por la burguesía para la dominación sutil de la población a través de la democracia electoral y de sus partidos políticos. Fórmula en la cual todo queda en, y por, ellos. Quienes a su vez se encargan de legitimar y naturalizar el juego electoral que fortifica al biopoder del sistema capitalista y principalmente del sistema-mundo patriarcalista y civilizatorio.  
Incluso las izquierdas enarbolan al partido como la mayor y mejor expresión de clase. El partido es todo, y nada está más allá de la “más alta organización de clase y del pensamiento revolucionario”. El Partido está sobre los sindicatos, los gremios de profesionales, las federaciones indígenas, las asociaciones artesanales, las cooperativas de producción, las ongs, las comunidades,  los comités barriales…, es decir, sobre todas las formas naturales y básicas de organización. El poder no está en el pueblo y sus organizaciones propias y vivenciales, sino en el Partido. Las organizaciones de base solo pueden acceder a un gobierno a través de los partidos, los mismos que son elegidos y escogidos por el comité central, considerado éste como la más alta expresión de clase dentro de lo más avanzado de la clase proletaria y su partido de vanguardia. El partido en la cima de la pirámide, los movimientos sociales a la cola, y el pueblo en la base o al último de todo (piramidalismo).
Mucho menos lo entiende el “progresismo político” -y muy particularmente el correismo-, para quienes las organizaciones sociales son sus enemigos principales, más que la misma derecha. Si bien la derecha ha combatido a los movimientos sociales, el correismo (y el progresismo) han buscado eliminarlos, o al menos neutralizarlos a través de su control y regulación, pues nadie puede estar sobre el Partido, y a su interior nadie más allá del líder máximo, que generalmente es presidente del Partido y del Gobierno al mismo tiempo. Lo que significa que el individuo es más que el propio colectivo, o los derechos individuales sobre los derechos colectivos, típica expresión del capitalismo y de la mentalidad patriarcal. De esta manera, el partido, el gobierno y el estado se convierten en lo mismo, es la concentración del poder para la biopolítica de control del pueblo “atrasado y manipulable por la burguesía”. De ahí, que Correa repite insistentemente que las organizaciones populares le hacen el juego a la derecha[3].
Ese el propósito del reglamento que emitió Correa en marzo del 2008 para regular a las organizaciones sociales, en donde se destaca cuáles serán las causales de disolución al “incumplir o desviar los fines para los cuales fue constituida la organización” y “comprometer la seguridad o los intereses del Estado, tal como contravenir reiteradamente las disposiciones emanadas de los ministerios u organismos de control y regulación”. Lo que quiere decir que el Estado en si mismo está sintetizado en el presidente del gobierno nacional, y si alguien está en su contra está atentado contra el poder del estado, el cual representa el bien común y que está consagrado en el Jefe de Estado. El pueblo, el estado, el gobierno, el partido…, soy yo.[4] Sin dejar de mencionar que el Estado en sí mismo, es otra expresión o forma burocratizada del poder de dominación, y que si no hay descentralización y desestructuración del Estado burgués, es otro aparato más encima del pueblo y utilizado por el caudillo o presidente de turno para someter con sus aparatos de represión al pueblo y a sus organizaciones sociales.
De ahí, que en organismos estatales como el Consejo de Participación Ciudadana (supuesto quinto poder) no participan las organizaciones sociales ni se designa a miembros de la población organizada para distintas funciones del Estado sino a individuos con ciertos méritos académicos, lo que significa el tecnocratismo puro en la dirección social. Por eso Correa glorifica tanto a los partidos políticos -como tal-, y a las formas electorales como el sumun de la democracia representativa, y a su vez, denigra y combate tenazmente a los movimientos sociales y a la consensocracia[5] [6]o biocracia. Y esto se debe a que él cree que el pueblo es “limitadito” e incapaz de autodirigirse. Por ello jamás le entregaría el poder al pueblo organizado en sus movimientos sociales, pues eso significaría acabar con el populismo y el caudillismo que han gobernado todos estos años. Necesita que el pueblo siga siendo populista para que continúe esperando que aparezcan nuevos salvadores como él. Rafael Correa es ya una leyenda y el milagro del siglo XXI.
Y las otras izquierdas piensan parecido, aunque no lo digan abiertamente, y solo se atrevan a decir que el pueblo todavía no está preparado y que necesita del partido y de sus mejores hijos para articular y organizar la revolución. Esto en la experiencia mundial, se llama burocratismo. La concepción del “centralismo democrático”, significa que el pueblo todavía no tiene la suficiente conciencia para ello y necesitan de los intelectuales más avanzados para asegurar la victoria popular, situación -que por cierto- hasta ahora no se ha dado en ninguna parte del mundo.
Según las izquierdas, el pueblo solo tendrá conciencia cuando ellos construyan el socialismo y les hayan educado en una conciencia revolucionaria (castrismo-chavismo), para entonces, entregarle el poder al pueblo organizado y por ende no sea necesaria la existencia del partido único del proletariado. Pero ello, solo será posible cuando se llegue al comunismo, antes de eso el pueblo no es capaz de autogobernarse ni de dirigir su revolución. Es decir, nunca. Mientras las izquierdas se sigan creyendo que son lo más alto del pensamiento de clase y sigan teniendo al pueblo como su fuerza de choque, jamás habrá un cambio por ahí. Comprobamos -una vez más- que las izquierdas no son revolucionarias sino reformistas y hasta cierto punto contrarrevolucionarias.
El ataque a las organizaciones populares que ha hecho el progresismo (y el castrismo desde hace más de 50 años), es una clara forma de la despolitización y del desempoderamiento del pueblo, en su desmedro y a favor del partido y del status quo. De ahí, que no solo se trata de cuestionar al Decreto 16 que limita la capacidad de existencia y de accionar de las organizaciones sociales, como lo ha venido manifestando la izquierda, sino, que se trata principalmente de que tengan más poderes dentro de la vida política y social si quieren realmente un cambio. Hay que virar esa camisa de fuerza del partidismo, para que los movimientos sociales sean los que canalicen la organización popular y actúen directamente en la construcción del poder popular. Pero siempre cuidando que no se recreen nuevas formas de micro-partido, para lo cual, es necesaria la organización popular en todos los niveles sociales. Es decir, una sociedad constituida por organizaciones e institutos y no por individuos “libres”, no solo como familias aisladas sino en comunión de familias y de mancomunidad de familias, tanto a nivel de parentesco sanguíneo como a nivel socio-económico, para tener una sociedad altamente organizada y movilizada en la construcción de su destino de vida. Y ello implica también poder electoral para que puedan intervenir directamente en la designación de las autoridades y no sea exclusividad de los partidos políticos. Por ejemplo, para empezar este proceso podría pensarse en una participación del 34 % de los partidos políticos, 33% de las organizaciones sociales y 33% de las nacionalidades indígenas.
La única organización que hasta ahora ha comprendido esto, es la ECUARUNARI a través de Carlos Pérez Guartambel, pero las izquierdas partidistas no dicen nada y más aún hacen algo. Su mentalidad liberal y eurocéntrica es todavía muy fuerte y no entienden todavía la mentalidad indígena y su proyección comunitaria, que se la ejerce dentro de un poder comunal vital y no dentro del buró del Partido. El burocratismo de la izquierda (incluidos muchos miembros del movimiento indígena) sigue latente, todavía no entienden al sumak kawsay o vitalismo milenario que no busca tomarse o asaltar el poder, sino abrir el poder para que todos se sean poder y puedan ejercer el poder por, y en, sí mismos. El vitalismo entiende que el poder consciente está en el ejercicio del poder, en la capacidad de ser responsable de manejar su propio poder y que a través de la práctica se aprende a equilibrar el poder. Pero mientras la izquierda siga arriba y adelante del pueblo, solo lograrán que el pueblo desprecie y rechace aún más la política, que se alejen más de los partidos políticos y que por ende esté más lejos su propia capacidad movilizadora de cambio.
La concepción de que el partido es la vanguardia de clase, es la visión más retrógrada y reaccionaria, que solo le conviene al sistema burgués que funciona de la misma manera en todos los ámbitos e instituciones que ha creado (piramidalismo). La derecha por su acción explotadora es la que más provoca reacción y resistencia del pueblo, pero la izquierda se encarga de aplacarla a través de supuestamente canalizar y dirigir la lucha social dentro de su burocracia elitista. La experiencia mundial lo dice, pero hasta ahora no reaccionan y lo único que han logrado es recrear sutiles formas de dominación y de control al interior de la lucha popular y que luego se reproduce cuando están en instancias dentro del poder estatal. De ahí, que aparecen de tiempo en tiempo, los “auténticos” revolucionarios, que forman el “verdadero” partido de clase y las “únicas” organizaciones populares.
Esto quiere decir, que las organizaciones populares no pueden ser simples brazos o costillas del partido, caso contrario será más de lo mismo. Los movimientos sociales deben funcionar, fuera y más allá de los partidos, para que no se eliticen y burocraticen dentro del buró político. En todo caso, las organizaciones sociales y el partido pueden ser complementarios uno del otro y no el uno subsumido al otro, que es reproducir la superposición de unos sobres otros, lo que genera prepotencia y subyugación, como lo demuestra la experiencia mundial de la izquierda.
Incluso lo más revolucionario que podría hacer la izquierda es desparecer a sus partidos y que sus altos miembros pasen a la vida económica productiva para desde ahí ejercer su acción política. Pero no lo querrán, pues están acostumbrados a que otros trabajen y a igual que en las iglesias solo están esperando los diezmos de los militantes, es decir, de los trabajadores. Los partidos (y las iglesias) siguen el mismo esquema paternalista y no están dispuestos a perder sus privilegios, bajo el argumento de que hacen trabajo político porque son lo más avanzado del pensamiento revolucionario. Déjense de joder. Basta de burócratas, necesitamos revolucionarios en su vida común y corriente, es decir, gente que ya vive el nuevo sistema.
Entonces, se hace necesario de un pueblo organizado y con amplias potestades para que pueda ejercer su poder total, de esta manera no sigan representados en la democracia burguesa ni en los partidos políticos. Si se lucha por una democratización para salir de la democracia representativa hacia una participativa, también se debe luchar para que el pueblo no esté representado en sus partidos políticos sino que esté participativo con sus propias organizaciones de base. Esto implica revolucionar la visión centralista y verticalista de la izquierda, como también lo es de la derecha (piramidalismo) por una visión horizontal y desconcentrada, para que la política no sea un cenáculo de ciertos afortunados sino sea un compromiso de vida, en la que la persona no solo debe ser responsable de su propia familia sino de toda la vida en su conjunto. Ahí será posible otro mundo, un mundo donde el pueblo ejerce su poder sin representación alguna y bajo ninguna forma de sustitución.
Que diferente sería si la izquierda trabajara por la descentralización del poder en las organizaciones populares, para que ellas, en cada sector, en cada rama, en cada actividad, ejerzan la dirección de los gobiernos sectoriales y generales. La única manera de dignificar a la política es que el pueblo la asuma personalmente, no puede quedarse simplemente en un papel de lejano crítico observador que solo actúa en la democracia de un día, sino que tiene que aprender a ser responsable y asumir directamente los proyectos y sus ejecuciones.
Si queremos una nueva vida, el pueblo debe politizarse y para ello la política debe desmonopolizarse de los partidos (entre otras cosas), y de esta manera el pueblo no esté partido sino que esté completo. Así, el pueblo no sea usurpado en su derecho a dirigir sus propios cambios y transformaciones, por ningún estamento que esté sobre él. No más piramidalismo, sino ciclicidad a todo nivel y forma.





[1] Cualquier interpretación del significado político del término pueblo debe partir del hecho singular de que, en las lenguas europeas modernas, éste también incluye siempre a los pobres, los desheredados y los excluidos. Un mismo término designa, pues, tanto al sujeto político constitutivo como a la clase que, de hecho si no de derecho, está excluida de la política. Giorgio Agamben http://artilleriainmanente.blogspot.com/2012/07/giorgio-agamben-que-es-un-pueblo.html?spref=fb
[2] "Escuchen, no atemoricen a nadie, vayan a ordenar a sus casas, aquí manda el pueblo ecuatoriano... Qué se puede hablar con estas posturas. Someterse a esas prepotencias sería la peor de las claudicaciones". Rafael Correa, EL UNIVERSO, 13 de agosto, 2015
[3] "Como (los de la oposición) no pueden lograr su cometido, como no representan a nadie que no sea su propio ego, sus propios abusos, ¿qué hacen? Recurren al chantaje: 'Te cerramos las carreteras hasta que hagas lo que nosotros exigimos'. En una democracia todos tienen derecho a manifestarse, pero ellos están atentando contra los derechos de los ecuatorianos", dijo Correa ante sus simpatizantes. Rafael Correa, EL UNIVERSO, 13 de agosto, 2015
[4] Yo no soy yo, yo soy un pueblo» Frase repetida de diversas formas por líderes populistas como Gaitán, Chávez, Correa.
[5] La democracia del consenso es una posición profundamente conservadora que niega justamente el pluralismo y el antagonismo que son constitutivos de cualquier política democrática, es querer negar el disenso y presuponer acuerdos que no están dados. Es el equivalente del “fin de la historia” con el que nos quisieron convencer en la época neoliberal. http://ecuadoryacambio.ec/mensaje-a-la-nacion-2015-presidente-rafael-correa/
[6] Correa planteó la necesidad de revisar los estatutos de la institución, en la que todo "debe decidirse por consenso" y en la que existe el veto, que consideró "la mejor forma de no avanzar". http://lanacion.com.ec/?p=10452